La Huella Solidaria Las fotos de la "Desbandá" a su paso por Adra

  • El viernes se presentó en el Museo una exposición sobre las fotos de la "Desbandá de Málaga" realizadas en febrero de 1937 por el equipo de médicos canadienses Norman Bethune y Hazen Sise

Después de un intenso periplo de varios años por las principales ciudades de España la mayor exposición fotográfica sobre La "Desbandá de Málaga" de febrero de 1937, llega al Museo de Adra, gracias al esfuerzo de su Ayuntamiento en coordinación con el Centro Andaluz de Fotografía. Bajo el título "Norman Bethune. La huella solidaria" la exposición está además acompañada por una publicación que contiene, junto a las imágenes, las narraciones del propio Bethune y de cómo vivió el horror que sufrieron los civiles en su huida. El comisario de la muestra y coordinador de la publicación, Jesús Majada, ha realizado una intensa labor de investigación durante años para recopilar los testimonios de las víctimas y las imágenes, descubiertas y recuperadas por él.

Los fotoperiodistas más famosos de la época, Robert Capa y Gerda Taro, estaban llamados a ser quienes inmortalizasen las imágenes del éxodo de Málaga en plena Guerra Civil y las transmitiesen al mundo entero. Pero estos reporteros llegaron tarde a Almería, cuando aquella masa humana se hacinaba ya en las calles de la capital.

El coordinador de la publicación, Jesús Majada, ha realizado una intensa investigación

La casualidad y la determinación quiso que unos sanitarios voluntarios, que nada sabían de periodismo y fotografía profesional, se convirtiesen en los autores del único gran reportaje localizado de la "Desbandá". Norman Bethune y sus colaborador Hazen Sise captaron de forma intuitiva las caras de desolación y sufrimiento que encontraron en aquel camino de ida y vuelta para ellos. Sin oficio periodístico y con la avanzadilla italiana pisándoles los talones, a la vez que realizaban la labor humanitaria en su ambulancia, los improvisados reporteros captaron personas, sin ocuparse de conocer los límites provinciales ni los municipios que atravesaban.

Sin saberlo sus autores, muchas de esas imágenes fueron tomadas en Adra, cuando aquellos voluntarios extranjeros comprobaron que la persecución de las tropas enemigas había quedado definitivamente atrás. Entonces tuvieron por primera vez la sensación de estar a salvo y vieron en los rostros aturdidos y desesperados de los caminantes algo de esperanza.

Ochenta y un años después esas fotos regresan al lugar donde fueron tomadas. Gracias a una rigurosa labor de identificación del historiador Javier Sánchez Real y del fotógrafo Andrés Aguilera París, Adra contribuye a esta magna exposición con un interesante panel en el que se realiza el fotomontaje de la foto original superpuesta sobre el paraje tal y como se encuentra en la actualidad, simulando un salto en el tiempo.

Bajo el cielo protector de Adra y de aquella arboleda rodeada de una fértil vega que aparecía como un oasis en un desierto de caminos y cerros pelados, Bethune y Sise buscaron con su cámara el rostro limpio y espontáneo de los niños, la resignación de los viejos y la mirada ausente y desesperada de los adultos.

Las fotos que identifican escenas del paso de la "Desbandá" por Adra se inician a la altura del límite con Albuñol en las empinadas cuestas de la entonces carretera de Málaga a Almería, de tierra, que serpentean al pasar por Las Marinas de La Alcazaba.

Un segundo grupo de imágenes nos trasladan a la entrada oeste del núcleo urbano de Adra. Los cerros próximos, la playa y la silueta a lo lejos de la torre de Guainos, sitúan a los caminantes comenzando a subir la empinada cuesta del faro, por donde discurría la carretera en aquellos momentos. A sus espaldas, el emplazamiento donde se localiza la actual barriada de La Caracola. El camino viene señalado por los inconfundibles quitamiedos de piedra, algunos de los cuales aún se conservan.

Pasamos a un nuevo escenario, todas ellas muy identificadas con el paisaje abderitano gracias a varios elementos inconfundibles: la vega de caña de azúcar, la arboleda de plátanos de sombra y la vía del ferrocarril que transportaba la piedra desde la cantera hasta la zona costera de construcción del puerto. Es el tramo comprendido entre la antigua fábrica de conservas Santa Isabel y la barriada de El Puente del Río. El común denominador de las imágenes son los grupos familiares a lomos de caballerías, haciendo un alto en el camino, comiendo o aprovisionándose de cañadú, el único alimento que pueden llevarse a la boca tras la dura travesía por parajes inhóspitos. La arboleda y la vega dan una tregua a sus padecimientos.

El autor concede un protagonismo especial a la resistencia de los animales de transporte tras muchos días de camino. Pero las estrellas de este bloque de imágenes son sobre todo niños. Miles de pequeños refugiados que sorprenden por su número al equipo de Bethune. A lomos de animales o a pie buscan el objetivo de la cámara de manera natural. Muchos de ellos a buen seguro vagan solos, perdidos por el camino, siguiendo a la masa. Como el niño con boina y pantalones cortos, que porta al hombro izquierdo una caña casi más alta que él y se gira con gesto de orgullo y de hombre duro, buscando que la cámara inmortalice el rostro de quien ha sobrevivido a tantos peligros y calamidades y se considera ya todo un experto en supervivencia.

Otras instantáneas muy especiales están centradas en seguir los movimientos de una niña de corta edad que come caña de azúcar y que lleva una muñeca desnuda a la que le falta un brazo. Su cercanía a los raíles del tren que salían de la cantera buscando la carretera hacia las obras del puerto, detallan el lugar exacto donde fueron tomadas las imágenes.

Las fotos son en este punto los únicos disparos que sufren las caras de los protagonistas anónimos. El éxodo prosigue su marcha en dirección Almería. Los autores quisieron dedicar una atención especial a la importancia de la caña de azúcar, como alimento y único sustento durante largas jornadas de camino, dato recogido en multitud de testimonios de refugiados que pudieron conseguir llegar a Almería gracias a este proverbial cultivo, que cubría entonces la hermosa vega de Adra y que les proporcionó fuerzas suficientes para escapar de una muerte segura.

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