COVID-19

La vacunación en Almería, desde el volante familiar

Sin bajarse del coche, a través del hueco de la ventanilla, la enfermera pincha el fármaco en el brazo. Sin bajarse del coche, a través del hueco de la ventanilla, la enfermera pincha el fármaco en el brazo.

Sin bajarse del coche, a través del hueco de la ventanilla, la enfermera pincha el fármaco en el brazo.

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Escrito por

· Pablo Laynez

Redactor

19:48, 16 de abril. Día D y Hora H. Desembarco de cientos de familias almerienses ante el vacunauto del Palacio de los Juegos Mediterráneos. La cola es larga, abarca toda la Calle Alcalde Santiago Martínez Cabrejas, desde la rotonda de Patatas Salcedo, hasta la puerta del pabellón, donde está establecido el punto de control.

Acostumbrado a ir con la moto a los partidos de fútbol en el estadio y poder driblar a la pelotonera de coches, uno se teme que la espera va a ser larga. Por delante, no menos de cincuenta coches en dos hileras, divididos por edades y vacunas a inyectar. Un trabajador sanitario se acerca a la ventanilla del coche. “¿De qué año son?”. 1956 mi madre y 1957 mi padre. Les toca AstraZeneca. A la derecha, zona de vacunación A1. La cola para el fármaco de Oxford es más larga, parece que el miedo de los últimos días se va perdiendo. La gente necesita rigor, no el espectáculo de la confusión y la desesperanza que se está dando y que mete el miedo en el cuerpo a cualquiera. ¡Que hablen los científicos, los expertos, por favor!

A la cola. El ritmo es ágil, no da tiempo a soltar el embrague, prácticamente se va a ralentí. Se aproximan unos veinte minutos de risas flojas en el interior del automóvil, a la espera de que vacunen, en este caso, a mis padres. ¡Qué es un cuarto de hora después de un año y pico de pandemia que llevamos! Mientras esperamos, les explico cómo había gestionado la cita por la mañana, puesto que había leído en Diario de Almería que se había habilitado un número de teléfono para los de su edad si no habían sido citados (649-716537 Distrito Sanitario de Almería; 950-022522 ó 950-204363 para Poniente y 662976613 para Norte).

Cartel del SAS. Cartel del SAS.

Cartel del SAS.

Mis padres son profesores jubilados, mi padre de Muface, mi madre de la Seguridad Social. A los padres de mis amigos de esa edad ya los habían llamado y a los míos no. Como les tocaba, probé a llamar. Me costó varias llamadas, cierto es. El ‘pi pi pi’ del teléfono comunicando desespera, pero qué alegría produce cuando escuchas desde el otro lado de la línea: “Servicio de información de la vacunación”. Amabilidad, rapidez y buena organización. DNI al canto y la cita concertada para ayer viernes y para el 9 de julio la segunda dosis. Además de atento, el interlocutor me explica que se está vacunando a todos los almerienses, sean de sanidad pública o privada, siempre atendiendo a las dosis disponibles. El esfuerzo y la dedicación de todos los que intervienen en este proceso de inmunización merece las mismas palmas que les dedicábamos durante el confinamiento a nuestros sanitarios.

La cola avanza, ya estamos en la rampa que te pone de frente ante la puerta lateral del Palacio. Quedan un par de minutos, da tiempo a repasar el rato de la comida, con un paracetamol de postre, puesto que lo recomiendan seis horas antes del pinchazo. Los canelones han sentado bien, aunque las mariposas de los nervios pululaban por el intestino grueso. La siesta, eso sí, se encarga de poner el sistema inmunológico a punto para que comience a funcionar.

Nos toca. La enfermera acaba de poner una tirita al ocupante del coche que nos antecede. Voy soltando el embrague para que avance el coche hasta la puerta. La pierna me tiembla un poco y eso que no soy yo al que van a vacunar. Al final, la responsabilidad de cuidar de nuestros mayores es más importante que la de cuidarse a uno mismo. “Buenas tardes, ¿José Luis y Mercedes? ¿Alguna alergía?”, dice en tono cercano, prácticamente materno la gran profesional que nos atiende. Una voz tan dulce y segura transmite lo que se necesita en este momento: confianza. “Levántese la manga de la camisa, saque el brazo por la ventanilla y...”. “¿Ya?”, pregunta mi padre. “Ya está, nos vemos el 9 de julio”.

Vacunación de la COVID-19 en el 'vacunauto' del Palacio del Mediterráneo.

La frase de la enfermera, que llevaría horas atendiendo con impasible amabilidad y pinchando agujas en el músculo deltoides de centenares de almerienses, podría ser el final perfecto de este relato. Pero los 15 minutos posteriores a la inmunización, los que hay que esperar protocolariamente con el coche aparcado en las cercanías por si hay algún efecto secundario, también sirven para reflexionar. Los nervios dejan paso a la esperanza, cada aguja que se deposita en las cajas amarillas de desecho es una batalla ganada a la COVID-19. El Desembarco del Normandía fue el principio del fin de la II Guerra Mundial, pero el III Reich no cayó en un día. Ni Roma tampoco. La cuarta ola nos seguirá dejando datos malos, por desgracia se producirán algunas reacciones adversas más a las vacunas [recordemos que su uso es de emergencia por la pandemia] porque esto es ciencia, no magia, y habrá que mantener la cabeza fría ante la ansiedad y la lógica preocupación que producen las restricciones. Pero la meta está al fondo, el kilómetro 42 está cada vez más cerca.

168.910 son las dosis administradas, a 15 de abril, en la provincia de Almería, lo que supone casi un cuarto de la población

Es momento de seguir siendo responsable, de que toda España mejore como sociedad y de mirar al futuro con el optimismo y las fuerzas que a cada uno le queden. Arranco de nuevo el motor, toca abrirse paso entre los coches que aguardan la misma cola en la que estábamos nosotros treinta minutos antes. Buena organización, buen trato y, gracias a Dios, ningún efecto secundario ni en mis padres ni en los almerienses que se han vacunado a la par. Autovía dirección Costacabana, el sol se esconde por Sierra Alhamilla. Son las 20:23. Cincuenta y siete minutos desde que llegamos al vacunauto hasta que nos vamos. Mañana saldrá con más fuerza y vigor por Cabo de Gata. Y lo hará para iluminar a una maravillosa provincia de Almería, cada vez más cerca de la esperada inmunidad de rebaño.

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