José Manuel Atencia | Soltando grillos

La noche de los respiradores artificiales

  • Algunos de los políticos que más se juegan en estas elecciones no se presentan a ninguno de los comicios que se celebran hoy

  • Con Susana Díaz ocurre algo similar a lo de Casado

La noche de los respiradores artificiales. La noche de los respiradores artificiales.

La noche de los respiradores artificiales. / ROSELL

DESDE el pasado 28 de abril, el día que se celebraron las elecciones generales, Pablo Casado sigue en política conectado a un respirador artificial. Posiblemente esta noche, dependiendo de cómo evolucionen los gobiernos en varias comunidades autónomas, en los ayuntamientos y en los comicios europeos, haya que tomar una decisión definitiva. Si la mejoría es palpable, lo podrán sacar de la Unidad de Vigilancia Intensiva en la que lo colocaron otros líderes del PP para hacerle un seguimiento constante. Si persiste el empeoramiento, más pronto que tarde, alguien saldrá para desconectarlo del respirador y ofrecerle una temporada de reposo.

Casado es hoy el novio en las bodas de las municipales; el niño en su bautizo en las elecciones europeas y se arriesga a ser el muerto en el entierro de este partido en algunas comunidades autónomas. Así es la política, un líder encabeza todas las candidaturas aunque no vaya de número uno por ninguna. Y, por eso, de cómo le vaya a los suyos le irá a él.

De todas las dolencias que presenta el cuadro médico de Pablo Casado, dicen que será determinante lo que ocurra en la Comunidad de Madrid. El PP lleva veinticuatro años gobernando esta autonomía con una salud de hierro, a pesar de ser una de las zonas más afectadas por la metástasis de la corrupción. Esta lacra, los malos resultados de las generales y una más que dudosa elección de candidatos, han creado una tormenta perfecta: un fallo que podría provocar alteraciones funcionales en el mismo corazón del PP y por ende de su líder. Si Ciudadanos consigue el sorpasso en Madrid, no habrá transfusiones de votos desde otras comunidades o ayuntamientos que contengan la hemorragia.

El pacto es a la política lo que la aspirina a la Medicina: un antídoto contra el dolor de cabeza

Algunos de los políticos que más se juegan en estas elecciones no se presentan a ninguno de los comicios que se celebran hoy. Por eso, con Susana Díaz ocurre algo similar a lo de Casado. A la secretaria general del PSOE en Andalucía también le instalaron un respirador artificial sus compañeros allá por el mes de diciembre del año pasado, nada más perder el sillón de la Junta, y desde entonces vive conectada al aparato.

Se fajó en las elecciones generales para curarse de las heridas de las autonómicas y se ha tirado al ruedo de las municipales convencida de que cualquier mejora en la salud de sus alcaldables tendrá un efecto placebo sobre su continuidad política. El tratamiento, sin embargo, no tiene garantías de éxito. Meses de diferencia sobre el diagnóstico que padecía han provocado diferencias irreconciliables entre los equipos de Madrid y Andalucía, por lo que no sería extraño que le vuelvan a proponer un cambio de aire.

Ni que decir tiene que mantener al PSOE en Andalucía como primera fuerza política y recuperar, si salen los números, algunas alcaldías emblemáticas, sería un buen síntoma de mejora. Sin embargo, todo hace indicar que el estado de salud de Díaz y la duración de su convalecencia puede ser directamente proporcional a la duración en el poder del ejecutivo que integran PP y Ciudadanos en la Junta. De ahí que, si el nuevo ejecutivo saca adelante los presupuestos de este año y del que viene con el apoyo de VOX, se abre un periodo que podría provocarle a Díaz un agravamiento de su dolencia. Y en medicina, como a veces en política, hay quienes consideren que hay que actuar desde los primeros síntomas. O al menos, cuando se agravan.

Antes casi todas las dolencias políticas se curaban con un buen resultado en las urnas. Ahora existen tratamientos alternativos para salir del coma de unas elecciones. Por más dura que sea una derrota, nada como un pacto para levantarse de la caída. El pacto es a la política lo que la aspirina a la medicina: un antídoto contra el dolor de cabeza. Por eso, una pequeña suma matemática al final de un escrutinio se ha convertido en el mejor analgésico que existe para una sangría de votos.

En España, en general, y en Andalucía, en particular, dos escaños arriba o dos escaños abajo, ha permitido hasta la resurrección de líderes que ya estaban dados por muertos.

Hoy los ciudadanos votamos para elegir a nuestros representantes. Y luego los partidos se pondrán de acuerdo para formar gobiernos. Mientras se llegan o no a esos pactos, en las unidades de cuidados intensivos de las formaciones políticas todo estará preparado para actuar. En concreto, para desconectar el respirador artificial en aquellos casos donde las constantes políticas vitales llevan meses dando señales muy débiles.

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