Almería

3II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOSer discípulo en las pequeñas fidelidades

3II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOSer discípulo en las pequeñas fidelidades 3II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOSer discípulo en las pequeñas fidelidades

3II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOSer discípulo en las pequeñas fidelidades

Comenzamos leyendo un relato de la vocación de los primeros discípulos. Un evangelio que es una llamada a poner nuestra mirada en Cristo, a conocerlo y reconocerlo en nuestra vida para poder seguirlo. Dice el relato que Jesús, tras su bautismo, pasaba desapercibido, y solo Juan lo conoce. Él nos recuerda que cuando se espera de verdad y se busca, se le puede encontrar donde otros no reconocen su presencia. Identificar a Jesús, ayer y hoy, es tarea de quien le busca, de quien trata en amistad con él, y puesto que lo conoce, lo puede proclamar. Buscar al Señor en la vida cotidiana, tener experiencia de él, y proclamarlo a los demás, son las actitudes que, al comenzar el tiempo ordinario, nos reclama la palabra de Dios.

Por otra parte, la liturgia de este domingo nuevamente pone ante nuestra mirada la figura del Bautista. Juan se presenta como aquél que da testimonio, y que nos descubre un aspecto importante de la misión: señalar con la propia vida, no solo con los discursos, la presencia salvadora de Dios en nuestra historia. El testimonio comienza, pues, en la intimidad del encuentro con Dios. Pero no se detiene ahí, se abre a la vida. Siempre habrá una seguridad que abandonar, una actitud de comodidad que es preciso superar, un miedo que necesitamos vencer.

¡Qué importante es el encuentro personal con el Señor! Aquellos primeros discípulos que lo experimentaron, nunca olvidaron que fue en torno a la «hora decima» (las 4 de la tarde). Como todo acontecimiento que marca nuestra vida, ese recuerdo permanece en ellos, y nos indica que todos podemos tener en nuestra vida "una hora decima", un momento fuerte de encuentro con él, que llene de sentido nuestro caminar y nos sostenga en los momentos difíciles.

Así pues, la experiencia personal («venid y lo veréis») y el testimonio son los dos caminos fundamentales por donde hoy debe pasar la evangelización. No hay que aspirar a grandiosas empresas; un creyente es testigo en las pequeñas fidelidades, sabiendo que el servicio que se rinde al prójimo más cercano, se convierte en un servicio a la humanidad entera.

Juan lo presenta como «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Para quien le escuchaba, cordero de Dios hacía referencia, no solo a la mansedumbre y obediencia, sino al cordero pascual, cuya sangre liberó al pueblo de Israel de la muerte, y cuya carne fue alimento para el mismo pueblo al comienzo de su éxodo de Egipto (Ex 12,1-4). Es así como Juan nos adelanta la misión de Jesús: Él será quien, con su muerte y resurrección, libere y alimente a los que crean en Él. Las primeras palabras que Jesús pronuncia en el evangelio de Juan, «¿qué buscáis?», son palabras que tocan las raíces mismas de nuestra vida. Ojalá que nuestra respuesta, como la de Juan y los primeros discípulos, pueda consistir en descubrir en Él al Hijo de Dios, y seguirle.

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