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Sonrisas y lágrimas en las pasarelas

  • 2017 ha sido un año trágico para el mundo de la moda, con desapariciones que han marcado un antes y un después 

David Delfín, uno de los diseñadores fallecidos durante el 2017. David Delfín, uno de los diseñadores fallecidos durante el 2017.

David Delfín, uno de los diseñadores fallecidos durante el 2017.

Los amantes de la moda han llorado en 2017 la muerte de los diseñadores Azzedine Alaïa, David Delfín, Laura Biagiotti, Ocimar Versolato, Herve Léger y de la modelo Bimba Bosé, pero han alumbrado una sonrisa con la llegada de Kaia Gerber, hija de Cindy Crawford, y con Jeremy Meeks, el preso más guapo del mundo.Enero de este año empezó entre lágrimas, la triste noticia del fallecimiento de Bimba Bosé, modelo, diseñadora, DJ, actriz y cantante, sobrina del también cantante Miguel Bosé se despedía de la vida a los 41 años a consecuencia de un cáncer de mama. La modelo residió durante años en Nueva York y desfiló para destacadas firmas como Gucci.

Tras su marcha, el 3 de junio, también se despedía de la vida su gran amigo, David Delfín, diseñador español con gran capacidad para absorber referencias y estéticas urbanas.

Autodidacta, Delfín, que desfiló en la Gran Manzana, llegó a la moda a través de la pintura, se enorgullecía de ser un diseñador “conceptual” al que lo único que le interesaba era crear moda llena de contenidos.

Unos días antes, el 26 de mayo, la diseñadora Laura Biagiotti, reina del cachemir, moría a los 73 años, tras sufrir un infarto cerebral.

Biagiotti, que siguió los pasos de su madre, consiguió dar un aire nuevo a sus colecciones e impulsarlas más allá de las fronteras italianas, además de triunfar en el campo de los perfumes con fragancias como “Roma”, dedicada a su amada ciudad.

El diseñador francés Hervé Peugnet, autor con su marca Hervé Léger del vestido “bandage”, una emblemática prenda que se ajustaba como una faja al cuerpo femenino, moría en París a los 60 años.

Las creaciones de Alaïa, artesano y artista, que reinventó la silueta femenina en la década de los 80, eran con una segunda piel

El vestido por el que se hizo famoso, clonado en numerosas ocasiones por firmas de bajo coste, ha visto en las modelos Cindy Crawford o Giselle Bündchen algunas de sus máximas exponentes.El pasado mes de noviembre, el diseñador tunecino Azzedine Alaïa, conocido como el escultor del cuerpo femenino, moría también en París, a los 77 años.

Las creaciones de Alaïa, artesano y artista, que reinventó la silueta femenina en la década de los 80, eran con una segunda piel, muy deseadas, un trabajo que le permitió estar en el Olimpo de la alta costura.Y rozando el final del año, el 9 de diciembre, el diseñador brasileño Ocimar Versolato, quien dirigió la línea femenina de la firma Lanvin, fallecía a los 56 años de edad, víctima de un aneurisma.

Casualmente, Versolato, que trabajó un tiempo junto al también fallecido Hervé Léger, abrió su propio espacio en la ciudad del Sena y ganó fama con vestidos creados a partir de la técnica “moulage”, es decir, el montaje de la ropa directamente sobre el cuerpo de la mujer.

Pero la sonrisa y la ilusión se recupera con la llegada a las pasarelas de la modelo Kaia Gerber, hija de la mítica “top” de los 90, Cindy Crawford que, con tan solo dieciséis años, ha debutado en las pasarelas internacionales y fue la gran protagonista de la Semana de la Moda de Nueva York.

De la mano de la firma Calvin Klein, a los mandos de Raf Simons, la joven Kaia Gerber se subía por primera vez a la pasarela para exhibir un estilismo muy juvenil, elaborado con unos pantalones amarillos y una camisa negra con detalles blancos.

Otro de los momentos importantes para Gerber fue cuando abrió el desfile de Alexander Wang, en el que la joven modelo derrochó seguridad y la misma soltura de su madre, hace más de 20 años.La felicidad también se impuso cuando en el mes de febrero Jeremy Meeks, el calificado por la industria de la moda como el preso más guapo del mundo, debutó en la pasarela neoyorquina con ropa del diseñador Philipp Plein.

Fue la fotografía de su ficha policial la que le abrió las puertas de la moda para quien Meeks tenía madera de modelo, de “sex symbol” por sus facciones marcadas, ojos azules y ese aspecto de chico malo acentuado con potentes tatuajes.

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