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La 'Casa de Sol', cobijo de madres adolescentes

  • Manos Unidas ha financiado la 'Maison du Soleil', donde las jóvenes que han sido rechazadas o han sufrido abusos pueden proyectarse en un futuro mejor junto a sus hijos

CUANDO una madre rechaza los primeros latidos de vida de un hijo es porque la historia que hay detrás puede ser terrible. Vanessa no puede contener las lágrimas mientras entrecruza sus manos y recuerda cómo fue violada y abandonada por su tía tras quedarse embarazada. Le atormenta su futuro fuera del que ha sido su refugio durante nueve meses, la Maison du Soleil (Casa de Sol) de Cotonou en Benín, un hogar donde la congregación de las salesianas acoge a jóvenes durante la gestación y posteriormente con sus bebés.

Su ritmo es pausado y su mirada perdida refleja que su sufrimiento, a sus 16 años, es más doloroso que una persona a esa edad puede asumir. "Después de finalizar la Primaria, me fui a casa de mi tía para mejorar mi vida y un vecino de ella me violó. Cuando me quedo embarazada, mi tía me echa de la casa y me dijo que volviera con mis padres. A mi padre casi no lo conozco y mi madre estaba con otro hombre", explica.

Paso a paso, Vanessa deambulaba sin rumbo fijo, solo quería ese abrigo que da el calor de un hogar. "Comencé a caminar, encontré a un hombre al que le conté mi historia, me habló del servicio de protección del menor y ya ellos fueron lo que me trajeron hasta aquí".

La joven ha encontrado un lugar donde sentirse protegida y cuidada. La Maison du Soleil le ha abierto las puertas para comenzar una vida llena de oportunidades: "Me acogieron muy bien. Estoy aprendiendo el oficio de la cocina y me gustaría trabajar en un restaurante". Aunque valora positivamente su estancia reconoce que "cuando tuve a mi hija, Aicha, no quería ni verla, no la quería. Ahora ya la cuido y me encargo de todo lo que necesita". Aunque tiene clara su vocación como cocinera, ella sabe que el fin de su estancia está cada día más cerca: "Este hogar es como una familia. El problema es cuando acabe. Cuando acabe, buscaré algo. Es difícil que me reintegre con mi familia por la situación que hay".

Manos Unidas ha colaborado para que este proyecto de las salesianas sea una realidad en forma de hogar para madres jóvenes: Una casa de acogida de dos plantas y un edificio con sala de formación y de atención. Actualmente, residen 10 niñas menores de 18 años y el periodo aproximado que permanecen es de seis a nueve meses. Normalmente, son jóvenes que han sido víctimas de abusos o violencia, embarazos no deseados y rechazadas por sus familias. El director de la casa, Micdadou Coulibaly, explica que "tres de las menores acogidas en estos momentos han sufrido incesto, viniendo principalmente de los nuevos maridos de sus madres y de sus abuelos".

La policía, en este caso, se convierte en la mejor aliada de las salesianas para detectar los casos más urgentes, después de realizar un exhaustivo estudio. "Nos las traen una brigada del menor donde se analizan los casos y trabajan una serie de facetas a través de diferentes profesionales: Apoyo con manutención, cómo defenderse de sus agresores, cómo reclamar la paternidad… Además de formarlas como madres y trabajar la reintegración familiar. Queremos impartirles una educación y unos valores para que no se vuelvan a repetir conductas. El fin último es que esa niña pueda volver a su familia de origen y vuelva a ser acogida en su casa. Como hay muchos casos de violación, el apoyo psicológico es vital. Hacemos terapias de grupo, individuales… Le damos el tiempo necesario para que puedan reconstituir su familia y trabajamos con la familia en el caso que sea adecuado reinsertarla", asegura Coulibaly.

En casos como el de Vanessa, el director apunta que es un trabajo que va poco a poco, aunque "la estancia se puede ir alargando. Realizamos un encuentro con el padre y la madre para ver si pueden volver a casa sin problemas. Los casos de incesto son más difíciles. Colaboramos con el Ministerio en la sensibilización con la familia".

