Getafe 0-2 sevilla · la crónica

Algunos lo llaman pegada; es calidad

  • El Sevilla se estrena como triunfador en el estadio del Getafe en un partido que sentenció en una extraordinaria jugada entre Romaric y Luis Fabiano · Los blancos dieron un curso de cómo ganar con apenas nada

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Vaya por delante una cosa: el fin justifica los medios en el fútbol y un triunfo sirve para esconder cualquier defecto que se haya podido atisbar en un equipo. Dicha esta máxima a la que se rinde pleitesía desde aquí, hay que resaltar con prontitud que el Sevilla consiguió un triunfo de tremendo valor en Getafe sin necesitar apenas nada para lograrlo. Le bastó con un derroche de calidad por parte de dos de sus futbolistas, concretamente Romaric y Luis Fabiano, que se fabricaron un gol en el que muy pocos creían. Excelso toque por parte del africano, exhibición de control y golpeo posterior con el sello del brasileño. Claro que Romaric y Luis Fabiano fueron inscritos por el Sevilla en el acta de Delgado Ferreiro y para eso, precisamente, sirve contar con futbolistas de esa clase.

Por supuesto que sería injusto centrar el triunfo de los hombres de Jiménez en sólo dos de sus componentes sin darle la parte alícuota que les corresponde a los demás. Porque Palop también tuvo su parte con el penalti detenido a Granero, ya que sin esa parada tal vez el discurrir de los acontecimientos hubiera sido completamente diferente, y también se mostró tremendamente seguro en la multitud de balones que bombearon los hombres de Víctor Muñoz; porque Squillaci estuvo omnipresente en todos los ataques del conjunto madrileño, incluidos los momentos en los que salió a tapar los disparos de Casquero cuando el balón se quedaba en las inmediaciones del borde del área; porque David Prieto estuvo aseado en la tarea que le encomiendan a pesar de sus dificultades con el balón; porque Fernando Navarro estuvo expeditivo cada vez que el rival se aproximaba por su banda e incluso llegó a echar de sus proximidades a Granero; porque Fazio se fue creciendo hasta convertirse en el tramo final en ese gigante que tanto espera el Sevilla para contrarrestar los ataques del adversario; porque Maresca, sin jugar para tirar cohetes, también supo dar algo de pausa en determinadas ocasiones; porque Jesús Navas se fue más de una vez de Licht y hasta tuvo que ayudar más de la cuenta en las tareas defensivas; porque Kanoute se convirtió en esa referencia que siempre han necesitado los blancos para hallar algo de desahogo cuando se sienten acosados; porque tanto Renato como De Mul sumaron muchísimo en los minutos que les dieron.

Tanto a Romaric como a Luis Fabiano ya se les había hecho mención especial en el primer párrafo, pero basta con ser algo observador para percatarse de que falta un futbolista. ¿Y Mosquera? Con todos los respetos hacia el propio colombiano y hacia quienes lo defienden, el primero el entrenador por ponerlo, es un verdadero mérito que el Sevilla pueda ganar un partido fuera de casa con este futbolista como lateral derecho. Como central tenía un pase, pero como lateral derecho es como jugar con dos menos, el que se pierde en tu propio equipo y el peligro que le otorgas al rival con su mera presencia. Y que nadie defienda que no tuvo nada que ver en el resultado final, puesto que basta con el penalti para haberse podido convertir en el elemento que lo alterara todo. Fue un centro desde la otra banda, ideal para que un central que lo ve venir de frente lo despeje al medio del campo... Pero no, Mosquera midió mal, primero, y después dejó los brazos y también las piernas de una manera completamente ingenua para derribar a Gavilán tras el control de éste.

Afortunadamente para los intereses del Sevilla, Palop enmendó el roto, puesto que de lo contrario un rival tan pobre como es el Getafe en la actualidad le podía haber hecho mucho daño. ¿Y por una jugada se puede hablar tan mal de un determinado futbolista? No fue sólo una, fueron muchísimas más, particularmente en el primer periodo y ahí está el vídeo del partido para repasarlo con tranquilidad. En una de ellas se quedó ¡parado! en la mitad de su campo mientras el balón le llegaba a Gavilán para que pudiera meter el enésimo centro hacia Palop. Es increíble que un equipo viaje con dos laterales derechos específicos en el banquillo y su entrenador coloque a Mosquera en el costado de su zaga. Una de dos, o los otros dos son pésimos o estaban lesionados.

Está claro que Mosquera se ha comido él solito más de tres cuartos de la crónica de un partido entero, pero pudo ser un elemento tan trascendental que conviene resaltarlo. Si ése es el mejor lateral derecho no ya de la primera plantilla sino de todos los escalafones inferiores sevillistas, algo no funciona bien sin duda.

Afortunadamente, sin embargo, el fútbol es mucho más que un solo elemento y el Sevilla tiene mucha pegada, en este caso sinónimo de calidad, para liquidar a un adversario. Romaric ejerció de maravilloso, y preciso, quatterback para buscarle las espaldas a Belenguer. Luis Fabiano paró la pelota con la derecha y la golpeó de inmediato con la izquierda. Cero a uno y el Sevilla tenía más de media tarea hecha en un campo que no se le había dado precisamente bien.

Después tuvo muchos problemas para liquidar el partido, sobre todo porque Víctor Muñoz se lo puso bien fácil para ello con cambios propios de un kamikaze. El control era absoluto, sobre todo a raíz de la entrada de Renato, pues ésta sirvió para agigantar particularmente a Fazio, pero faltaba esa punta de velocidad para machacar que no llegó hasta el tiempo de prolongación por parte de De Mul.

El Sevilla había ganado por primera vez en Getafe en Primera y la crisis de resultados ya queda en el olvido definitivamente. Algunos lo llamarán ahora pegada, pero el término justo es calidad, eso es pase, control y toque exquisito. Y con ella, con la calidad por supuesto, basta con muy poco, o con mucho depende, pues no todos la tienen, para ganar los partidos.

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