Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

El 'show' del Cuerpo

Me volví a topar con el vídeo en Cabal-mente, el blog de Quico Pérez-Ventana, con su propia sorpresa-por cierto, pocos han reparado o quieren comentar el asunto- así como con un minucioso detalle de los porqués jurídicos que desaconsejan tanta información oficial sobre cómo se ha resuelto un crimen. No pude por menos que quedarme estupefacto cuando vi la rueda de prensa. Más por motivos racionales y por reconocimiento ciudadano que por emotividad o previsible incondicionalidad ideológica, valoro y estimo al cuerpo de la Guardia Civil. ¿Qué hacía un alto mando cantando los pormenores de la investigación y el detalle de sus pesquisas en el asesinato de Diana Quer a manos, como parece, del enésimo indeseable suelto, apodado El Chicle? ¿Desde cuándo el no ya austero, sino discreto de suyo Instituto Armado realiza este tipo de puesta en escena con profusión de luz y taquígrafos, detalle de datos sensibles que deberían ser custodiados por castigar este crimen y no dar pistas a otros por venir, riguroso uniforme cargado de medallas y galones y hasta una escolta de pretorianos igualmente vestidos para la ocasión? Ni siquiera si esta comparecencia aprovechara, no lo sé, un día de gala del Cuerpo tiene sentido tanta parafernalia. Y tanta indiscreción.

Por qué este alarde -¿promoción o propaganda?-, tan incompatible con la cultura corporativa de la institución como chocante con la naturaleza de su función contra el crimen. Podríamos llamarlo publicidad compensatoria. Es evidente que el asunto catalán ha puesto a la Guardia Civil a la vista de la opinión pública de una forma poco habitual: barcos-cuartel en el puerto de Barcelona, croquetas de Navidad y desalojo por la fuerza de unos colegios electorales que, aunque eran en buena medida demagogia y pantomima y no había otra, pusieron en las pantallas españolas y del mundo a policías y números arreando mamporros a, por ejemplo, señoras con cardado de vocación chic y gafas de pasta. En un mundo de imágenes e información abundantísima pero superficial y vinculada a internet, parece lógico que las fuerzas de seguridad del Estado acometieran un plan de defensa de su imagen nacional e internacional. Pero resulta un tanto sospechoso de oportunista el alarde, por no decir que contra natura y algo patético. Cantando la Traviata en vez de hacérsela cantar a los malos, que es lo suyo. Son tiempos raros, en los que lo formal penetra y contamina a lo sustancial. Es lo que hay: que la verdad no te estropee una buena imagen, la más adecuada al plan de marketing.

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