Crítica de Cine

'Neowestern' mesetario

Una imagen de la película de Jonathan Cenzual Burley. Una imagen de la película de Jonathan Cenzual Burley.

Una imagen de la película de Jonathan Cenzual Burley.

Hay al menos dos películas peleándose dentro de El pastor, primer largo de Jonathan Cenzual Burley, un filme independiente y prácticamente autofinanciado muy alejado de las actuales tendencias del otro cine español o de ciertas propuestas low-cost. La primera busca una evidente actualización de los esquemas del cine de género (un western con aires noir, un poco a lo hermanos Coen aunque sin ironía, para entendernos) en pleno paisaje mesetario castellano, en los alrededores de Salamanca, protagonizada por un pastor solitario empeñado en resistir las tentaciones especuladoras. La segunda lucha por hacer creíble y verosímil ese esquema y su deriva trágica contando con actores semi-profesionales o directamente amateurs que se esfuerzan por encarnar, decir y densificar una materia dramática de raigambre clásica trufada de rencillas, tentaciones, lealtades y honestidad en un ámbito rural congelado en el tiempo.

En la pelea, y contra todo pronóstico, la primera, la del cineasta con buen ojo (y no sólo para el portentoso paisaje crepuscular), saber hacer y manejo de los recursos estilísticos (encuadre, luz, música, corte), se acaba imponiendo a las evidentes limitaciones e ingenuidades de la segunda, lo que da como resultado un inopinado crescendo de intensidad que diluye poco a poco las reticencias sobre la profesionalidad del proyecto. Lo que queda es el cine trabajando como mejor sabe, cine con memoria capaz de transmutar lo local, el terruño tremendista, en un sólido ejercicio de puesta en escena.

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