EL PERSONAJE

"Tuve un buen enchufe junto al Dalai Lama"

  • Thubten Wangchen dirige la Fundación Casa del Tíbet

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Es uno de los miles de tibetanos que huyeron del país de las montañas tras la invasión china. Formado como monje budista en el monasterio privado del Dalai Lama, al norte de la India, hace veinticinco años que vive en Barcelona, donde dirige la Fundación Casa del Tíbet. Realiza una gira por España para denunciar el genocidio de su pueblo. Esta semana le tocó Sevilla.

¿Cuándo se marchó de Tíbet?

Con cinco años, en 1959. Mi madre estaba embarazada, la llevaron a trabajos forzados y murió. Entonces escapamos con mi padre.

¿Qué recuerda de aquellos días?

Pocas cosas. Recuerdo que los militares chinos, uniformados, me daban miedo. También que cuando escapamos nos escondíamos de día y no entendíamos por qué.

¿Se lo explicó su padre?

Éramos pequeños. ¡Queríamos jugar y no nos dejaba! Luego supe que los chinos disparaban desde las montañas a los que intentaban huir.

¿Cómo fue la huida?

Caminando, por las montañas, hasta Nepal. Mi padre me llevaba sobre los hombros y a mis hermanos de la mano. Dejamos todo, íbamos con lo puesto.

¿Cómo sobrevivieron?

Durante cinco años, en Nepal, mendigando. Comíamos y dormíamos en la calle. Después, sabiendo que el Dalai Lama se había exiliado al norte de la India, en Dharamsala, mi padre decidió ir cerca de él.

¿Había muchos exiliados?

En aquella época, unos ochenta mil. Ahora, el doble. Tíbet tiene sólo seis millones de habitantes, aunque es cuatro veces España.

¿Qué hicieron en la India?

Mendigar, hasta que el Dalai Lama pidió a las autoridades indias que nos ayudaran. Les dijo: “El futuro del Tíbet son niños de la calle, por favor, educadlos”.

¿Y lo hicieron?

El Gobierno indio nos buscó calle por calle y nos llevó a una escuela donde tuvimos la oportunidad de aprender la cultura del Tíbet y de la India, además de hindi, inglés y filosofía budista.

¿Por qué se hizo monje?

Los maestros indios de la escuela tenían mal carácter y nos pegaban. Los maestros lamas, por el contrario, sonreían y eran pacíficos. ¡Allí todos los niños queríamos ser monjes!

¿En qué monasterio se formó?

Tuve un karma muy especial, lo que ustedes llaman un buen enchufe, ya que estuve once años en el monasterio privado del Dalai Lama, que es como nuestro Vaticano.

¿Qué aprendió junto a él?

Nos contagió su bondad y su felicidad. Aprendimos a ser buenas personas.

¿Y la felicidad cómo se logra?

Todo el mundo tiene problemas, pero hay que buscar soluciones antes de quejarse. Incluso cuando no hay solución, el enfado no arregla nada.

¿Ni siquiera como desahogo?

Los occidentales ponen mucha energía en cosas que no les gustan, lo que hace aumentar su disgusto. No hay que tomarse las cosas tan en serio.

¿Qué comparten budismo y cristianismo?

La esencia es la misma. Jesucristo dijo: sed buenos y amad a todos. Por eso nosotros decimos que Jesucristo podría ser la reencarnación de Buda.

¿Y qué les diferencia?

El camino. El budismo es más profundo. Más que una religión es una filosofía de vida: cómo actúa tu cuerpo, cómo piensa tu mente y cómo dices tus palabras día a día.

¿Adonde conduce ese camino?

El fin es el nirvana, la iluminación, que es un estado de perfección. Mientras eso ocurre, nacemos, vivimos, morimos y volvemos a nacer, con la reencarnación.

¿Alguna vez regresó a Tíbet?

Hace veinte años, como guía turístico, desde Barcelona. Los chinos me identificaron, me encontraron una foto de Dalai Lama y me acusaron de criminal. Iban a matarme.

¿Y cómo se salvó?

Buda nos deja mentir en situaciones graves. Así que les dije que mi grupo turístico estaba formado por políticos y banqueros españoles y que si me mataban sería malo para China.

¿Y...?

Nos expulsaron al día siguiente y nunca regresé.

¿Ha vuelto a sentirse amenazado?

La embajada y el consulado chinos me vigilan. ¡Estoy más fichado que Ronaldinho!

Hombre, con ese hábito…

Soy casi el único tibetano en España que trabaja para mi pueblo y digo la verdad del sufrimiento del Tíbet y lo que está haciendo China allí.

¿Y qué está haciendo?

Hay terror, torturas y matanzas. Es un genocidio. Tíbet corre el peligro de ver extinguida su identidad. A la gente que reza la encarcelan…

Pero dejan que existan los monasterios.

Sólo de cara a los turistas. Dentro hay control.

¿Cuántos muertos ha habido?

Hemos contado 160 muertos, con nombres y apellidos. Pero las autoridades chinas sólo reconocen 20.

Sorprende que la revuelta la iniciaran los monjes...

Los monjes empezaron una revuelta pacífica, sin armas, para decir la verdad al mundo. Ocurrió en Birmania hace unos meses, cuando los monjes hablaron en nombre de todo el pueblo.

¿Qué tiene Tíbet que interesa tanto?

Muchas cosas. Abarca la cuarta parte de la superficie de China y tiene minas de oro y uranio, para hacer bombas nucleares. Eso nos preocupa.

¿Ha hablado últimamente con Dalai Lama?

He hablado con su secretario personal. Creo que Dalai Lama está preocupado, porque los tibetanos están perdiendo la paciencia. Busca una solución.

¿Y la habrá?

Por supuesto. Nada es permanente.

¿Habría un Tíbet democrático?

Cuando Tíbet sea libre se hará lo que quieran sus habitantes. Dalai Lama ya ha dicho que prefiere desempeñar sólo un papel religioso. El Gobierno en el exilio ya aplica la democracia.

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