El callejón del gato

Estado de derecho

Invocar a la democracia y al estado derecho en las arengas independentistas responde a la ignorancia

Qué manera de tergiversar los términos. A cuenta de la situación por la que está atravesando Cataluña todo el mundo apela a la democracia y al estado de derecho para defender sus posiciones. Un dirigente independentista lo hace a voces subido en la cubierta de un coche de la policía sin más garantía que la de verse rodeado de un tumulto que previamente han destrozado el coche a garrotazos. Pablo Iglesias lo hace desde una tribuna como si la democracia consistiera en el derecho a decidir de los catalanes a toda costa y el estado de derecho en la impunidad de los políticos catalanes que fueron detenidos por orden judicial, por supuestos delitos de desobediencia, prevaricación y malversación. Ni la democracia ni el estado de derecho son conceptos ideales susceptibles de interpretación como lo pudieran ser la bondad o la justicia. Nada que objetar a quienes les parezca que sería bueno celebrar un referéndum en Cataluña, ni a quienes consideren injusta una detención por las razones que sea. Pero, como digo, la democracia y el estado de derecho son dos sistemas que nos vinculan desde que los hemos aceptado como la mejor manera de convivir. Guste más o menos, desde que se aprobó la Constitución por referéndum nacional vivimos en democracia y se vienen celebrando elecciones con regularidad a las que cualquiera se puede presentar, y cada cual vota lo que le parece. Producto del sistema democrático tenemos unas leyes aprobadas en Cortes por mayoría parlamentaria que, hoy por hoy, no permiten la celebración del referéndum que pretende Puigdemont y si se hiciera al margen de la ley será antidemocrático. En cuanto al estado de derecho es una superación del estado absolutista y de los privilegios de ciertas clases aristocráticas, estableciendo la supremacía de la ley sobre todos los ciudadanos por igual y sobre el propio Estado. Otorgar prebendas por el hecho de ser un político independentista catalán, eximiéndole del sometimiento a la ley, no iría a favor, sino en contra, del estado de derecho. Sólo concibo la defensa del referendo y de sus promotores desde hipótesis iusnaturalistas que únicamente se rigen por las leyes que les dicta la conciencia, o desde posiciones anarquistas que no reconocen ninguna ley. Pero invocar a la democracia y al estado derecho en las arengas por la defensa de esa cosa del derecho a decidir, que se ha puesto de moda, o responde a la ignorancia, o a la práctica de una manipulación perniciosa.

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