Almería

Multitudinario funeral en Berja de la mujer y el niño asesinados

  • Los vecinos creían que se llevaban bien y hablan de un posible caso de locura · Un hombre pidió justicia a gritos en la iglesia virgitana · El Ayuntamiento decreta tres días de luto oficial

La imagen de Irene, la joven de 16 años que se libró del mortal ataque a cuchillo de Cristóbal gracias a que poco antes había salido de casa para ir al instituto, llorando destrozada sobre el féretro de su madre, Mercedes G.C., y el inmaculadamente blanco y pequeñito ataúd de su hermano Cristóbal, de tan sólo cinco años, fue el resumen del inmenso dolor que se vivió ayer en Berja, una ciudad consternada por el asesinato de madre e hijo a manos de su padre en la capital almeriense. En las coronas de flores los recuerdos de abuelos y tías, el instituto, hermanas y familia. Unas dos mil personas llenaban el templo y la plaza del ayuntamiento. Varios vecinos afirmaban que "se llevaban bien, se llevaban muy bien, algo le tuvo que pasar a Cristóbal para hacer esa barbaridad. Nosotros hemos subido con ellos al cortijo y se llevaban perfectamente.

Alguna locura le ha dado a Cristóbal", no cesaban de repetir quienes conocían a la familia, intentando buscar una explicación a los trágicos hechos. A las seis de la tarde, una hora después del comienzo de los oficios religiosos en la parroquia de La Anunciación, un atronador aplauso de cientos de personas despedía en la plaza del ayuntamiento, donde se encuentra la parroquia virgitana, el cortejo fúnebre con los dos féretros, camino del cementerio local, donde acudieron también cientos de personas para acompañar a los familiares en la última despedida. Una iglesia repleta de fieles testimoniaba lo queridas que eran las víctimas en el pueblo. Sin poder contener el dolor las familias participaron del funeral, siendo visibles las lágrimas de los parientes del autor de las muertes, quienes tampoco se explicaban los dramáticos acontecimientos. En la iglesia un portavoz de la familia agradeció públicamente las innumerables muestras de cariño y de dolor que recibieron desde que se conocieron los hechos, y también especialmente las gestiones realizadas por el alcalde Antonio Torres, quien por problemas de salud no pudo acudir al funeral, así como de Manuel Ceba, toda una institución en Berja por sus largos años de alcaldía y su paso por la delegación provincial de Justicia de la Junta de Andalucía, así como a toda la corporación local y al pueblo.

Tanto Irene como su abuelo, el padre de su madre, se fundieron en un doloroso abrazo ante los cuerpos sin vida de sus seres queridos, hasta que la joven, que no podía tenerse en pie al haberle destrozado la vida el asesinato de su madre y su hermano a manos de su padre, fue separada de los féretros a los que no cesaba de agarrarse. Durante el funeral el silencio fue sepulcral, aunque sólo una voz se alzó entre los bancos repletos de feligreses para pedir justicia a gritos. A la salida de los cuerpos hubo varios comentarios de vecinos mostrando los peores deseos para Cristóbal, que había acabado con la vida de su hijo y su mujer.

Era muy difícil contener las emociones en esos momentos. Tampoco parece que fueran razones económicas la causa de los mortales ataques, puesto que Mercedes trabajaba como reponedora de estantanterías en el centro comercial Alcampo de la capital almeriense, donde Cristóbal era vigilante de seguridad, el mismo lugar donde se habían conocido, casándose al haber concebido ambos al pequeño Cristóbal. Irene era fruto de la relación de otro matrimonio anterior, pero su dolor quedó patente en el funeral. Por alguna razón que quizá sólo sepa ya el agresor, esta familia que se consideraba modélica entre el vecindario, ha quedado truncada por la tragedia. En sus palabras, el párroco hizo una profunda reflexión sobre la violencia humana, afirmando que "venimos ante los trágicos sucesos cargados de dolor, de consternación, con un corazón que casi no puede soportar tanto dolor ante la muerte de esta madre y de este hijo. Constatamos una vez más el mal que hay en el mundo, un mal que no podemos achacar a Dios sino que procede del corazón del hombre, que necesita cambiar y purificarse. La falta de principios morales sólidos y el falso concepto de libertad nos están haciendo creer que la única máxima de vida es la libertad sin límites y la difusión tan abundante a través de los medios de comunicación hace que cada vez se tienda a normalizar cualquier formal de mal".

Por la mañana el pueblo de Berja se concentró guardando dos minutos de silencio a las puertas del ayuntamiento y medio millar de personas asistían a la lectura de un manifiesto de repulsa y se concentraban en dos minutos de silencio en la localidad para condenar el "vil" asesinato de Mercedes G.C. y su hijo, cuyos cuerpos recibían sepultura pasadas las 18:30 horas en el cementerio municipal.

El lunes a las ocho de la tarde se concentra en el Mirador de la Rambla de la capital la Plataforma contra la Violencia de Género para guardar un minuto de silencio y mostrar la repulsa de Almería por estos crímenes ocurridos en la barriada de la Plaza de Toros de la ciudad. El alcalde, Antonio Torres, recordó que toda la familia de la mujer, de 35 años, reside en la localidad, por lo que la "consternación en grande". El Ayuntamiento de Berja ha decretado en una sesión de pleno extraordinaria tres días de luto oficial, durante los cuales las banderas van a ondear a media asta. La corporación local ha decidido suspender, asimismo, los actos para conmemorar el cuarto centenario de la expulsión de los musulmanes de la localidad virgitana. El presunto autor del doble apuñalamiento, que permanece detenido a la espera de pasar a disposición judicial, intentó huir por la ventana del segundo piso de la vivienda familiar al ser sorprendido por los vecinos que irrumpieron en el inmueble tras escuchar gritos desesperados de la mujer. En su fuga, cayó sobre la acera y se fracturó el brazo izquierdo. Según el relato de los residentes en el número 3 de la Plaza Pi y Margall de Almería, donde residía el matrimonio formado por Cristóbal y Mercedes, a las 08:30 horas comenzaron a oír gritos de la víctima, quien, al verlos en el rellano de la escalera, les advirtió que "le habían matado a su hijo" y les recomendó que volvieran de nuevo a sus casas. Fueron los vecinos los que, al cesar el revuelo procedente del interior del inmueble donde se perpetró el crimen, hallaron los cuerpos sin vida por heridas de arma blanca de la mujer de 35 años y de su hijo, al tiempo que vieron al hombre intentando descolgarse por la ventana de la vivienda, a través de los balcones, aunque cayó al vacío y fue hospitalizado.

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