El V Califa marca con su irrepetible personalidad el Festival del Cáncer

  • Al finalizar el festejo El Cordobés abandonó la plaza a hombros de sus compañeros por la Puerta de los Califas.

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FESTIVAL AECCGanadería: Cuatro utreros de Fuente Ymbro, correctos de presentación y de buen juego; uno de Domingo Hernández (2º) con clase pero rajado y otro para rejones de Bohórquez (1º) bueno pero con poca fuerza. TOREROS: Fermín Bohórquez (rejoneador) oreja;  Manuel Benítez "El Cordobés" dos orejas; Finito de Córdoba,  oreja con petición de la segunda; José Luis Torres oreja con petición; Julio Benítez "El Cordobés hijo" dos orejas y el novillero Israel de Córdoba dos orejasINCIDENCIAS: Plaza de toros de Los Califas de Córdoba. Festival a beneficio de la Asociación Española Contra el Cáncer. Casi lleno en tarde de temperatura agradable. Al finalizar el festejo El Cordobés abandonó la plaza a hombros de sus compañeros por la Puerta de los Califas. 

Caía sobre Córdoba la tarde de un día extraño. Una jornada que se inició oscura y sombría, pero que acabo radiante y luminosa. Antesala de una primavera que cada vez se hace más presente y refulgente. Los últimos rayos del sol, resistiéndose a dejar de ser protagonistas, eran testigos mudos de cómo una leyenda viva de la ciudad era izada a hombros. Fueron muchas tardes en las que El Cordobés salió por las puertas principales de las plazas del planeta toro. Ayer, una vez más, y posiblemente por última vez, abandonaba el coso de Ciudad Jardín, aquel mismo que inaugurará hace  casi medio siglo, entre el clamor de un público sabedor de que era testigo de algo histórico. El triunfo en el ruedo del último Califa del toreo de Córdoba.

Mucho se habló, y mucho se dudó también, sobre el propósito de Manuel Benítez El Cordobés de abrir el cartel del tradicional festival del cáncer. A las cinco en punto de la tarde, hora torera por antonomasia, cuando se abrió la puerta de cuadrillas, apareció su figura inconfundible. Una nube de fotógrafos eran fedatarios del momento. El Cordobés, V Califa, pisaba el dorado albero de la plaza que en su día inauguró. Lo demás poco importaba ya. Con su gesto se acallaban los rumores de los incrédulos y se satisfacía el deseo de los convencidos. El Cordobés se enfrentó a un novillo a modo. Su actuación fue un reverdecer de viejos y vetustos laureles. Su personalidad es única, irrepetible, y tan propia que con ella bastó para contentar a un público que se le entregó de forma incontestable. Poco importaba si el trasteo estuvo huérfano de reposo, de regularidad o de consistencia. Lo importante era ver a un hombre, con cerca de ochenta años, aportar su particular tauromaquia para una causa noble y justa.

Se esperaba a un Finito de Córdoba espoleado tras conocerse su ausencia en los carteles de la próxima feria de mayo. Durante toda la tarde demostró que atraviesa un momento extraordinario. El torero del Arrecife así lo ha atestiguado en las primeras ferias de la temporada. Los laureles vuelven a reverdecer y en esta ocasión con la solera que da el paso de los años. Tuvo poca colaboración por parte de su antagonista. El novillo resultó a la postre el más complejo del encierro. Lo recibió con una larga cambiada de rodillas y continuó capoteando con buen gusto y sabor. El trasteo de muleta tuvo importancia. El novillo fue un animal que necesitaba mucho mando y que le hicieran las cosas muy bien hechas. Juan Serrano estuvo a la altura. Supo en todo momento lo que hacer. Solvencia y gusto fueron sus principales avales. Terminó metido entre los pitones en un toreo de cercanías con mucho mando. Lástima que la espada no tuviera una trayectoria acertada, lo que a la postre le privó de cortar más trofeos, pero su buen momento quedo patente durante su actuación. Finito va a dar que hablar esta temporada. Su momento es importante.

