28-F: Economía

La incertidumbre y el paro retrasan la recuperación

  • El PIB andaluz se ha reducido en un 4,5% y se han destruido 287.000 puestos de trabajo. La recesión se está frenando, pero las previsiones para este año siguen siendo negativas. Nuestro gasto en consumo e inversión supera ampliamente nuestros niveles de producción y renta. Hay que dejar de producir para el mercado local con subvenciones, y exportar

Después de un largo periodo de expansión, la economía andaluza inició en 2007 un cambio de ciclo que derivó en recesión en el segundo trimestre de 2008. Desde entonces son ya seis trimestres de contracción de la actividad económica que ha reducido el PIB regional en un 4,5% y ha destruido 287.000 empleos, elevando la tasa de desempleo al 26,3% de la población activa.

El proceso de deterioro de la economía andaluza ha ido parejo al español, experimentando la mayor intensidad de la contracción en el segundo trimestre de 2009, y una moderación en la reducción de la actividad económica desde el tercero. Los últimos datos disponibles (tercer trimestre de 2009) ponen de manifiesto que la recesión ha estado determinada por una fuerte reducción de la demanda regional: el consumo de los hogares disminuyó un 5,1% y la inversión un 12,6%, lo que fue parcialmente compensado por el aumento del consumo público (4,5%) y por una mejora del saldo exterior (2,2%), propiciado por un descenso de las importaciones más pronunciado que el de las exportaciones. En los primeros momentos de la crisis la reducción de la actividad se concentró en la construcción y posteriormente se ha ido generalizando a todos los sectores, aunque la construcción y, más tarde, la industria son los que han sufrido más intensamente la recesión. Aunque la actividad industrial, una vez ajustada la producción y reducidos los inventarios, ha conocido en el tercer trimestre del pasado año una ligera recuperación.

El balance de la crisis puede complementarse con la evolución de las empresas y el mercado de trabajo. La destrucción de tejido empresarial ha ido acompañando el desarrollo de la crisis, con una reducción de 66.409 empresas sólo en 2008. Mientras, las empresas en situación concursal pasaron de 89 en 2007 a 485 en 2009. Pero es sin duda el mercado de trabajo el que pone de manifiesto de forma más dramática la situación: 1.034.000 parados al finalizar 2009 según la EPA, lo que supone el 26,33%% de la población activa (frente al 18,83% de media nacional). Y más grave aún si tenemos en cuenta que este aumento del paro (67% desde el comienzo de la crisis) se produce en un contexto de desaceleración de la población activa; lo que significa que esta subida se debe básicamente a la destrucción de empleos.

Dentro de unos días se publicará el crecimiento del PIB para el conjunto del año 2009, que se situará en torno al –3,6%, semejante al de España. Para 2010 las previsiones no son coincidentes: desde los que estiman que se iniciará la recuperación en este primer semestre con un balance anual del –0,3%, hasta los que prevén que difícilmente se producirá una recuperación por la persistencia de los factores que determinan la crisis y algunos factores adicionales que pueden complicar aún más la coyuntura. Así, el factor más determinante de la evolución del PIB, el consumo familiar, difícilmente experimentará un crecimiento significativo en un contexto de incertidumbre y de elevado paro. Además, el consumo público, que ha compensado parcialmente la disminución de la demanda regional, no podrá jugar ese papel en el futuro próximo por el elevadísimo déficit público y la necesidad de consolidación fiscal en un escenario de fuerte reducción de los ingresos impositivos. Tampoco es previsible que la inversión empresarial pueda aumentar significativamente en un escenario de incertidumbre y en el que seguirán persistiendo las restricciones crediticias por las necesidades de ajuste del sistema financiero. Finalmente, el sector exterior podría tener un papel positivo pero limitado por la debilidad del crecimiento de los países europeos, principales destinatarios de nuestras exportaciones, y por la baja capacidad competitiva de la economía andaluza.

Unas perspectivas realmente complicadas para el año 2010, en el que probablemente continuará aumentando el paro, pues en una fase del ciclo como las que nos encontramos y con la debilidad de sectores como el de la construcción intensivo en mano de obra, serán necesarias tasas de crecimiento del PIB superiores al 2% para que se cree empleo, ya que el crecimiento potencial se basará en aumentos de la productividad.

Para poder entrever el futuro y definir la política económica más conveniente es necesario reflexionar no sólo sobre las variables explicativas de la coyuntura, sino también sobre algunos rasgos estructurales de la economía andaluza que nos ofrecen claves relevantes sobre las características de nuestra demanda y de lo que producimos.

El cuadro macroeconómico adjunto del último año de expansión de la economía andaluza puede servirnos para examinar algunos datos significativos. De él se deriva que la demanda regional (consumo más inversión) superaba en un 17,4% la producción, lo que viene a significar que vivíamos muy por encima de nuestras posibilidades, tanto por el elevado consumo (de las familias y de las administraciones públicas), como por la elevada inversión (especialmente inmobiliaria), todo ello muy por encima de los estándares europeos. De este desequilibrio entre producción y demanda se deriva un elevado déficit exterior, lo que nos informa de nuestra baja capacidad competitiva y, por tanto, de la necesidad de completar nuestra renta con flujos financieros del resto de España y del mundo en forma de inversiones, préstamos y transferencias. En la parte inferior del cuadro se recogen las características sectoriales de nuestra producción, de donde se desprende un notable sobredimensionamiento del sector de la construcción y la debilidad relativa de la industria en relación a la Unión Europea. Un análisis más desagregado de los sectores productivos pone de manifiesto la escasez relativa de actividades basadas en conocimientos y tecnologías y el predominio de actividades intensivas en empleo y de baja complejidad tecnológica.

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