Elecciones Andalucía 2018

Ciudadanos empuja a Susana Díaz hacia donde no quiere

  • Los naranjas sueñan con una operación de liderazgo en minoría como la de Ardanza en 1986

Inés Arrimadas y Juan Marín, en Sevilla. Inés Arrimadas y Juan Marín, en Sevilla.

Inés Arrimadas y Juan Marín, en Sevilla. / Raúl Caro/EFE

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Esta vez será verdad, Ciudadanos no apoyará la investidura de Susana Díaz, al menos hasta que se celebren las elecciones generales, y éstas no llegarán hasta después de marzo.

La decisión adoptada por la dirección nacional del partido naranja ha despojado a Juan Marín de una vicepresidencia de la Junta que acariciaba para después de las elecciones andaluzas, porque Rivera quiere llegar a sus elecciones sin la mácula del socialismo andaluz. De esta forma, empuja a Susana Díaz hacia donde no desea, hacia al ala izquierda del Parlamento, representada en la siguiente legislatura por el binomio Teresa Rodríguez-Antonio Maíllo, un tándem especialmente refractario a la presidenta.

Ciudadanos ha hecho sus cálculos y ha apostado definitivamente por una posición arriesgada, porque acaba con su condición de bisagra. O es con el PP o no entrará en el Gobierno andaluz. O le pide al PSOE la Presidencia de la Junta.

A lo Ardanza

Sí. En Ciudadanos comienza a recordarse lo que ocurrió en el País Vasco en las elecciones autonómicas de 1987. La Cámara de Vitoria resultó la más plural de todo, un guirigay de siete partidos, con cuatro casi empatados. El PNV acaba de romperse por la escisión de Carlos Garaicoetxea a cuenta del poder de las diputaciones forales, y los nacionalistas acudieron a las urnas con un tipo plano llamado José Antonio Ardanza.

El socialista Txiqui Benegas ganó los comicios con dos escaños de ventaja sobre el PNV, pero el PSOE no consiguió articular una mayoría en la Cámara para la investidura. El PSOE y el CDS terminaron votando a Ardanza, y el socialista Ramón Jáuregui fue nombrado vicelehendakari.

Es decir, que Ciudadanos está haciendo cálculos que van más allá de la aritmética parlamentaria, de ahí que no descartan nada, menos apoyar a Susana Díaz, o a cualquier otro presidente socialista, o aliarse con Adelante Andalucía. Lo que los naranjas desean es convertirse en pieza clave del buscado cambio andaluz, situarse por delante del PP en la agenda de esta campaña electoral y hacer sus cuentas el 2 de diciembre. Llevar la voz, y a eso va a contribuir Inés Arrimadas y Albert Rivera.

Errores del PP

Y los errores del PP, claro. Los populares no han podido comenzar esta precampaña con peor pie, con la ex ministra García Tejerina y sus declaraciones sobre los niños andaluces, convenientemente rematadas por el número dos del partido, el campeón de lanzamientos de huesos de aceituna. La Junta “gasta tanto en prostitutas como en educación”, un lema con el que difícilmente se puede seguir estando en política.

La elaboración de las listas del PP indica que los populares también saben que Ciudadanos va por delante en las encuestas en algunas provincias, de ahí el retorno del ex ministro Juan Ignacio Zoido a la nómina del Parlamento andaluz, la institución donde no quiso estar. El PP supone que Zoido es más popular que Virginia Pérez, que era la llamada a liderar la lista sevillana.

Juanma Moreno y Pablo Casado han conseguido cerrar las propuestas provinciales para este 2 de diciembre, pero con más heridos que salvados. El descontento está muy extendido entre los dirigentes locales y la sensación de que el PP sólo piensa en el día después de las elecciones es patente en cada conversación.

Diferencia de cinco puntos

El futuro de Susana Díaz, sus dificultades para convertirse en presidenta de nuevo, depende básicamente de a qué distancia deja al siguiente partido, tanto si es PP como si es Ciudadanos. Todo lo que sea un resultado inferior a los cinco puntos de ventajas es malo para ella. En las anteriores elecciones, las de 2015, Díaz obtuvo el peor resultado en votos del PSOE, un 35,4%, pero dejó al PP a nueve de distancia. Cuando Manuel Chaves tuvo mayores dificultades fue en 1994, cuando sólo se diferenció en cuatro puntos del partido de Arenas. Fue la legislatura de la pinza, la alianza parlamentaria de los populares con IU.

Pero el giro estratégico de Ciudadanos trae otra consecuencia: la vuelta a las alianzas de bloques entre derechas e izquierdas. El PSOE sólo tiene a Podemos e IU, y PP y Ciudadanos se tienen entre ellos. Esto coincide con la dinámica nacional, en el los acuerdos entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tienen vocación de perdurar después de las elecciones generales. Esto se va a trasladar al resto de las comunidades y a los ayuntamientos, donde se enfrentarán parlamentos y plenos según la clásica polaridad de izquierdas y derechas.

Esa es la dinámica que no gusta a Susana Díaz. Desde que rompió con IU, se ha apartado, cuanto ha podido, de Podemos y de Teresa Rodríguez, no digamos ya de Pablo Iglesias, y ha asumido argumentarios situados en el ala derecha de su partido, con un discurso nacionalista español muy acentuado. Si se convierte en presidenta con los votos, afirmativos o por abstención, de Adelante Andalucía, la legislatura será de todo menos estable.

 

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