laliga santander· Atlético de Madrid-Sevilla

Aterrizaje con la lección del movimiento (2-0)

  • El Sevilla de Berizzo pierde la segunda plaza a manos de un Atlético que encontró suma facilidad para mover las piezas de su defensa de sitio para que aparecieran los espacios.

  • Vietto decantó el duelo y Griezmann lo remató.

Imágenes del Atlético de Madrid- Sevilla FC Imágenes del Atlético de Madrid- Sevilla FC

Imágenes del Atlético de Madrid- Sevilla FC / Inma Flores

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El Atlético de Madrid, un grandísimo equipo cuyo objetivo a corto plazo anunciado públicamente por sus propios protanonistas es ganar un título de Champions tras perder dos finales, bajó a la tierra a otro que trata de asentarse en la competición, para el que ya es un éxito disputar tres ediciones consecutivas la fase de grupos y que su sueño es superar la barrera de los octavos de final. Un mundo en forma de distancia futbolística, deportiva y económica de la que a veces no somos –o no queremos ser– lo suficientemente objetivos para entenderlo.

Más allá de eso, lo vivido en el Wanda Metropolitano (estrena un estadio nuevo mientras su rival parchea el suyo) no va más allá de un duelo aislado en el que, también en esta ocasión los de Simeone ganaron con toda justicia a un Sevilla que pese a la clasificación que ocupaba había dado señales para temer que en cualquier momento podía llegar la primera bajada a la tierra. El proyecto de Berizzo perdió la segunda plaza de la Liga y nunca pudo contener la capacidad del Atlético, desde el minuto uno hasta el final, de generar espacios en un sistema defensivo que caía una y otra vez en la trampa que le tendía uno de los delanteros que mejor sabe interpretar el aclarado a sus compañeros. Hablamos de Luciano Vietto, quien sacó una y otra vez y cuando quiso a los centrales de su zona para que Griezmann o Carrasco encontraran siempre el terreno libre para ponerse en situación de gol.

Eso no lo entendió jamás el Sevilla, ni Berizzo supo corregirlo a tiempo pese a los avisos que a la primera media hora ya acumulaba. Simeone ofreció una muestra de lo grande que es como entrenador, de que su Atlético, más allá de que protesta cada acción sea falta suya o ajena, más allá de que va al límite del reglamento en cada balón dividido, más allá de que se mete con el autobús en su área si hay que defender..., tiene, conoce y ejecuta mecanismos para sorprender al rival, engañarlo, llevarlo a una zona del campo para aparecer por otra y, por supuesto, dispone en su plantilla de futbolistas de muchísimo nivel al que no pueden acceder otros. Sin ir más lejos, Diego Costa era la atracción en la grada sin poder jugar hasta el mes de enero y Vitolo, que sigue alimentando tertulias en Nervión, entrará al mismo tiempo que el hispano-brasileño por las puertas de ese vestuario.

El Sevilla puede decirse que sólo estuvo de visita en el Wanda. Le prepararon un recorrido turístico por el nuevo escenario, tuvo cinco o siete minutos en los que movió el balón y disfrutó de una posesión larga que acabó con un balón en el palo de Sarabia previo desvío de Savic, y se limitó luego a preocuparse sin suerte de tapar los agujeros que aparecían en su sistema de marcajes, casi siempre generados por Vietto, especialista, como ya demostró en el Sevilla en el corto espacio de tiempo en que Sampaoli confió en él, en atraer a los centrales, sacarlos de área y habilitar las diagonales de Griezmann, Carrasco y hasta Filipe Luis en la primera mitad.

Berizzo, a diferencia de su comparecencia en Liverpool, dejó solo a N’Zonzi por delante de la defensa, pero si el Sevilla sufrió en Anfield muchísimo con dos pivotes, también lo haría en el Wanda con uno, más que nada porque la estrategia de atacar del Atlético era distinta, desde delante hacia atrás, desde los arrastres de Vietto, como hizo con Carriço y con Lenglet (los dos a la vez) en el primer gol, como los que Carrasco provocaba con Mercado en la banda, pues lo abría hacia un costado para que Filipe Luis tuviera pasillo por dentro. El lateral brasileño avisó antes del descanso con un balón a la cruceta en una jugada gestada así. Jugadas que no salen por casualidad, sino que la repetición de las mismas demuestra que son situaciones estudiadas. Repetición una y otra vez de los defensas del Sevilla obligados a cambiar el espacio. Carriço y Lenglet saliendo hacia fuera o detrás de Griezmann y Mercado apagando fuegos por dentro. Suerte que gracias a la raza y a la pericia para adaptarse a los movimientos de lo que no es, un lateral, el argentino mantuvo al Sevilla en el partido hasta el descanso, momento en el que se fue a la caseta con la sensación de que no estaba tan mal. Pero la realidad no era ésa, la realidad era que la distribución de las zonas y la ocupación del campo no le había dado para dominar el juego más allá de cinco o siete minutos. Jesús Navas, Franco Vázquez, Banega y Sarabia, todos ellos por delante de N’Zonzi junto a Muriel, jugaban otro partido paralelo.

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Imágenes del Atlético de Madrid- Sevilla FC / Inma Flores

El golpe llegó al primer minuto de la reanudación en una jugada en la que, por lo que quiera que sea o por la astucia de los mecanismos que durante la semana trabajó Simeone, todos los jugadores del Sevilla estaban fuera de su sitio. Mercado en zona de extremo, los dos centrales juntitos a la persecución de Vietto sobrepasados los terrenos de N’Zonzi y el francés, al ritmo parsimonioso que le da su fútbol, incapaz de meter el pie ante Carrasco como último hombre. El ¿dónde está la bolita, aquí o aquí? del Cholo había logrado burlar el modelo de su compatriota, una estructura que ya se había demostrado antes que debe rediseñar en fase defensiva.

El Atlético se dio el gustazo además de sacar del campo a su mejor hombre, Vietto, y seguir haciendo lo mismo con su rival, cuyos cambios sólo alteraron la gráfica del encefalograma en la aguja que pintaba Correa. El 2-0, con las mismas armas. Toque, arrastre de marcas y aparición de los espacios, esta vez en segunda línea, donde Filipe Luis tuvo todo el tiempo del mundo para poner de gol a uno que nunca falla, Griezmann.

En el Wanda llegó el momento de aterrizar, pero no pasa nada. Toca repostar, revisar el fuselaje y seguir. ¿O qué nos creíamos?

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