El fútbol también pisa freno

  • El Liverpool no dosificó sus carreras y el Sevilla acabó dueño del balón

El LIverpool-Sevilla FC, en imágenes El LIverpool-Sevilla FC, en imágenes

El LIverpool-Sevilla FC, en imágenes / James Hinks

Al Liverpool se le olvidó pisar el freno de vez en cuando, quizás temeroso de que el Sevilla impusiera la pausa, y acabó dándole la pelota a los de blanco porque se quedaron sin oxígeno demasiado pronto. El desbocado equipo de Klopp fue como ese atleta de los 800 metros lisos que revienta el tiempo parcial del primer 400, que se va quedando clavado y al que incluso se le hace eterna la recta final: Muriel pudo firmar la remontada sevillista en el último minuto, lo que hubiera sonado a milagro atendiendo al acoso y derribo que padecieron los de Nervión hasta el intermedio. El fútbol pisa freno.

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El fútbol también pisa freno

Defensa

Era clave para sostener el andamiaje que, por dentro y en situaciones estáticas, N'Zonzi y Pizarro ganaran los rechaces y balones divididos, y que en los contragolpes del Liverpool ejercieran un repliegue efectivo para trabar las velocísimas transiciones de los ingleses. También era fundamental, por fuera, que Jesús Navas y Correa echaran una mano a Mercado y Escudero, respectivamente, ante esos diablos que atienden por Mane y Salah. Y el primero por su liviano físico y el segundo por su tibieza en los choques, cuando no por su indolencia, no acudían al rescate de sus compañeros más retrasados.

Guido Pizarro y Banega fueron lo más parecido a dos espantapájaros en un sembrado. El primero, desborrado por el ritmo colectivo del rival y lastrado además por sus problemas físicos, jamás llegó al balón antes que su par ni se cruzó a tapar. Y Banega fue una máquina de perder balones en la salida del juego desde atrás. N'Zonzi fue arrastrado por la marejada pero sólo salió a flote en cuanto el Liverpool dejó de soplar. El francés está más cómodo como único ancla, como se vio en la segunda parte, y tan pronto acudía a escoltar a los centrales como imponía su envergadura, esta vez sí, más arriba, en el círculo central. Tener la pelota hizo respirar a los de atrás y el Liverpool ni siquiera salió ya de verdad a la contra.

Ataque

La incursión de Escudero que acabó en el 0-1 de Ben Yedder, previo regalo de Lovren, fue un espejismo. Hasta el descanso no hubo más noticias sevillistas en ataque. Los extremos trataron, sin éxito, de achicar agua atrás, y con Banega y Pizarro sin poder subirse al tren del partido, fue un monólogo en rojo.

En cuanto el Liverpool levantó el pie del acelerador por su falta de gasolina, Jesús Navas y sobre todo Correa pisaron terrenos más adelantados. La entrada de Sarabia y Muriel terminó de trenzar una cadena hasta el área de los ingleses. Ahí afloró la capacidad asociativa del Sevilla, por una parte, y también la potencia con metros por delante de dos piezas, Correa y Muriel.

Virtudes

Supo aguantar y poco a poco igualó el pulso físico.

Talón de aquiles

Cuando el Liverpool apretó fue incapaz de seguirle la estela. Parecía que practicaban otro deporte.

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