Un nuevo estudio

Los tres frentes del cambio climático

  • La Agencia Europea de Medio Ambiente alerta ante los escenarios de déficit hídrico, subida del nivel del mar y aumento de mortalidad en el sur de Europa

Los restos de una piscina arrasada tras el paso de la tormenta Emma, en la playa de Montijo. Los restos de una piscina arrasada tras el paso de la tormenta Emma, en la playa de Montijo.

Los restos de una piscina arrasada tras el paso de la tormenta Emma, en la playa de Montijo. / Fito Carreto

Sequías, lluvia e inundaciones, subida del nivel del mar, incendios. Los temas replican casi exactamente los de una maldición bíblica, como si hubiéramos actualizado los Jinetes del Apocalipsis. Sequías, lluvia e inundaciones, subida del nivel del mar e incendios son los cuatro apartados en los que la Agencia Europea de Medio Ambiente divide los efectos del cambio climático, en un análisis –¿Por qué necesita Europa limitar el cambio climático y adaptarse a sus impactos?– que acaba de publicar y que resume los estudios y aportaciones que ha ido recopilando a lo largo de los últimos años (entre ellos, por ejemplo, las conclusiones del IPCC). En la comparativa, desglosada por regiones, el sur de Europa y Andalucía muy especialmente, tendrán que hacer frente a dos realidades acuciantes, relacionadas ambas con el aumento de temperatura: el déficit hídrico extremo y una elevada tasa de mortalidad. El sur de España también sufre directamente los efectos de la subida del nivel del mar –sobre todo, en zonas de baja cota y alta erosión, como la desembocadura del Guadalquivir– pero no registra una intensidad tan inmediata como las regiones de la cuenca mediterránea o los Países Bajos.

Qué haremos con nuestro magro suministro de agua debería ser uno de esos temas en los que trabajar y de los que, sin embargo, apenas nadie habla. Según estimaciones de la Consejería de Medio Ambiente, la temperatura en Andalucía subirá de media entre 2 y 5 grados de aquí a 2100, siendo las zonas más afectadas el norte de Jaén, Granada y Córdoba.

Si, de aquí a veinte años, alcanzamos el peor escenario de los propuestos según el índice de emisiones (RCP 8.5: un aumento de 3.7 grados en la temperatura), según cálculos europeos, Andalucía vivirá un déficit hídrico extremo: tres grados de subida media de temperatura provocarán un descenso importante de las cuencas del Guadalquivir y el Segura (entre 15 y 20% de su caudal). Según esta proyección, la región viviría una situación de déficit hídrico severo (hasta un 80%) entre un mínimo índice de recursos y la competencia entre usos agrícolas, industria, turismo y consumo particular.

Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, entre 2041 y 2050 Andalucía podría vivir entre cinco y siete episodios de sequía hídrica cada diez años (RCP 4.5: aumento de 1.8 grados); mientras que, superando los tres grados, apenas habría espacio entre sequías: como mínimo, siete en una década.

De hecho, uno de los efectos que promete el cambio climático es que, dentro de un periodo amplio de tiempo, podemos llegar a contabilizar menos sequías, pero su efecto será más devastador:serán más largas y se repetirán con más frecuencia, no habrá apenas plazos de recuperación.

De hecho, parte de Andalucía estaba hasta hace poco en sequía severa: gran parte de la provincia deCádiz, campo de Dallas (Almería), la sierra de Segura (Jaén) y la zona centro sur de la provincia de Málaga, donde las últimas lluvias han tenido un carácter torrencial. A los cada vez más debilitados recursos hídricos contribuye no sólo el descenso de precipitaciones, sino también el aumento de temperaturas, que produce una mayor evaporación.

Y, junto con la temperatura atmosférica, sube la del agua. Desde el año 2000 al 2018, según datos de la Junta de Andalucía, la temperatura del agua superficial en el Golfo de Cádiz, el Estrecho de Gibraltar y costa mediterránea andaluza ha pasado de oscilar entre los 16.5 y los 18 grados a estabilizarse entre los 18 y los 19.5 –aunque hay zonas frías que bajan hasta los 17–. Una subida de un grado y medio en menos de veinte años. Esta subtropicalización de las aguas no es ajena a la proliferación de especies exógenas. En el litoral gaditano ha encontrado buen puerto de amarre el alga roja, llegada de Nueva Zelanda y Australia y, sobre todo, la famosa alfa parda asiática: la Rugulopteryx okamurae apareció por primera vez hace un par de años en Ceuta, ha infestado el fondo marino e impedido las labores de pesca y alcanza ya la costa malagueña. En general, la zona del golfo de Cádiz y la desembocadura del Guadalquivir, hasta Sevilla, es un “punto caliente” de especies introducidas:el camarón pistola, el cangrejo chino o el cangrejo azul, especialmente voraz.