José Luis Torres entró por la puerta de la sustitución tras la baja de Enrique Ponce. Torres se mostró más maduro y asentado. Su toreo vertical y amanoletado gusta a la afición. Se topó con un buen novillo, alegre y con calidad, al que trasteó con su personal estilo. Las tandas tuvieron buen trazo, aunque quizás les faltara rematar los muletazos más atrás, y limpieza. Mejor por el pitón derecho. Las ansias de triunfo le hicieron acortar terrenos, cuando el novillo lo que pedía era mucho sitio, y la faena bajo un punto en intensidad. Remontó con las manoletinas finales y remató con una estocada que le sirvió para cortar una oreja que supo a poco a la inmensa mayoría de los asistentes.

Llevaba Julio Benítez tiempo sin hacer el paseíllo en el coso de Los Califas y volvía en un día tan señalado como en el de la reaparición de su padre ante su público. Julio no se amilanó. No le pesó ni la poca actividad, ni la alargada sombra paterna, ni tampoco la responsabilidad. El nuevo Benítez estuvo entregado y sobre todo muy enfibrado. Valiente y con ganas anduvo durante su actuación. Inició su trasteo con las dos rodillas en tierra, para luego cuajar una labor en la línea de la tauromaquia paterna. Los muletazos, tanto de pie como de rodillas, tuvieron transmisión y conexión con el tendido. El público se le entregó, quizá mediatizado por lo vivido anteriormente, siendo muy aplaudido y jaleado. Tras el toreo fundamental salió el toreo popular y de alardes. Mató de una estocada, que precisó dos golpes de descabello, que le permitió pasear dos orejas.

Es muy triste que el momento económico por el que atravesamos hay repercutido muy negativamente en la organización de la fiesta de los toros. Momento que se ha llevado al traste la organización de novilladas con picadores, que son necesarias para renovar el escalafón superior. Los novilleros han visto decrecer de forma notoria sus actuaciones. Es por lo que los festivales, acartelados con figuras del toreo, en un buen escaparate para que los actuales novilleros muestren sus credenciales al gran público.

En la tarde de ayer fue Israel de Córdoba quien tuvo la oportunidad de demostrar que su situación no es justa. Cierto es verdad que quizás su inmadurez le llevara a desperdiciar hace algunos años su oportunidad. La madurez hace que las personas cambien, y los toreros también, para darnos cuenta que en algún momento pasado nos equivocáramos. Israel, a pesar de acusar la inactividad y los nervios, estuvo a la altura de las circunstancias.

Tras estar correcto en el manejo del capote, remontó vuelo con la muleta en una faena que brindó a El Cordobés y Finito de Córdoba. Siempre tuvo Israel buen concepto del toreo. Pecó en el pasado de frialdad. En la tarde de ayer se despojó de los defectos de su primera época, y aunque su faena  tuvo los defectos propios de alguien que actúa tan poco, hilvanó un trasteo de menos a más, de formas muy estéticas y con un concepto que está claramente influenciado por Finito de Córdoba. Los momento más importantes de su actuación llegaron en las postrimerías de la faena, donde toreó muy cerca de los pitones, encadenando circulares que fueron muy aplaudidos por el respetable. Para rematar su actuación cobró una gran estocada, posiblemente la mejor de la tarde, donde marcó los tiempos de forma clásica y ortodoxa que por si propia era merecedora de una oreja como en los viejos tiempos. Merece Israel, y todos los novilleros cordobeses, una oportunidad en estos tiempos donde el escalafón inferior está tan maltratado que es imposible la renovación natural y generacional. Israel de Córdoba la aprovechó en la tarde de ayer, ahora sólo cabe esperar que su esfuerzo se vea recompensado.

Abrió la tarde el rejoneador jerezano Fermín Bohórquez, quien una vez más puso en liza un rejoneo marcado por el clasicismo, la ortodoxia y la buena doma de sus monturas. Le pesó abrir plaza y sobre todo la falta de conexión con un público que cada día está más acostumbrado a un rejoneo más eléctrico y de mucha menos profundidad. Importante también Bohórquez en la lidia. Siempre supo dar a su novillo los terrenos y temple preciso para corregir las querencias que el animal tomo de salida.

El festival resultó a la postre entretenido y un año más sirvió para cumplir su propósito: ayudar a los afectados por una enfermedad cruel y despiadada. La tarde dejó paso a la noche. Atrás quedó el clamor del éxito. En la historia del toreo cordobés se escribió una nueva página.

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