América y Europa del Este registran las mayores cifras de incidencia de VPH

  • Las tasas en España, aun estando en la franja más baja, podrían cambiar por motivos culturales y sociales y, especialmente, por los movimientos migratorios

El Virus del Papiloma Humano (VPH) afecta a la piel y las mucosas y se transmite por vía sexual. Existen más de un centenar de estos tipos de virus. La mayoría son inofensivos, de bajo riesgo, y se traducen en la aparición de verrugas benignas. Pero existen aproximadamente 30 tipos asociados a una mayor probabilidad de desarrollar un cáncer de cérvix. Estos tipos afectan los genitales y se adquieren a través del contacto sexual con una pareja infectada. En las mujeres, los VPH de alto riesgo pueden conducir al cáncer de cuello uterino, vulva, vagina y ano. En los hombres, pueden conducir al cáncer del ano y del pene.

Desde 1980 se ha venido investigando una vacuna que pudiera disminuir la incidencia de las enfermedades asociadas a este virus. Desde el momento en que estuvieron disponibles las vacunas, todas las Comunidades Autónomas en España han incorporado esta opción a sus calendarios para facilitar una herramienta preventiva útil que reduzca las actuales tasas de incidencia. La incidencia media del cáncer de cuello uterino en España es de ocho casos al año por cada 100.000 mujeres. Esta cifra, sin ser desdeñable, estaría en la franja menor del total de países europeos, según el Análisis de Prevalencia, Incidencia y Mortalidad Mundial realizado por la International Agency for Research on Cancer en 2004. Por otro lado, el mayor análisis mundial sobre presencia del VPH en citologías normales, publicado el año pasado en The Lancet, presenta enormes diferencias entre América Central (20,4%), Europa del Este (29, 1 %), Asía (8%)y Europa del Sur (6,8 %). Las estimaciones actuales consideran que en España a partir de los 30 o 35 años el 3% de la población general es portadora crónica del VPH. Solo este grupo presenta riesgo de desarrollar un cáncer de este tipo. En personas más mayores, entre 50 y 55 años, se observa un repunte de la prevalencia.

Todo esto puede deberse a los nuevos contactos sexuales, el envejecimiento de la población o, simplemente, el deterioro del sistema inmunológico que permite la aparición de infecciones latentes que hasta entonces fueron indetectables. Las cifras españolas podrían variar atendiendo a motivos culturales y sociales relacionados con los movimientos migratorios. Muchos sistemas tratan de diseñar estrategias de intervención para limar las desigualdades entre la mayoría de los países desarrollados con respecto a los homólogos nativos. En este caso esas diferencias se traducen en una menor adhesión a los programas preventivos, especialmente la realización de citologías periódicas, o al uso de métodos anticonceptivos que dificulten (no impiden) la transmisión, caso de los preservativos.

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