El arduo trabajo que realizan con las jóvenes tiene su recompensa y claro es el ejemplo de Olga, de 18 años y con un hijo de 18 meses. La expresión de su rostro es totalmente diferente a la de Vanessa, que se encuentra más metida en sí misma. La joven ya cuenta nueve meses desde que salió de la Maison du Soleil y de la Casa de la Esperanza. Ella llegó a este hogar de las salesianas después de que "el hombre que me dejó embarazada no se hizo cargo de nosotras". Tras su paso, pudo estudiar en el taller de jabonería y montar su propio negocio. "He montado mi propio taller de jabón. Me va genial, le vendo a todo el barrio, a peluquerías y a distintas personalidades que me lo encargan. Estoy con mi familia desde abril y mi objetivo es cuidar a mi niña".

Olga irradia positividad tras su paso por estos centros de acogida y formación: "Hay esperanza, se puede seguir adelante". La visita de la joven sirve para motivar al resto, para hacerles ver que con esfuerzo hay un camino que recorrer junto a sus hijos. "Hay un seguimiento durante seis meses para saber si tienen alguna carencia. No se les pierde de vista. Las invitamos a que vengan, hablen con las chicas. Vienen con sus bebés y así vemos si están bien", afirma el director.

Mientras tanto, justo al lado, se ubica la Casa de la Esperanza, donde estas madres y otros jóvenes adquieren formación en bollería, panadería, pastelería, cocina y jabonería. Su directora, Fanny Ogoun, señala que "son nueve meses más tres de prácticas. Son sesenta plazas y la cocina es el taller más solicitado. Cuando vienen los jóvenes realizamos una asistencia social sobre los cursos y le damos un tiempo para reflexionar. Además dentro de los cursos, hay cursos de psicología, sanidad, sociales… Después obtienen un diploma y utensilios para empezar un negocio. Tienen un curso donde les ayudan a buscar su propio trabajo. Si no encuentran trabajo, les acompañamos a buscarlo. Las empresas saben que están bien preparados y un 70% obtiene un empleo".

Uno de estos talleres también fue aprovechado por Abla, una chica que se formó en pastelería y trabaja de ello en Benín. Esta joven, de 16 años, y procedente de Togo, fue víctima de trata y el internado de las salesianas de Don Bosco ha servido para que la joven saliera de esta situación. Ofrecen un hogar a niñas de hasta 17 años que han sido víctimas de tráfico infantil, explotadas o maltratadas.

Abla fue secuestrada junto a su hermano cuando tenía solamente 9 años y fue vendida en Nigeria. "Estuve 5 años realizando las tareas domésticas para una señoría, no salía de la casa, no conocía ni el barrio. Un día en el mercado de Nigeria fui a comprar y la policía me vio. No sabía ni volver a mi casa. El Servicio de Protección del Menor fue el que me llevó al internado", cuenta. Su padre llevaba buscándola desde que se la arrebataron y una casualidad llevó a escuchar un anuncio en la radio que habían puesto las salesianas para volver a encontrarse con su hija este año.

El primer reencuentro fue el pasado 27 de noviembre en Benín. "Esa será la fecha de mi cumpleaños porque no se acordaban de cuándo era. Recordaba algo la cara de mi madre. Era complicado comunicarme porque no entendía la lengua local. Me gustaría ver a mi familia, pero estar un mes y volverme. Quiero seguir formándome y mi jefa está contenta conmigo".

En todos los proyectos de acogida de las salesianas han ayudado a unas 20.000 menores en los últimos 16 años. Manos Unidas ha colaborado con este centro con la ampliación. Concretamente, ha financiado la construcción del piso superior del hogar de acogida, con el objetivo de aumentar en 30 niñas la capacidad. En esta habitación se da cabida a una habitación para 30 niñas, letrinas, duchas y cuatro habitaciones individuales para las educadoras. "Doy las gracias a las hermanas porque soy consciente de lo que han hecho por mi, que Dios las acompañe", concluye Abla.

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