Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

¡Taxi!

La Nochevieja simboliza la comprometida situación de quienes pagaron una licencia pública y se ven amenazados

El desplazamiento en la noche final del año hacia la cena de uvas, el casposo cotillón o el fiestuqui con reggaeton puede tomar trazas de odisea de andar por casa. No encontrarás un aparcamiento, te verás el muy evitable riesgo de volver a casa expuesto a la tela de araña de controles de alcoholemia, y el taxi será un escasísimo objeto del deseo. Ese día, hay otros, la demanda de taxis se multiplica y la oferta de ellos es mucho menos que suficiente, sin que ello afecte al precio de la carrera. Se trata de tarifas reguladas, y el incentivo para el taxista es escaso en esa noche de clientes beodos. Uno piensa entonces en la función del transporte público en coche y su adecuación a las necesidades puntuales. Es la crisis de un sector, reiteramos, público -es importante tener esta condición en cuenta- que se enfrenta a una alternativa pujante como es la de los Vehículos de Transporte Concertado o VTC, como Cabify, que está gestionada por una app de manera privada y mucho menos regulada.

Ser taxista exige una licencia con alto coste para el titular, que debe pagarse a un Ayuntamiento y que está sometido a éste. Este dato no es baladí a la hora de valorar las protestas de los taxistas ante lo que consideran una competencia desleal de vehículos que -de momento y hasta que pudieran ganar la guerra al taxi- dan un servicio más cómodo y con mayores prestaciones que el modelo tradicional. Diríamos: "Que se adapten o mueran y dejen paso a las iniciativas que satisfacen mejor al cliente". Bien, puede ser, pero no olvidemos que muchos miles de autónomos han hipotecado su vida para poder ejercer, y lo han hecho porque es un sector público y muy regulado. No difiere el esquema, en esencia, del que limita la competencia en las gasolineras o las farmacias: sí, se reparten los territorios y evitan en buena medida la entrada de competidores, pero han pagado por ello lo que se les ha dicho. Hicieron sus números en estas condiciones, sin tener en cuenta que les iban a discutir el negocio empresas que pasan por ser -¿lo son?- meras aplicaciones de intermediación entre particulares. Dicho esto, dicha la otra cara de la moneda: si el taxi no se pone a la altura y prefiere la confrontación -también con minoritarias bandas de matones de aeropuerto- perderá la batalla. Dejando sin servicio al cliente en días como la noche de fin de año, por ejemplo. Deben organizarse y obligarse a hacer lo que, con mucho esfuerzo económico, se comprometieron a hacer, incluso en los picos altos de la demanda. O estarán condenados a ser cosa del pasado.

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