28-F: Cohesión regional

La Andalucía inacabada

  • En Andalucía hay millón y medio de pensionistas que cobran unos 1.000 millones al mes.

El paciente andaluz es un joven que 32 años después de las manifestaciones del 4 de diciembre de 1977 y treinta desde el referéndum autonómico del 28 de febrero de 1980 no acaba de emanciparse. Ha crecido mucho, qué duda cabe. Pero también lo han hecho Galicia o Castilla y León, y hasta el Algarve o el Alentejo. Pero Andalucía ha crecido tan rápidamente que el consumo antes de empezar la crisis era muy superior a la media española o europea. Las familias y las empresas se han endeudado muy por encima de su capacidad de generar renta. El gasto de las administraciones públicas también ha sido cuantioso. Hay una red de comunicaciones básicas eficiente, pero no se ha conseguido una cohesión territorial. Andalucía sigue siendo la suma de ocho provincias. Incluso menos que eso, si se descuenta el localismo tribal que se ha desarrollado en estos años.

En estas décadas luminosas ha surgido la mejor generación de empresarios de la historia de Andalucía; la primera de la historia de la región. Emprendedores en todos los sectores y todas las provincias, que han colaborado entre sí. Pero son muy pocos todavía y encima la crisis ha caído como una losa sobre muchos de ellos. Andalucía ha producido tradicionalmente muy buenos artistas y trabajadores, pero no está en su cultura la tradición empresarial. Una prueba de la debilidad en este campo es la escasez de empresas de base tecnológica, que lastra poderosamente las inversiones en I+D+i. En España las empresas aportan más de la mitad de la inversión en innovación, mientras en Andalucía la contribución privada es menos de un tercio.

Hubo un tiempo en el que el presidente de la Junta lanzó la idea de que el modelo de desarrollo en el que debíamos mirarnos era Finlandia. Un principio discutible desde muchos puntos de vista. Es difícil converger con un país que invierte en I+D más del triple y en el que se venden cuatro veces más periódicos, por poner dos ejemplos gráficos. El índice de lectura en Andalucía sigue siendo muy escaso. El profesor Díaz Nosty, en un trabajo todavía inédito sobre la dieta mediático-cultural de la región, ha establecido que más de la mitad de los andaluces mayores de 65 años son analfabetos o no tienen estudios. Es un grupo de personas que tenían al menos 35 años en el momento del referéndum. Pero de esta estadística no se libran los jóvenes que tenían entonces 15 años como máximo: un 3,5% no tienen estudios o son analfabetos. Nuestros índices de consumo cultural en lectura, cine, teatro, conciertos, ópera o compra de música están por debajo de la media española en todos los casos. Sólo en consumo de televisión tenemos casi un liderazgo nacional.

El número de alumnos de la educación básica se ha duplicado en estos 30 años, pero un tercio de los que empiezan la ESO no la termina. Tenemos un sistema público de salud que es particularmente apreciado por sus operaciones y sus servicios de urgencia. Aquí hacemos trasplantes de cara, de corazón o de hígado con tecnología punta. Y atendemos a mucho turista sanitario de viene de la Europa rica; pero seguimos con listas de espera de meses para una intervención quirúrgica.

La crisis nos obliga a un cambio de modelo. En economía, en turismo, en agricultura, en ordenación del territorio, en educación, en cultura. ¿En la política? Los políticos han pasado de ser los idealistas padres fundadores a profesionales de la gestión, sumisos con las direcciones de los partidos. En todo caso, también el cambio debe llegar a la Administración y los servicios públicos. En contra de lo previsto en el primer Estatuto andaluz, el Gobierno regional ha creado unos potentes servicios periféricos que han solapado su capacidad con las diputaciones: esas ocho instituciones ya cuestan unos 2.000 millones de euros al año. El número de funcionarios de las administraciones local, regional y nacional supera el medio millón. Si se suman los empleados de las empresas públicas de ayuntamientos, diputaciones, mancomunidades y Junta de Andalucía la cifra total superará las 600.000 personas. Lo que significa que del total de ocupados en la región sólo 2,3 millones son trabajadores del sector privado. Por cada siete empleados en la economía productiva hay casi nueve que atienden los servicios públicos o son pensionistas y parados que cobran una prestación por desempleo. Una relación insostenible. En Andalucía hay casi un millón y medio de pensionistas de todas clases que cobran 1.000 millones de euros al mes y unos 740.000 parados que reciben 538,6 millones de euros mensuales. Es necesario estudiar qué servicios públicos necesitamos y eliminar todo lo superfluo.

El sistema no es perfecto. Espoleados por la crisis, hay que terminar de fundar la autonomía sobre unas bases más austeras y de mayor cohesión regional. La falta de entusiasmo autonomista y el aumento del tradicional localismo andaluz en nada han contribuido a la construcción regional. Los distintos territorios andaluces no se han preparado para especializarse y cooperar. Todas las capitales quieren un aeropuerto internacional, un puerto de contenedores o un palacio de ferias. En tres pueblos vecinos cuesta la misma vida convencer a los alcaldes para que se repartan un polideportivo, un teatro y un centro de salud. La joven treintañera que hoy colocamos sobre el diván de este suplemento debe mejorar mucho en los próximos años para consolidar su desarrollo. Hasta entonces será la Andalucía inacabada.

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