Coronavirus Almería Grupo siempre positivo

  • El donante siempre está presto y dispuesto en las situaciones de emergencia y responde a la llamada

Donación en el Centro de Transfusión Sanguínea de Almería Donación en el Centro de Transfusión Sanguínea de Almería

Donación en el Centro de Transfusión Sanguínea de Almería / Rafael González (Almería)

Para convertirse en donante primero hay que superar el miedo escénico a la aguja, a ese pinchazo que te abre la vena para que mane la sangre hasta rellenar una bolsa de 460 mililitros, medio litro en total teniendo en cuenta las muestras. Superada esa fobia y la del posible mareo, quien dona una vez se fideliza de por vida.

“Hola, te escribimos desde el Centro de Transfusión Sanguínea de Almería. Nos ponemos en contacto contigo porque necesitamos que continúen las donaciones de sangre. Por eso te pedimos que, si no has tenido fiebre o problemas respiratorios durante los últimos 14 días, o has estado en contacto con alguna persona enferma de COVID-19, acudas a donar sangre. Si no has donado en los dos últimos meses, y no has donado sangre más de 3 veces en el último año si es mujer; o 4 veces, si es hombre, puedes donar. Estamos dando cita para que no se acumule más de cuatro personas a la vez. ¿Podríamos contar contigo?”.

El whatsapp me llega el 13 de abril a las 19:27 horas. Sin pensarlo dos veces les contesto que cuando haga falta. Me citan para el jueves 16 a las 12:00 y me especifican que puedo mostrar el mensaje a los agentes de la autoridad en caso de ser necesario para justificar el desplazamiento.

Casualmente una compañera está elaborando un reportaje acerca de las donaciones en esta época de coronavirus y acordamos que narre mi experiencia en primera persona. Aviso al fotógrafo para que me acompañe ese día y obtenga material gráfico.

Llegamos a la hora indicada y comprobamos que tal y como nos habían contado se han tomado medidas específicas para evitar acumulación de gente en la sala al objeto de poder mantener las distancias de seguridad. Dan las citas espaciadas y a un número concreto de personas. Allí solo coincido con otro donante.El director del centro nos muestra que han habilitado la sala de juntas también para desarrollar el proceso en caso de necesidad.

En el banco de sangre no faltan existencias, pero siempre es mejor prevenir que curar y el estado de alarma ha motivado que mucha gente se lo piense dos veces. Tras el chequeo de datos personales te piden la firma de conformidad previo paso por el gel hidroalcohólico para desinfectar posibles agentes patógenos.

Al acceder a la sala una sanitaria te toma la tensión y te hace una pequeña punción en un dedo para descartar algún tipo de anemia. A las preguntas habituales de si tomas cualquier tipo de medicación o has pasado por el quirófano, añaden si has tenido fiebre en las dos últimas semanas, has viajado a alguna zona delicada o has tenido contacto con algún contagiado.

Una vez testado eliges brazo (para sentarte en uno u otro sillón) y se inicia el procedimiento. Me llama la atención un cartel colgado en la pared, “mi grupo es siempre positivo”, y recuerdo que soy de los ‘raros’ (0 negativo, sangre que le vale a todos y es apreciada en urgencias) mientras veo a Susana Grisso dar el recuento de las últimas víctimas mortales del dichoso bicho.

En apenas cinco minutos el proceso ha concluido. Me tomo un par de pasteles para que suba un poco el azúcar y recuerdo la figura de Norman Bethune, a quien homenajeo con cada donación.

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