Crítica de Cine

Melodrama con telón de fondo genocida

Oscar Isaac y Charlotte Le Bon, en una escena de 'La promesa'. Oscar Isaac y Charlotte Le Bon, en una escena de 'La promesa'.

Oscar Isaac y Charlotte Le Bon, en una escena de 'La promesa'.

El realizador irlandés Terry George se ha especializado en el cine divulgativo de conflictos históricos dando a temas graves y trágicos un tratamiento convencional y casi de telefilme. Es difícil ponerle reparos graves porque, si de una parte, a causa de su estilo plano y su tendencia al melodrama, descafeína y simplifica en gran medida los temas que trata, de otra hace partícipe al gran público de cuestiones históricas de gran relevancia. Siempre con pérdida para el cine, que George somete a la simplicidad divulgativa.

En El nombre del hijo y The Shore abordó la cuestión irlandesa que ya había tratado, como guionista, en En el nombre del padre de Jim Sheridan; en el telefilme -tal vez su terreno más congenial- Mentiras de guerra, Vietnam; en Hotel Rwanda, el genocidio de los tutsi a manos de los hutu; y en La promesa, el genocidio armenio perpetrado por los turcos. Una de dos: o es un divulgador comprometido o un acomodaticio que ha encontrado una fórmula que repite una y otra vez sin mejorarla. O tal vez sea las dos cosas. Quién sabe...

Hay veces en las que el talento puede aunar calidad y divulgación: La lista de Schlinder es más eficaz que las superiores La zona gris o El hijo de Saúl como memoria del Holocausto porque bordea la dureza de ambas y el arriesgado ejercicio de estilo de la segunda para que el público no le dé la espalda. Por eso, aun siendo inferior a ellas, es más eficaz como pedagogía a la vez que, gracias al talento de Spielberg, es muy buen cine. No es este el caso de George al tratar en clave de melodrama romántico el genocidio armenio, que queda reducido a un telón de fondo. Amor en tiempos de genocidio, por así decir, remitiéndolo al universo televisivo del que esta coproducción en la que interviene España parece emanar. Sólo David Lean era capaz de utilizar la historia (la Revolución rusa) como marco de un melodrama triangular (Tonya-Zhivago-Lara) sin descafeinar la primera o trivializar la segunda. Pero era un genio.

El drama triangular (cuadrangular si se tiene en cuenta a la novia) entre un estudiante de medicina (Oscar Isaac), una bella e inteligente mujer-ambos armenios- y un periodista americano (Christian Bale), sacudido por los acontecimientos trágicos que se desarrollan en Turquía y en Anatolia a partir de 1914, queda en poca cosa como aproximación histórica a un crimen contra la Humanidad nunca reconocido por Turquía y sólo discreto como drama pasional. Mal homenaje al fallecido millonario Kirk Kerkorian, que puso mucho empeño en este proyecto que no ha podido ver cumplido. Porque el fabuloso Kerkorian, uno de los padres de Las Vegas -dueño del Caesars Palace, el Flamingo, el International Hotel y el MGM Hotel & Casino- además de propietario tras su declive de la productora MGM, era hijo de armenios huidos a Estados Unidos. Para él el proyecto era una cuestión personal. Para Terry George una faena de mediana artesanía.

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