Coronavirus Almería

Alta, con vídeo y aplausos, para "los abuelos" : juntos vencen al coronavirus

  • Un matrimonio almeriense se salva tras permanecer ingresados 17 días. Se encuentran bien, ya en casa y muy agradecidos al personal sanitario de la Clínica Mediterráneo

Brígido Rodríguez y, al fondo, su mujer, María Teresa López, en el momento de abandonar la Clínica Mediterráneo Brígido Rodríguez y, al fondo, su mujer, María Teresa López, en el momento de abandonar la Clínica Mediterráneo

Brígido Rodríguez y, al fondo, su mujer, María Teresa López, en el momento de abandonar la Clínica Mediterráneo

Los aplausos han elevado su significado en los pasillos de los hospitales, donde son onomatopeya de vida. De la lucha, del renacer, del regreso a casa. Y, a veces, cuando la vida pende de un hilo, de milagro. Se crea o no en ellos, los aplausos han resonado en la Clínica Mediterráneo. Es la mejor banda sonora para el vídeo que el personal sanitario ha grabado en celebración de la palabra, en mayúsculas, VIDA. Es el alta médica de Brígido Rodríguez y María Teresa López, un matrimonio almeriense que se encuentra ya en casa, a salvo, después de 17 días de lucha desde la tercera planta contra el coronavirus y pronóstico de gravedad.

Alta médica por COVID-19 entre aplausos

El vídeo podría haberse quedado en el ámbito particular, como recuerdo agridulce de cada uno de esos 17 días de angustia, también para sus hijos y nietos, con final feliz. Pero Brígido y María Teresa lo han querido compartir en generoso gesto. Por inyectar un balón de oxígeno a otros pacientes que aún continúan ingresados, un mensaje de esperanza que pueda apaciguar, de algún modo, la incertidumbre de los familiares y amigos. Y, sobre todo, por agradecimiento a todo el personal sanitario que les ha atendido. Que les ha salvado.

“Se han desvivido por nosotros, siempre dispuestos. Queremos hacer llegar nuestra infinita gratitud a ese maravilloso equipo de médicos y enfermeras que nos ha estado atendiendo de una forma como nunca hubiéramos pensado”. Son las palabras del audio que, a través de Whatsapp, este matrimonio hacen llegar para la confección de este artículo. La voz es de Brígido. Le cuesta hablar, depende aún del oxígeno. Se esfuerza, pero quiere hacerlo y se concentra en cada palabra pronunciada porque su deseo es que este mensaje llegue a la dirección de la Clínica Mediterráneo, a la ‘familia’ de los hospitales en general, a Sanidad, “en reconocimiento a todas las personas que pone en riesgo sus vidas para salvar las nuestras”.

Ellos lo pueden hacer, ahora que vuelven a subir en la noria de la vida. Habían hecho un viaje de cuatro días a Barcelona en el mes de febrero. No se sabe si fue allí, pero es una probabilidad que se cruzaran con el coronavirus. Los síntomas de la infección comenzaron a los 20 días de regresar. Los síntomas de Brígido dieron aviso el 15 marzo. La fiebre hacía su aparición el lunes 16. Los de María Teresa, un par de días después. Permanecieron aislados en el domicilio, cumpliendo con lo aconsejado en todos los medios informativos y también siguiendo consejo de médico por vía telefónica. “Después de unos días con paracetamol y fiebre, veíamos que no mejorábamos”, explica. Lo cierto es que empeoraban.

Voluntariamente, acudieron a Urgencias de la Clínica Mediterráneo. “Nos dejaron ingresados sobre la marcha a los dos, en manos de esta personas tan preparadas y tan graciosamente expresivas para con nosotros”. Brígido tenía un diagnóstico más delicado y ya detectaron inicio de neumonía. “Al día siguiente llegaron los temidos resultados del test: positivo para Covid 19 y el ingreso hospitalario, aislados en planta tercera y atendidos en todo momento por el equipo de intensivistas y médicos de planta”, comentan su hijo David y su nuera Mercedes, quienes en nombre de la familia y amistades añaden su gratitud por la atención recibida en momentos que han sido extremadamente delicados, y difíciles de gestionar emocionalmente, en los que la información diaria que han ido aportando los médicos a través del teléfono les servía de ojos en esa distancia donde no son posibles los abrazos ni las manos estrechadas.

Pero a pie de cama, Brígido, cuya recuperación ha asombrado a los médicos, ha tenido a la mejor enfermera: “La abuela Teresa ha sido su cuidadora número uno y se ha portado de manera ejemplar”. Cuentan las enfermeras que ni una queja en esos eternos 17 días, sin dejarse vencer por el miedo. Ahora sonríe, tranquila, y devuelve los aplausos al equipo sanitario. Por sus vidas.

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