'Un tercero tiene que ser súper eficaz con la puntilla y pasar desapercibido'

  • El menor de los toreros de la casa Padilla termina su relación profesional con Finito de Córdoba el próximo mes de enero en Colombia, en la Feria de Duitama, y pasa a la cuadrilla de Daniel Luque

Jaime Padilla Bernal, tercero en la cuadrilla de Finito de Córdoba, es noticia porque muy pronto va a incorporarse a las órdenes de Daniel Luque, la figura emergente. Padilla se ha labrado un sólido cartel profesional en unos tiempos en que, precisamente gracias a toreros jóvenes como él y otros entre los que no faltan los procedentes de nuestro rincón taurino, le están dando prestigio al puesto de tercer banderillero.

-¿Usted es lo que se dice un joven veterano porque lleva desde chico en esto.

-A parte de que soy hijo y hermano de toreros, muy chiquitito, con once años, me voy a la Escuela Taurina de Jerez y mato mis primeros novillos. Allí estuve hasta 1997. Toreé unas cuarenta novilladas y bastante festivales picados. Perdí un poco la afición y decidí hacerme banderillero en el año 2.000 y en el año 2.001 empiezo a torear con Marcos Sánchez Mejía, mi primer matador. Además toreé muchas corridas suelto: con Rafael Matute, Víctor Janeiro, Canales Rivera… muchos toreros porque estuve un par de años fogueándome hasta que mi hermano me dio el visto bueno y en el 2003 me incorporé a su cuadrilla.

-Juan José Padilla no quería un hermano en la cuadrilla sino un profesional.

-De hecho él lo decía, quería que estuviera preparado entre otras cosas porque iba a todas las ferias. Aquel primer año fueron dos tardes a Sevilla, tres a Madrid, dos a Pamplona, dos en Bilbao… Él quería meter a un profesional. Decía "lo mismo con el caballo bueno que con el malo".

-Y el tipo de ganado que mataba y mata su hermano.

-Lo superé. Tuve la capacidad de superarlo con el apoyo de Juan en la plaza. Mi hermano en la plaza es un tío que te lo hace muy fácil. Estuve con Juan hasta el 2005 y me llama el maestro Finito de Córdoba y estoy con él hasta hoy, que me queda el último compromiso en Duitama, y en el mes de febrero me incorporo a la cuadrilla de Daniel Luque.

-¿Que cualidades debe reunir un buen tercero?

-Sobre todo y por encima de todo ser poco visto. El banderillero tiene que pasar desapercibido; y luego ser súper eficaz con la puntilla. Esa es la misión del tercero. Aunque a mí lo que más me gusta es banderillear, un tercero tiene que ser visto y no visto y eficaz con la puntilla.

-Hoy no se puede aprender apuntillando en el matadero.

-Hoy coger oficio con la puntilla es como si te tocara la lotería o ponerle los cinco sentidos al tronco como yo digo. Es imposible. Yo tuve la gran suerte de que el veterinario Antonio Peti me ayudó. Estuve tres o cuatro meses y en ese tiempo tampoco te da tiempo para cogerle el sitio a un toro, pero poco a poco…

-A usted se le nota que no quiere pasar desapercibido cuando parea en Jerez o El Puerto.

-Hay momentos en que uno… hay plazas en las que te sientes torero y te lo piden; ferias como la de Sevilla, El Puerto, Jerez, Sanlúcar. Plazas toreristas que piden que el torero de plata también se luzca. Ahí uno va a muerte.

-Salir a cortar es otra misión esencial del tercero.

-La colocación en la plaza es fundamental y hay que cumplirla a rajatabla porque un quite de cualquier banderillero salva la vida a un compañero.

-Antiguamente se decía que un tercero es el único que puede salir a la plaza bien comido. Hoy no.

-Es un poquito injusto que no se le de al tercero la importancia que tiene. Todos tienen importancia, sobre todo el de la espada y la muleta, pero al tercero se le ha quitado porque antiguamente era un hombre que estaba un poquito mayor, ponía un par de banderillas y estaba ahí un poco… Pero la verdad es que te juegas la vida con cuatro toros además; tienes que salir en el toro de los compañeros; que el toro viene en carrera y te coge en la puerta de chiqueros y viene el toro empujando al otro caballo: muchos riesgos añadidos.

-¿Este cambio es un ascenso profesional?

-El maestro iba a torear un poco menos. Todos sabemos lo difícil que es estar enganchado a una de las primeras figuras del escalafón y el maestro es como un hermano para mí. Me aconsejó que cambiara porque no sabía el tiempo que iba a estar y porque yo también tengo una familia y compromisos que cumplir y era fundamental para mí entrar en la cuadrilla de un torero como Daniel Luque. Pero el maestro fenomenal, me apoyó, tuve la oportunidad de que Luque me llamara y ahí estoy. Profesionalmente ha sido muy bueno. Por mi punto de romántico y bohemio hubiera seguido con el maestro, pero tengo que pensar en mis hijos Cayetana y Jaime porque mi familia es mi motor y todo lo hago por ellos.

-¿Dónde se ha sentido más torero?

-Ha sido súper reciente. En Lima, en la feria hace unas semanas. Me sentí pletórico porque el toro me dio mucha cancha y lo pude torear a mi forma, incluso le pude pegar una media verónica. Me recreé porque Finito es un tío que quiere que su cuadrilla huela a torero y que haya romanticismo. Me sentí torero, me ovacionaron y luego en banderillas me hicieron saludar.

-¿Fue bregando?

-Yo llevo cuatro años yendo a América y siempre lidiando. Finito me da cancha también. Recuerdo una tarde televisada en Montoro en la que me sentí muy torero y la gente me aplaudió. En varias corridas me ha dado el privilegio de poder torear toros y me he sentido muy realizado.

-¿Le gustaría pasar a lidiador?

-Yo lo tengo claro, tengo que luchar por este puesto que me lo ha dado todo. Mi puntilla, mis banderillas, y estoy perfecto y tengo la suerte de que cuando quiero torear un toro o lo que sea, le pido permiso a los compañeros o lo de ir a América y ahí me voy sacando la espinita. Uno tiene que tener claro en la vida lo que tiene que hacer, lo que es y creo que Dios me ha dotado de unas condiciones para ser tercero. Hay muchos profesionales que andan muy bien y muy toreros de terceros.

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