El lado oscuro de Almería

El naufragio del 'Ana Montoya'

  • Tragedia. La noche del 22 de diciembre del año 1951, el pesquero almeriense, con seis tripulantes a bordo, desapareció en aguas del Estrecho en una fuerte e inesperada tormenta

El naufragio del 'Ana Montoya' El naufragio del 'Ana Montoya'

El naufragio del 'Ana Montoya'

Durante los fríos meses de noviembre y diciembre del año 1951, los fuertes temporales de levante causaban auténticos estragos a las flotas pesqueras en las aguas mediterráneas. Las tormentas se sucedían, una tras otra y los barcos tenían que seguir amarrados a puerto. La mar embravecida mantenía en jaque desafiante a los pescadores andaluces que se las veían y se las deseaban para poder faenar en cuanto los temporales amainaban un poco.

Retando a la naturaleza en muchas ocasiones, no tenían más remedio que correr estos riesgos y salir a la mar a la búsqueda del sustento. Malos tiempos entonces para todos, pero aún peor para las gentes de la mar. Como venía siendo habitual, por la abundancia de las capturas, los caladeros de las costas norteafricanas solían ser los principales destinos de los pesqueros de Almería para echar las redes. El estrecho de Gibraltar en esos meses de invierno se convertía en un implacable y duro fielato y los pescadores tenían que arriesgar mucho.

No hubo supervivientes y tras 24 horas debúsqueda las labores sedieron por terminadas

La noche del 22 de diciembre de 1951, el pesquero almeriense "Ana Montoya" con seis tripulantes a bordo, desapareció en aguas del Estrecho. Una fuerte e inesperada tormenta les sorprendió a media tarde cuando los pescadores ya se encontraban retirando los palangres. Aunque el mar no estaba bien, nada hacía presagiar que su estado empeorase en cuestión de unas horas.

Los tripulantes, cada uno en sus puestos, seguían diligentes las instrucciones del patrón de la embarcación. Aunque estaban en plena campaña marrajera la pesquera ese día no estaba siendo buena en cuanto al numero de capturas y en la bodega del "Ana Montoya" no superaban apiladas una decena de cajas de pescado.

Junto al pesquero "Ana Montoya" propiedad de Diego Alonso Asensio, a escasamente unos doscientos metros de distancia, otro pesquero el "Irene" propiedad del mismo armador ya había sacado las artes del agua y enfilaba proa hacia el puerto de Tarifa. De pronto se desató el vendaval. Fue visto y no visto. El viento fue aumentando por minutos y el fuerte oleaje atrapó y desarboló al "Ana Montoya" que pronto desapareció de la superficie hundiéndose en poco más de una hora dejando apenas escasos vestigios o restos del barco sobre el agua.

En Tarifa los compañeros que conocían el estado de la mar esperaban impacientes su retorno al puerto. Las horas iban pasando y los nervios y la intranquilidad se fue adueñando del patrón y de los restantes tripulantes del "Irene". Diego Alonso no paraba de moverse inquieto preguntando angustiado a unos y a otros. Los pescadores hacían "corrillo" surgiendo todo tipo de comentarios sobre la tardanza y demora en volver del "Ana Montoya". El armador, unos días antes como solía hacer cuando comenzaba la campaña marrajera se desplazaba desde Almería hasta Algeciras donde residía en invierno para activar la campaña y el mercado.

A las ocho de la tarde, ya sin sol varios pesqueros de Algeciras y el "Irene" se hicieron a la mar desafiando los adversos elementos meteorológicos intentado localizar la embarcación. Navegaban dificultosamente y apenas avanzaban frenados por la fuerza del viento. Extendieron un radio de búsqueda entre las ocho y diez millas por la zona en que suponían que podían encontrar el pesquero a la deriva arrastrado por las corrientes. No hallaron nada y regresaron a puerto apesumbrados y con la certeza de que el pesquero había naufragado. A primeras horas de la mañana del día siguiente volvieron a reiniciarse las movilizaciones de búsqueda sumándose otros pesqueros y peinándose nuevamente la zona sin resultado positivo.

Ninguno de los marineros sobrevivió, todos quedaron atrapados en el interior. Fueron arrastrados hasta el fondo junto al barco y sus cadáveres no fueron nunca devueltos a tierra por las mareas.

Las autoridades militares de Marina coordinaron las labores de búsqueda y rescate que resultaron infructuosas por lo que veinticuatro horas después de conocerse la tragedia se dieron por concluidas. Los familiares de los marineros desaparecidos conocieron la fatal noticia a través de la Cofradía de Pescadores de Almería un día después, a primeras horas de la tarde, una vez perdida la esperanza de rescatar con vida a los miembros de la tripulación..

La angustia y desesperación se adueñó de la barriada de Pescadería donde todos los pescadores ahogados eran vecinos y conocidos desde que eran niños. La dura tragedia se cebó en familias concretas. Entre los fallecidos se encontraba el patrón del pesquero Juan Alonso Cazorla, de 53 años hermano del armador, casado y padre de siete hijos que como el resto de los marineros todos vivían en esta barriada.

En la tragedia perecieron los hermanos Juan y Miguel Uclés Alonso, de 49 y 51 años de edad conocidos popularmente como "Los Vizcayas", junto a Antonio Alonso Moya de 19 años, Miguel Murcia Cerdán de 50 años y un muchacho natural de Algeciras que se enroló a ultima hora en la tripulación.

Hasta la barriada de Pescadería, concretamente a las calles Reducto, Amparo y San Ildefonso donde vivían los desaparecidos, acudieron centenares de almerienses a testimoniar su condolencia y pésame a los familiares. La noticia del naufragio y la muerte de sus seis tripulantes muy apreciados entre sus convecinos fueron muy sentidas en la capital. En el funeral por sus almas celebrado en la iglesia parroquial de San Roque estuvo prácticamente todo el barrio, así como las autoridades civiles y militares de la capital.

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