Almerienses y pioneras

  • Carmen Alvarez y Rosa García Malea (pilotos de rallyes y aviones de caza); Rosana Cruz y Toñi Martín (árbitros boxeo y ajedrez) han roto moldes en Almería

Rosa María García-Malea, María Carmen Álvarez Guerrero, Toñi Martín y Rosana Cruz. Estas mujeres, naturales de Almería, comparten el privilegio de haber sido pioneras y de haber abierto brecha con su inquietud en actividades tan poco compatibles como el mundo de la aviación y automovilismo, en los dos primeros casos, y en la dirección de combates de boxeo y partidas de ajedrez, en los dos últimos.

García-Malea, galardonada con la Medalla de Andalucía de este curso, es la primera piloto de caza española del Ejército del Aire. Esta almeriense, nacida en 1981, entró a formar parte en 2017 de la Patrulla Águila, el grupo de vuelo acrobático nacional creado en 1985. Pero antes cursó estudios de Arquitectura Técnica, Idiomas y Ciencias Químicas en Granada.

Opositó a la Escala Superior de Oficiales del Cuerpo General del Ejército, que superó con sólo 21 años y se incorporó a la Academia General del Aire de San Javier. Un año y medio después, en abril de 2004, estuvo comisionada en la base aérea estadounidense de Colorado Springs. Y, en 2006, realizó el curso de caza y ataque en la base Aérea extremeña de Talavera la Real y se convirtió en la primera piloto de caza del Ejército Español a bordo de un F5.

En 2007, incorporada al Ala 15 de la Base Aérea de Zaragoza, logró ser la primera mujer española en volar un F18. Ha participado en misiones internacionales, como el Red Flag, en Las Vegas, y en la Guerra de Libia, por la que recibió una medalla. Además obtuvo la más alta cualificación en el Programa Táctico de Liderazgo de la OTAN. Como instructora de vuelo, se incorporó en 2012 a la Academia General del Aire, de San Javier.

María Carmen Álvarez Guerrero, de 73 años, está considerada como la primera piloto de rallies del automovilismo almeriense. El carnet de piloto lo sacó con 25 años, cuatro años después de haber aprobado el de conducir, cuya edad mínima se situaba en la década de los 70 en los 21 años, junto con la obligación de tener el servicio social cumplido.

Con la licencia expedida por la Federación Española de Automovilismo, firmada por el Conde de Villapadierna, se proclamó ganadora del Campeonato de Almería, uno de los entorchados que adornan su carrera deportiva, y el Automóvil Club de Almería, presidido por Ramón Gómez Vivancos, le propuso para participar en el Campeonato de España que se disputaba entonces por pruebas entre tres capitales, Madrid, Barcelona y Bilbao.

Corría 1970 y la piloto almeriense desechó este ofrecimiento, por cuestiones sentimentales, ya que a su novio, marido después, no le gustaban las carreras. Antes de su despedida voluntaria, participó en los principales rallies del calendario provincial como los de La Alpujarra, Espejo de Mar, las subidas a Macael o Mojacar, cosechando premios y buenas clasificaciones.

Desde julio de 2014, Toñi Martín Martín, de 45 años, es la única mujer en posesión de la titulación de Árbitro Nacional de ajedrez en la provincia de Almería y la segunda en conseguirlo en Andalucía, tras la sevillana Sagrario Rodríguez quien, además, es árbitro internacional.

Para conseguirlo, hubo de obtener las cuatro normas FIDE. Estas prácticas, que le validan para dirigir torneos de la Federación Internacional de Ajedrez, consisten, entre otros aspectos, en arbitrar partidas de 90 minutos más 30 minutos por jugador y de 9 rondas. Toñi ha jugado al ajedrez, pero no a nivel competitivo, y su afición al conocido como deporte-ciencia se lo debe a su propio hijo quien comenzó con 12 años y con 16 años, se proclamó campeón absoluto de Almería por primera vez.

Rosana Cruz, de 40 años, se aficionó a los deportes de contacto sin más pretensiones que las de llenar su tiempo libre y mantenerse en forma. Practicó varios pero se decantó por el boxeo, un deporte con una fuerte e histórica vinculación masculina.

En 2014, tomó una decisión transcendental. Se saltó todas las barreras de la incomprensión y sin importarle ni un ápice lo que dijeran o pensaran los demás, se cargó de valor y seis meses después, su deseo se hizo realidad. Se convirtió en la primera mujer almeriense en posesión de la licencia de juez-árbitro de boxeo. Un deporte, el de las 12 cuerdas, que nunca ha practicado de forma federada, pero que no tiene dudas ni de su limpieza ni de la nobleza de quienes lo practican, que ama sin concesiones, y considera un arte.

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