La subida de temperatura puede afectar, por ejemplo, a la migración de los atunes; o facilitar las enfermedades transmitidas por mosquitos (como el dengue: desconocido hasta hace poco el España). Una de las aportaciones que más alarma producen en la comparativa de la Agencia Europea es la relativa al índice de mortalidad. En el sur de Europa, un aumento de dos grados en la temperatura colocaría la tasa de mortalidad cerca del 1.5%. Más allá de los dos grados de subida, el porcentaje rozaría el 4.5% –para hacernos una idea, actualmente, el índice de mortalidad a causa del coronavirus en la ciudad de Wuham es del 4.9%–.  Según esta escala (Ciscar, 2018), otros parámetros como la productividad o las inundaciones costeras también se dispararían.

Sin las preceptivas adaptaciones físicas y de climatización, apuntan desde Europa, las muertes relacionadas con el calor en el continente europeo podrían aumentar entre 60.000 y 165.000 personas al año para 2080, en comparación con las cifras actuales, con un mayor impacto (por supuesto) en el sur de Europa. Otro estudio a nivel europeo arroja que el cambio climático provocará un incremento del 0.4% en ingresos hospitalarios por afecciones respiratorias: 26.000 casos estimados entre 2021-2050. Además, apuntan, de un aumento en las enfermedades relacionadas con el agua y la alimentación, alérgenos del polen y polución del aire. La zonas urbanas resultarán especialmente afectadas, por el efecto “isla de calor”.

Respecto al aumento del nivel del mar, la Agencia Europea de Medio Ambiente subraya que todas las regiones de Europa han experimentado un aumento generalizado del nivel del agua en sus líneas de costa –¿todas? Todas no: Islandia, de hecho, se está elevando por pérdida de masa glaciar–. Desde que son posibles las mediciones con satélite, desde 1993 hasta 2018, el nivel del mar ha ido aumentado a una media de 3.3 mm por año. En un informe fechado en 2016, el Ministerio para la Transición Ecológica fijaba un aumento medio del nivel del mar en seis centímetros en torno a 2040: esto es, un retroceso de dos o tres metros en la zona del Golfo de Cádiz. Y es un cálculo “optimista”:otros estudios llegan a los diez metros de retroceso.

En un escenario de altas emisiones (recuerden:un aumento de más de tres grados en la temperatura), la línea de costa europea experimentaría un aumento del nivel del mar entre 0.4 m y 1.0 m (y, según algunos estudios, 2.5 m) ¿En toda Europa?En toda, no:los países del Mar Báltico y franjas del Atlántico Norte pueden experimentar una subida (la causa, la misma que en Islandia: la pérdida del peso en tierra de los glaciares).

El aumento del nivel del mar –indicaba en cualquier caso el último informe del IPCC, y recoge la Agencia Europea– continuará en alza más allá de 2100 hagamos lo que hagamos:incluso aunque volviéramos al imposible de los niveles preindustriales de emisiones a la atmósfera, a causa de la expansión térmica y de la pérdida de las capas de hielo en Groenlandia y la Antártida.

Un aumento de tan sólo diez centímetros en el nivel del mar –advierten desde Europa– eleva en un tercio las posibilidades de inundaciones.

De hecho, la Agencia Europea de Medio Ambiente vuelve a señalar unas proyecciones alarmantes:hasta el 2100, en un escenario de bajas emisiones –amable recordatorio: ese que no estamos cumpliendo– la posibilidad de sufrir inundaciones costeras aumentaría de 10 a 100 veces en la zona del Estrecho de Gibraltar, y entre 100 y 500 en aguas de Cádiz. En un escenario de altas emisiones, el Estrecho de Gibraltar aumentaría de 100 a 500 la posibilidad de inundación, que se situaría por encima de 500 en la zona de Cádiz.

La inundación por subida del nivel del mar se traduce como los clásicos temporales de invierno atlánticos: tormentas “extratropicales”, que hacen coincidir una marea viva con una marea meteorológica –con consecuencias como las que provocó el Emma–. A este respecto, sin embargo, es más difícil realizar previsiones: existen modelos que sostienen que podrían disminuir los episodios tormentosos. Lo que sí es cierto es que la subida del nivel del mar afecta especialmente a terrenos de débil sedimentación, como las desembocaduras de los ríos, con zonas que sufrirán un fuerte retroceso, y que la acción del mar aumentará la erosión en lugares como los acantilados de Conil –recordar, por ejemplo, las proyecciones de Climate Central–.

Todos estos impactos –recuerda la Agencia Europea de Medio Ambiente– podrían reducirse si se mantiene el nivel de emisiones por debajo de dos grados, que es el objetivo firmado en el Acuerdo de París. “Los actuales dirigentes –apuntan desde la Agencia– sólo cuentan con un pequeño plazo para llevar a cabo unos cambios que, más adelante, serán imposibles”. O, más bien, inútiles.

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