Cinco llagas

Segunda División

  • Anclados en el pasado. Faltos de recursos, PP y Cs se empeñan en revisar 'los 40 años' de mandato socialista y el PSOE persigue a Vox como al fantasma que le ha desalojado del poder

Susana Díaz durante su intercambio dialéctico conJuanma Moreno, ayer en la sesión de control al Gobierno en el Parlamento. Susana Díaz durante su intercambio dialéctico conJuanma Moreno, ayer en la sesión de control al Gobierno en el Parlamento.

Susana Díaz durante su intercambio dialéctico conJuanma Moreno, ayer en la sesión de control al Gobierno en el Parlamento. / m. j. lópez / ep

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Después de tres sesiones de control al nuevo presidente ya sabemos de qué va esto. Las estrategias parlamentarias de la legislatura no prometen nada bueno. Desde la derecha gubernamental, presidente y portavoces de PP y Cs se dedican con ahínco a descalificar los 40 años de mandato socialista. Prácticamente no hablan de otra cosa; siguen en la oposición, no han cambiado el chip. Y desde el PSOE, la ex presidenta continúa persiguiendo al fantasma que la ha desposeído del cargo, y no tiene argumento que no pase por Vox. Ayer sólo hubo una novedad en las siete citas que hizo al partido de Abascal, jamás lo mencionó por su nombre; se limitó a llamarlo "la extrema derecha". En su ofuscación, Díaz ve a Vox en San Telmo e incluso al mando del palacio.

Este balance lo hicieron los propios Juanma y Susana en sus intercambios. Ella es la última portavoz en intervenir, al representar al grupo más numeroso, y pudo resumir la sesión: reprochó al presidente que él y los suyos se dedicasen en exclusiva al control del gobierno anterior. Y él le respondió que desde la campaña electoral ella sólo sabe hablar de Vox. Sólo queda añadir que ambos tenían razón. No se entiende que los asesores de uno y otra no les expliquen lo ridículo y aburrido que resulta oír a los portavoces de PP y Cs, Nieto y Romero, hacer críticas hiperbólicas de lo malísimos que han sido los socialistas en la Junta y lo buenísimas o beatíficas que son las intenciones de la coalición. O el efecto descorazonador que produce ver cómo el eterno partido gobernante se haya quedado sin recursos dialécticos más allá de darse trompazos contra la ultraderecha como si fuesen molinos de viento.

Como si fuesen molinos de viento, Díaz insiste en darse trompazos contra los ultraderechistas, Juanma gasta acero toledano con Susana y baila de salón con Nieto&Romero

La única esperanza que nos queda es que se trate de una concesión temporal a la política del espectáculo, porque estamos en campaña. Pero este circo es poco distraído. En este Parlamento ha habido portavoces de primera. Sin ánimo de hacer un recuento exhaustivo, en el Alcázar, la antigua Audiencia, la sala San Hermenegildo o en Las Cinco Llagas se han oído intervenciones destacadas de Arenas del Buey, Hernández Mancha, Ángel López, Luis Uruñuela, Manuel Pezzi, Concha Caballero, Julio Anguita, Enrique Linde, Pilar González, José Caballos, Carlos Rojas… Y en las sesiones de control, los enfrentamientos entre Griñán y Arenas tuvieron enorme interés, incluso en épocas preelectorales. De golpe, parece que con estos debates entre Moreno y Díaz hemos descendido a Segunda División. (Añadan para remate que al mejor parlamentario de la Cámara, Antonio Maíllo, su grupo lo deja en el banquillo).

