Almería

Murallas y Castillo de Adra en 1739

  • Ubicación. El castillo está contiguo a la villa por la parte de levante, se compone de una gran batería, capaz para que jueguen diez o doce cañones, bovedada y de gran resistencia

SALVO algunas excepciones, como es el caso de la guerra de las Alpujarras a raíz del levantamiento morisco a finales de 1568, no se reúnen tropas para afrontar peligros internos, sino externos. La presencia de contingentes militares en determinadas plazas del litoral, constituye una medida de precaución. El mariscal de campo marqués de Valdecañas, en la visita/inspección a los sistemas defensivos de la Costa del Reino de Granada del año 1739, manifiesta:

"Cubre la villa de Adra, en distancia de siete leguas, cuarenta y dos pueblos de la Alpujarra.

Por lo que será conveniente no dejar arruinar ni decaer sus murallas, que con poca costa pueden repararse de lo preciso; y, según lo entendido por los prácticos, los reparos más precisos de la villa importarán 14.000 reales poco más o menos, y los del castillo 5.000 reales, que todo hace 19.000 reales".

El marqués de Valdecañas constata el "buen fondo inmediato a tierra, y abrigo de levante"; haciendo una somera pero precisa descripción de las fortificaciones abderitanas:

"La villa de Adra está situada a 44 tuesas de la mar por la parte de levante, que es donde está la batería del castillo, su figura, aunque irregular, cuadrada.

Ceñida de murallas de cal y canto, sencillas hasta una cierta altura pues, para asegurarla de sorpresa de moros, se conoce la han levantado después, y lo añadido es de tapia de hormigón y de mampostería por partes. Tiene siete torres y cubos.

Y toda ella está maltratada, y particularmente el cubo situado en un ángulo saliente del castillo, donde está colocada la campana de la vela.

El circuito de la villa es de doscientas cincuenta y dos tuesas, con dos puertas.

El castillo está contiguo a la villa por la parte de levante, se compone de una gran batería, capaz para que jueguen diez o doce cañones, bovedada y de gran resistencia. Ésta tiene comunicación con la torre del homenaje, que es perfectamente cuadrada, muy fuerte, de gran espesor, de cal y canto en mucha altura, y con dos cuerpos de bóvedas, y en lo superior de ella se puede colocar artillería".

En 1739 la fortaleza de Adra cuenta con cien "infantes del pie de la costa", y cuatro cañones: uno de bronce del calibre ocho "desfogonado", y tres de hierro, dos del 18 y uno del 5, de "mediano servicio". El marqués de Valdecañas considera que son necesarios seis, de los calibres 24,16 y 6 a partes iguales.

Según éste, siempre con el horizonte de la fortificación y defensa, "convendría, para apuntar los cañones que están en el castillo y que con mayor facilidad se asertan a las embarcaciones que se arrimasen a tierra, que la batería se pusiese a barbeta", introduciendo algunos otros cambios centrados fundamentalmente en el parapeto, protección a los soldados frente a los disparos del enemigo, y replantear el espacio existente entre los cañones de la batería.

En los memoriales sobre las visitas/inspecciones a la costa del reino de Granada, como era de esperar dado su carácter militar, los elementos defensivos son el objetivo fundamental, por lo que aparecen localizados con toda precisión.

Sin embargo, el análisis detenido de los informes pone de manifiesto la clara, aunque a veces poco explícita, percepción espacial de los visitadores. Se advierte la escasa densidad de población del litoral, lo cual origina inmensos vacíos humanos y concentración del poblamiento en villas y ciudades muy distantes entre sí.

Con frecuencia estos núcleos tienen el carácter de fortalezas, cuya significación se ve destacada por la existencia de murallas y castillos, bien en emplazamientos enhiestos y arriscados como Mojácar, o junto al mar casos de Adra y Almería.

La descripción es precisa y escueta, mientras que las referencias sobre el caserío y el hábitat son escasas, pero significativas.

El marqués de Valdecañas, tras referirse al ingenio de azúcar, a la vega y al río, se hace eco de la expansión extramuros del poblamiento:

"A poca distancia de la villa de Adra hay un arrabal, que se ha fabricado de dos años a esta parte, de casas pequeñas, sin orden y de ochenta vecinos. Al presente está muy expuesto a insulto de corsarios.

Situado en punto dominante a la villa, por lo que convendría se mandase a los vecinos poblaren en otra parte, para relevarlos del daño a que están expuestos".

Los abderitanos, por el aumento de la seguridad y la expansión económica y demográfica (3.381 habitantes en 1751), no observaron los planteamientos geoestratégicos de Valdecañas. En el año 1762 el visitador mariscal de campo Antonio Bucarelli y Ursúa dice:

"La muralla se halla en buen estado, siendo de obligación de la villa la recomposición de sus obras. Extramuros de la villa de Adra se ha formado un barrio mucho más extendido que la villa, y de buenas casas".

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