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Las consecuencias del cambio climático en la hortofruticultura

  • El director del centro experimental de Cajamar en Valencia analiza los principales impactos

Carlos Baixauli (izqda), director de la Estación Experimental de Cajamar en Paiporta. Carlos Baixauli (izqda), director de la Estación Experimental de Cajamar en Paiporta.

Carlos Baixauli (izqda), director de la Estación Experimental de Cajamar en Paiporta. / diario de almería

"Como consecuencia del proceso global de industrialización, la temperatura en la atmósfera se viene incrementando a un ritmo históricamente desconocido en las últimas décadas, debido al efecto invernadero provocado por la emisión de gases como el dióxido de carbono, metano y óxido nitroso. El calentamiento global es un aspecto fundamental para la agricultura venidera, que está afectando a frutas y verduras, a la agricultura en general y de lleno a la mediterránea, por lo que será muy importante adaptar adecuadamente el sector agrícola con el objeto de asegurar la producción de alimentos". De esta forma arranca Carlos Baixauli, director de la Estación Experimental de Cajamar en Paiporta (Valencia), un artículo que acaba de publicar en la web corporativa de la caja rural almeriense.

Baixauli analiza las consecuencias del cambio climático en la hortofruticultura mediterránea y apunta que con él pueden crecer las enfermedades no parasitarias que son muy variadas, pero que generalmente se reducen a las desfavorables condiciones del medio. Entre las causas más frecuentes de estrés en las plantas destacan el estrés hídrico, las bajas o altas temperaturas, la salinidad y la acidez de los suelos.

Estrés hídrico, bajas o altas temperaturas, salinidad y acidez en los suelos, las claves

A su juicio, determinados agentes no parasitarios, como el granizo, las heladas, los problemas nutricionales o problemas fisiológicos, conocidos como accidentes o fisiopatías, pueden afectar a numerosas especies. Entre otros, cita los denominados 'tipburn', podredumbre apical 'blossom end rot', planchados o golpes de sol, agrietados y ahuecado de los frutos, que se producen tanto en frutas como en hortalizas. En el caso del tomate, la incidencia de elevadas temperaturas, superiores a 35 °C, disminuye la viabilidad del polen. La floración, su cuaje o polinización con esas temperaturas también se aminora, lo que tiene un impacto importante sobre el rendimiento productivo y, consecuentemente, poniendo en entredicho la viabilidad económica de muchos productores, señala.

Las frutas y hortalizas en general requieren de un suministro regular y uniforme del agua que asegure un flujo adecuado a través de la planta, para que los procesos fisiológicos de floración, cuajado y engrosamiento del fruto, o los desórdenes como la podredumbre apical del fruto y/o agrietado del mismo, y en definitiva la cosecha y su calidad no se vean afectados negativamente.

Si los cultivos están al aire libre hay muchas situaciones de estrés, la mayor parte, se mantiene en un corto período de tiempo, pero frecuentemente se dan a la vez varios estreses. Cuando la temperatura supera los 35 ºC puede producirse una situación de estrés por alta temperatura unida a otra de déficit hídrico, de absorción de nutrientes por la raíz y desequilibrios hormonales que pueden complicarse con vientos fuertes, aguas de mala calidad. En el caso de la lechuga, se ha comprobado que con temperaturas superiores a 30 ºC puede manifestarse una peculiar fisiopatía, conocida como 'tipburn', en forma de quemaduras o necrosis en los extremos y márgenes de las hojas, consecuencia de que el metabolismo normal de la planta se altera, se liberan ácidos orgánicos que quelatan el calcio, que no se puede traslocar adecuadamente. Esta fisiopatía también ha sido constatado en elevadas temperaturas en col china, tomate, pimiento o berenjena, donde ciclos con altos saltos térmicos y elevadas temperaturas, en cultivo tanto al aire libre como bajo invernadero, pueden incrementar la incidencia por esta fisiopatía. El estrés osmótico creado por la salinidad en la zona radicular dificulta la toma de agua por las plantas y también la absorción de calcio, aumentando este tipo de alteraciones, lo que puede suceder con niveles suficientes de este elemento en el suelo.

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