Almería

Almería cambia la fórmula de su agua: el 70% desaladada sin agotar Bernal

  • El coste de esta decisión supera los cuatro millones anuales. El Ayuntamiento garantiza que no los repercutirá en los recibos. La nueva agua llegará a principios del próximo año

Interior de la planta desaladora Interior de la planta desaladora

Interior de la planta desaladora

La composición del agua que consume el 60% de los hogares de la capital cambiará a principios de año. El Ayuntamiento de Almería ha decidido aumentar la producción de la desaladora con un aporte que llegará hasta el 70%, invirtiendo así la mezcla actual, en su mayoría agua procedente de Bernal. El agua desalada es de mayor calidad que la de estos ocho pozos situados en el poniente almeriense, pero la razón principal considerada por el equipo de gobierno es otra: evitar el riesgo a que estas fuentes naturales de agua se agoten, debido a la sobreexplotación de la que está advertida la ciudad desde hace varios años. “Los pozos se secan”, confirma la concejal de Sostenibilidad Ambiental, Margarita Cobos.

Aunque su construcción fue adjudicada en 1998, la planta desalinizadora de Almería no entró en funcionamiento hasta 2006. Desde entonces únicamente han sido activados dos de los siete bastidores disponibles, con una producción de unos 14.000 metros cúbicos al año en lugar de los 50.000 que puede alcanzar. El motivo es que el agua desalada es mucho más cara que la de los ocho pozos de Bernal, que aportan 66,6% del agua que consume la ciudad.

Margarita Cobos, concejal de Sostenibilidad Ambiental Margarita Cobos, concejal de Sostenibilidad Ambiental

Margarita Cobos, concejal de Sostenibilidad Ambiental

La balanza entre costes y riesgos de agotar los recursos hídricos naturales de Almería ha cambiado su equilibrio, con la decisión adaptada ya en Junta de Gobierno Local de ampliar la producción de la desaladora. Una vez completada la extensa tramitación administrativa que el equipo de gobierno emprende, activará a principios de año tres bastidores más. Con los cinco en funcionamiento, la planta será capaz de suministrar 12,5 hectómetros cúbicos al año, reduciendo la aportación de los pozos de Bernal a 3,5 hectómetros al año. “Son una fuente de agua mucho más barata, pero esta masa está sobreexplotada y cualquier día nos quedamos sin agua. Hay que dejar a estos pozos dormir. Como recurso escaso no podemos incurrir en el riesgo de quedarnos sin agua”, alerta Cobos.

El problema añadido es que esta decisión implica como resultado un mayor coste del agua en Almería. Las cuentas municipales arrojan un incremento de 4.290.058 euros exactos al año. El equipo de gobierno, según ha trasladado la edil, no repercutirá este aumento en los recibos del suministro de agua a los ciudadanos.

“El agua cuesta lo que vale, y la desalada es más cara” pero, agrega Cobos, “no estamos para pagar más en lo momentos actuales. Me da igual si son tres o veinte euros lo que supondría esta decisión en los recibos; este incremento no saldrá de los bolsillos de los almerienses”, ataja la responsable municipal.

Ha llegado a un acuerdo con la empresa concesionaria del ciclo de gestión del agua, Aqualia, de tal manera que el primer paso para poder llevar a la práctica esta nueva mezcla de agua es la revisión de las tasas de saneamiento y depuración mediante la modificación de la ordenanza. A final de año, se procederá a una liquidación con la concesionaria y el diferencial resultante de esos 4,2 millones de euros extra serán aportados por el Ayuntamiento de Almería.

Aclarada esta cuestión, Cobos ha abundado sobre otros aspectos colaterales, y origen de agrias polémicas pasadas. Según la edil, tras esta decisión de ampliar la productividad de la planta desalinizadora, no hay intención alguna de la capital de renunciar a la explotación de los pozos de Bernal, que otros municipios del poniente han venido exigiendo.

“No lo vamos a hacer, ni ahora ni nunca”, ha declarado de forma tajante al respecto, matizando que la intención es “no sacar más agua de la que no se pueda regenerar”, siendo esta decisión una “escalera” sobre la que se pueda ascender con el pleno rendimiento de la desaladora, o descender, llegado el caso de que los pozos abandonen la situación de agotamiento, ya que supondría un menor coste para las arcas públicas volver a variar en el futuro la composición del agua que la ciudad consume.

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