Relevo generacional

Juan José y Rubén: savia nueva para una agricultura de futuro en Almería

  • Sin ayuda y con mucho esfuerzo, estos dos jóvenes agricultores han llegado al gremio salvando todos los obstáculos

  • Piden la ayuda y el asesoramiento que ellos no han tenido para los que están por llegar

Rubén González (izquierda) y Juan José Del Águila (derecha), dos jóvenes agricultores de la capital. Rubén González (izquierda) y Juan José Del Águila (derecha), dos jóvenes agricultores de la capital.

Rubén González (izquierda) y Juan José Del Águila (derecha), dos jóvenes agricultores de la capital. / Reportaje fotográfico: Javier Alonso (Almería)

El campo almeriense tiene una de sus asignaturas pendientes en el relevo generacional. En un sector en el que la media de edad es elevada, la llegada de jóvenes para asegurar su futuro y competitividad es uno de los aspectos que más preocupan, ya que es clave por el papel que desempeña como principal motor económico de la provincia de Almería.

Además, y es algo de lo que hay que ser consciente, son ellos, los jóvenes, los que están capacitados para dar ese salto de calidad a un modelo que requiere de más aptitudes técnicas para competir en un mercado donde el valor añadido será clave para ganar cuota frente a terceros países.

Ese relevo, aunque a pequeños pasos, se está dando y lejos de los que se podrían pensar no siempre se da en casos en los que la agricultura ha pasado entre generaciones. Un ejemplo de ello está en la Vega de Allá y sus protagonistas tienen nombre propio: Juan José del Águila y Rubén González, primos y jóvenes agricultores de 31 y 32 años, respectivamente, que han llegado a esta profesión sin ser inculcada por sus progenitores, puesto que no se han dedicado nunca a ella.

Ambos agricultores forman parte de la comunidad de la vega almeriense. Ambos agricultores forman parte de la comunidad de la vega almeriense.

Ambos agricultores forman parte de la comunidad de la vega almeriense.

No sin un gran sacrificio han logrado ir saliendo adelante, y pese a que se han encontrado con más trabas que facilidades para emprender en este gremio, se puede decir que hoy día están totalmente asentados.Ambos socios de CASI desde que comenzaran su andadura, en el caso de Juan José el contacto con el campo le viene desde muy pequeño por su abuelo materno, donde ya con cuatro o cinco años se le podía ver arrimado a Juan Ventura, que además fuera en su día presidente de la cooperativa y cuyas tierras hoy es él quien trabaja. “Mi abuelo hizo toda la vida tomate y yo he continuado con su senda, ya que él fue uno de los pioneros del cultivo en esta zona con invernadero. Fíjate que hasta su madre, mi bisabuela, fue la primera mujer socia de la CASI”, cuenta con un gran orgullo el joven del Águila. “Mi familia no ha sido tan exitosa”, interviene su primo Rubén entre risas, al que el vínculo también le por segunda generación, por sus abuelos también maternos, cuyas tierras en Los Llanos de La Cañada las comenzó a trabajar su hermano.

Lo curioso en ambos casos es que ninguno de sus progenitores ha formado parte del sector y han sido otros vínculos familiares los que han terminado por ser decisivos en el caso de estos dos profesionales, que tienen en común su amor por el campo desde que casi tienen uso de razón.

Pese a su edad, la trayectoria que llevan ambos tras de sí ha sido dispar y en el plano profesional muy lejos de la agricultura. “Yo nací en Guadalajara y me vine con 10-11 años. Fue ahí cuando comencé a sembrar tomates con mi abuelo, y también con una gran influencia de mi tío, que también trabajaba la tierra, aunque mi trayectoria profesional me llevó por otros derroteros”, cuenta Juanjo del Águila.

El agricultor Juan José del Águila. El agricultor Juan José del Águila.

El agricultor Juan José del Águila.

“A mi siempre me gustó. Yo trabajé en una oficina internacional de patentes durante ocho años y cuando terminaba de trabajar me iba al invernadero de mi hermano mayor y mi tío a ayudar y aprender, porque me encantaba”, recuerda Rubén, quien se quedó sin trabajo por circunstancias de la propia empresa y fue ahí cuando decidió, aprovechando el paro y que tenía solo 27 años, convertirse en profesional de la agricultura. “Era algo que siempre quise, incluso más de una vez pensé dejar el trabajo en la oficina y comenzar, pero siempre me faltó dar ese paso. Cuando llegó el despido no lo pensé: era el momento”. Desde luego, la vocación distingue también a estos dos jóvenes, quienes siempre han disfrutado con el milagro de la naturaleza que se vive en el campo.

“Es algo que te tiene que gustar mucho. Es un trabajo duro pero muy bonito. Requiere de una gran dedicación y no admite fallos, porque puede ser fatal. Son muchos dolores de cabeza”, apunta Juanjo, que sufrió de una importante virosis hace dos campañas, donde tuvo que arrancar parte de su plantación, pero consiguió salir adelante. “Es más, fue mi mejor año”. Circunstancias estas que han hecho que estos jóvenes se den de bruces con la realidad del agro, pero que lejos de tirar la toalla, les ha hecho más fuertes aún.

Al igual que Rubén, Juanjo tampoco estuvo ligado a la agricultura. En su caso pasó casi una década trabajando en el aeropuerto para una empresa subcontrata donde desarrollaba las labores de maletero. “Fueron muchos años, y llegué a compaginarlo con el invernadero. Allí empecé con 18 años y con 22 ya estaba enrolado en la tierra, ya que podía permitirme compaginarlo al no estar a jornada completa”, recuerda este joven que se dedicó durante mucho tiempo a la carga y descarga de aviones. Lo peor, recuerda, “meterte en huecos muy pequeños”. Lógico y es que queda de manifiesto simplemente con ver sus casi dos metros de estatura.

El agricultor Rubén González El agricultor Rubén González

El agricultor Rubén González

Juanjo con 7.500 metros cuadrados de tierra en la Vega de Allá destinados al tomate suelto y Rubén con dos fincas arrendadas con las que suma hectárea y media, en las que cuenta con rama y rosa en este momento; se puede decir que se han buscado la vida para prosperar en este gremio.

Reconocen que el acceso a esas ayudas que tanto se promocionan no es fácil, y es tal la burocracia que terminas recurriendo a tu ingenio, necesidad y buscas el asesoramiento donde puedes.

En este sentido, “los técnicos de la cooperativa han ayudado mucho. Y bueno, en nuestro caso, el ligero conocimiento que teníamos ha sido esencial. No es fácil”. “Poco a poco vas creciendo, vas conociendo nuevas herramientas y, como todo, cuando te equivocas es cuando más aprendes”, reconoce Juanjo, quien al comenzar algo antes en el gremio también ha ayudado a su primo Rubén en lo que ha podido para que él echara a volar de manera autónoma con un gran éxito, fruto del trabajo que realiza pese a su juventud.

Para ambos, una de las cosas que más les ha llamado la atención desde que llegaron a la profesión es “la gran competitividad incluso entre los propios agricultores. Echamos de menos algo más de asesoramiento. Da la sensación de que cada uno lleva sus cosas un poco en secreto, entiendo para que no te copien.

Cuando para mí lo mejor es ayudarse unos a otros”.Pese al poco tiempo que llevan en el sector, la enseñanza para los dos ha sido abrumadora. Por ejemplo, en el caso de Rubén, tuvo el valor de invertir sus ahorros para alquilar la tierra que trabaja y, pese a unos inicios muy complejos, ha vencido todos los obstáculos. 

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