Espartaco logra un trofeo en su retorno en un festival en Murcia

Éxito total en el XX Festival a beneficio de la Lucha contra el Cáncer de Murcia. No sólo por la entrada, un fantástico casi lleno, sino también por el resultado artístico del festejo. El Fandi fue el triunfador numérico, con dos orejas y rabo y destacada actuación de Espartaco, quien cortó una oreja que habrían sido más de no mediar el fallo a espadas en este retorno.

Sergio Galán paseó las dos orejas del primero, un novillo de Bohórquez que se rajó de inicio y llegó a saltar al callejón. El rejoneador firmó una primera parte de faena de mucha importancia, montando con pureza y manteniendo al toro en las cabalgaduras. Después, buscó la conexión con el tendido y cobró un rejonazo efectivo.

Espartaco lidió en segundo lugar un novillo de su propia ganadería. Cambiante y con complicaciones, terminó embistiendo sin emplearse por el derecho y algo mejor por el izquierdo. Por ahí logró hilvanar el de Espartinas dos tandas de muletazos largos y despaciosos. La espada dejó su premio en una oreja.

Otras dos orejas cortó El Cordobés del tercero. Fue un novillo manejable de Las Ramblas con el que firmó una actuación caracterizada por la conexión con el tendido; primero en sombra y más tarde en sol, con todo tipo de guiños y adornos que provocaron el delirio en los tendidos.

Pepín Liria se fue a chiqueros para recibir al cuarto y firmó un intenso saludo. El toro se lastimó en el caballo y se derrumbó en la muleta, por lo que el de Cehegín no tuvo opción. Regaló el sobrero y le planteó una faena entregada, que le valió las dos orejas.

El Fandi cortó las dos orejas y el rabo del quinto de la tarde. Fue un novillo de Hnos. García Jiménez que tuvo bondad y la raza justa. Tras formar un lío en banderillas, el granadino construyó una faena templada en su primera mitad y más de arrear, en la corta distancia, en su epílogo. Tras la estocada, los máximos trofeos.

Miguel Ángel Perera cortó dos orejas de uno de Vegahermosa de fondo manso. El extremeño desplegó su capacidad técnica y se impuso con solvencia y poder a un novillo que le ofreció poco.

Otras dos orejas cortó Filiberto del séptimo, otro novillo de Las Ramblas. Ni siquiera el fallo a espadas fue suficiente para emborronar una faena que había destacado por su cadencia, su estructura y su reposo.

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