Más allá de la politiquería, Susana Díaz hizo una pregunta que no tuvo respuesta. Hace 15 días Moreno evitó por dos veces confirmar los 600.000 puestos de trabajo prometidos en su campaña electoral. Ayer también hizo oídos sordos a una interpelación sobre los aforamientos. Díaz preguntó sobre si en el futuro algún miembro del Gobierno se podría acoger a este "privilegio inaceptable" en caso de que sea investigado por los tribunales. Mutis. El tema por el que en teoría se interesaba la ex presidenta era la celebración del 8 de marzo. Pero sólo fue una manera de entrar en materia con su obsesión favorita, Vox. Le espetó a Moreno que no se manifestó por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, pero sí fue a la Plaza de Colón de Madrid "con sus compañeros de la extrema derecha", a los que calificó como representantes del machismo más rancio. También atribuyó al influjo de Vox la pretensión del PP de derogar la ley de Memoria histórica que no tuvo ningún voto en contra cuando se aprobó en el Parlamento andaluz.

Moreno respondió con un guión que tiene muy aprendido. Se le ve inseguro y actúa demasiado en modo automático. El rigor y la seriedad son dos muletillas que adornan todo lo que emprende el "gobierno del cambio". Ayer tuvo otro tic, una palabra que le salía en todos los intercambios. Si Díaz no hace autocrítica, las sesiones de control se volverían para ella complejas. La política migratoria planteada por el portavoz de Vox, es un asunto complejo. La sanidad en Andalucía pasa por una "situación compleja", según le respondía a la portavoz de AA, Ángela Aguilera. El empleo sobre el que preguntó Ciudadanos es tan complejo que hay que abordarlo desde todas las consejerías. Y otro estribillo muy del gusto presidencial es su propuesta de grandes pactos. Ayer planteó uno sobre el agua, donde otras veces lo ha hecho con educación o sanidad.

Juanma Moreno tiene sus recursos y también usa el acero toledano con destreza. Arrancó con una replica que se había traído escrita de casa. Sobre igualdad, le dijo a Díaz que tomara nota de la herencia recibida por su Gobierno en materia de brecha salarial, familiar y de seguridad después de cinco años con ella en la Presidencia. Y la acusó de estar tratando de sacar rentabilidad electoral de sus proclamas feministas. "Llore menos y trabaje más", le contestó la ex presidenta, que a polemista no le gana nadie. Y como se trataba de un intercambio de golpes, Susana añadió que el vicepresidente in pectore [Bendodo] tiene una factoría de mentiras.

El presidente hizo varios Neymar a lo largo de la sesión. Acusó a Díaz de faltona e hizo como si se escandalizara por la falta de transparencia en las listas de espera de la sanidad púbica andaluza, calificadas reiteradamente como opaces en vez de opacas. En sus bailes de salón con el dúo Romero&Nieto tuvimos que oír al portavoz de Ciudadanos hacer exagerados alardes contra los socialistas. Aludió a "la gran mentira, el gran fracaso" del empleo, como si en los últimos tres años y medio no hubiese apoyado al gobierno del PSOE, con más desempleo que ahora. Y el portavoz del PP dirigió su dedo inquisitorial sobre la "nefasta gestión, lenta, antigua, opaca [esta vez bien dicho]" de gobiernos anteriores en materia agraria.

Por Adelante Andalucía habló Ángela Aguilera, menos mitinera que hace 15 días, también arreando estopa a los socialistas por su gestión sanitaria. La diputada gaditana se contuvo sólo hasta el final, en donde nos regaló dos perlas casi caribeñas: 1. "No habrá salud sin democracia ilimitada y completa". Y 2. "Salubrismo o barbarie". Por Vox intervino Alejandro Hernández que insistió en dos de los puntos pactados con el PP para apoyar la investidura de Moreno, relativos al control de la inmigración. Le lanzó una pedrada sin manos al presidente con la frase "defender las fronteras es también defender los derechos humanos". Palabras que no son de Abascal, aunque lo parezcan, sino de Pablo Casado. Frase, asunto e interlocutor dejaron al presidente incómodo. Aunque no tanto como a los espectadores de este debate de Segunda División. A ver si en junio podemos subir de nuevo a Primera.

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