• Más de 80 chabolas arden en el segundo incendio en apenas cuatro meses en Atochares. Respuesta de urgencia de los agentes sociales a la espera de las administraciones

Asentamiento de Don Domingo

El fuego se vuelve a cebar con los que menos tienen

El fuego se vuelve a cebar con los que menos tienen El fuego se vuelve a cebar con los que menos tienen

El fuego se vuelve a cebar con los que menos tienen

Javier Alonso

Escrito por

· Iván Gómez

Redactor Jefe

¡Fuego, fuego, fuego! Pasadas las ocho y media de la mañana decenas de inmigrantes marroquíes y subsaharianos del asentamiento chabolista de Don Domingo, que se ubica en la pedanía nijareña de Atochares, despertaban del sueño entre gritos desgarradores y envueltos por una humareda blanca. Los que estaban trabajando desde primera hora han perdido todo y los que permanecían en sus chabolas de palés, plástico de invernadero y chapas metálicas pudieron coger lo esencial, la ropa y las pertenencias más valiosas (algunos tienen cajas con dinero de los jornales del campo enterradas bajo tierra), antes de que las llamas se extendieran por este poblado sin agua potable, ni luz, ni alcantarillado que se encuentra muy cerca de la carretera AL-9025 en la zona del Barranco del Búho.

Un nuevo incendio, el segundo en apenas cuatro meses, se ha cebado de nuevo con los que menos tienen, los que malviven sin recursos económicos en estas infraviviendas prefabricadas y barracones que no reúnen las mínimas condiciones de salubridad. Los primeros avisos al Servicio de Emergencias del 112 Andalucía entraron sobre las nueve de la mañana cuando los vecinos de la zona detectaron un columna de humo de dimensiones considerables sobre este gueto y en cuestión de media hora estaban allí las autobombas de los bomberos de la capital y Levante. También se movilizaron efectivos de la Guardia Civil, Policía Local y Protección Civil de Níjar y poco antes del mediodía se sumaron los forestales del Plan Infoca. Pero poco pudieron hacer más allá de unas labores de extinción en lo que se había convertido ya en un solar en el que sólo quedaban los esqueletos metálicos de sillas y somieres de las camas.

Así ha quedado el asentamiento que se ha incendiado esta mañana en Atochares / Javier Alonso

El fuego corre como la pólvora en este tipo de infraviviendas, sobre todo con el viento y las altas temperaturas de la jornada de ayer. Rostros de desolación y desamparo entre los que buscaban infructuosamente utensilios que hubieran resistido el envite de la lumbre. Ochenta chabolas calcinadas, algunas por segunda vez después de reconstruirse tras ser pasto de las llamas a mediados de febrero. Lo cuenta uno de los afectados al que una asociación benéfica habían regalado una cocina para rehacer su vida tras la catástrofe. Pero este segundo incendio lo ha vuelto a dejar sin nada a expensas de la ayuda humanitaria que se movilizó de inmediato.

Médicos del Mundo ha repartido alimentos y productos de primera necesidad Médicos del Mundo ha repartido alimentos y productos de primera necesidad

Médicos del Mundo ha repartido alimentos y productos de primera necesidad / Javier Alonso

Los voluntarios de organizaciones de referencia como Almería Acoge, Cruz Roja y Médicos del Mundo aparecieron de inmediato con productos de primera necesidad para los que se habían quedado sin techo a la espera de que las administraciones públicas muevan ficha y colaboren en el realojo de los afectados. Según fuentes de la Guardia Civil, se ha detenido a una persona por el robo de bicicletas, pero no se ha determinado si ha podido estar implicado en el origen del siniestro. En el asentamiento se especulaba con un ajuste de cuentas, como el que provocó el mes pasado otro grave incendio en el poblado El Walili, pero de momento la investigación sobre las causas sigue abierta.

Afortunadamente no se registró ningún herido y todos pudieron escapar a tiempo, pero los daños materiales son cuantiosos porque lo que tenían se ha esfumado en cuestión de horas. “He perdido todo, no sé donde dormiré esta noche”, explica el joven de 25 años Danso James. El ghanés Rahim llevaba nueve meses en el asentamiento trabajando en invernaderos de San Isidro. Reconoce que está a punto de arreglar los papeles y regularizarse, pero ahora no tiene donde quedarse. Y Fátima relata que estaba durmiendo cuando se produjo el incendio y sólo pudo salvar algo de ropa.

Han detenido a una persona por robo de bicicletas, pero no se ha determinado aún una conexión con el origen del incendio

“Escuchamos ruido y gritos y no ha dado tiempo a coger casi nada, todo se ha quemado”. No tiene familia en España y vive sola en este asentamiento nijareño y explica que Cruz Roja tenía un registro con las mujeres para buscarles un sitio en el que dormir esta semana. Historias de inmigrantes que subieron en patera hacia la tierra prometida y son golpeados por el fatalismo como si tuvieran poco malviviendo en guetos entre charcos y basura. A mediodía, mientras permanecían dos dotaciones de bomberos realizando labores de refresco, los afectados por el incendio se afanaban en buscar y rebuscar entre las cenizas. Pero era una misión casi imposible.

En febrero ya ardieron dos hectáreas de terreno y más de 200 inmigrantes se quedaron en la calle. Dos tuvieron que ser hospitalizados por quemaduras y la desgracia pudo ser mucho mayor porque sus chabolas acogen a casi un millar de personas. Una calle central más ancha que el resto hizo de cortafuegos e impidió que fueran más graves los daños materiales e incluso las víctimas del incendio. La solidaridad ciudadana se movilizó para dar atención de urgencia (comida, agua y mantas) a las afectados y las instituciones benéficas de la iglesia almeriense criticaron una semana después la “falta de reacción” del consistorio de Níjar, la Junta y el Gobierno porque las 230 personas afectadas “continuaban sin ser realojadas”. Nada nuevo bajo el sol, volverá a ocurrir con los que ayer lo perdieron todo.

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