Josep | Estreno en Filmin Memoria expresionista del exilio

Una imagen del filme de animación sobre Josep Bartolí dirigido por Aurel.

Una imagen del filme de animación sobre Josep Bartolí dirigido por Aurel.

En la pasada edición de los Goya, apenas una película (la mediocre La gallina Turuleca) competía contra sí misma por el premio cantado al mejor largo de animación, prueba de un mal año y frenazo en seco a la creciente industria del sector. Mientras tanto, los Cesar franceses y la EFA le daban sus premios de animación a esta cinta gala que bien pudiera o debiera haber sido española, ya que al fin y al cabo Josep trata precisamente sobre los españoles exiliados del final de la Guerra Civil que pasaron por los campos de concentración cuando intentaban llegar a Francia huyendo de Franco.

Una película de narrativa clara, trazo expresionista y paleta austera que apenas despega de su condición dibujada para articular, entre escenas que no eluden la violencia o la crueldad, esa sensación de desarraigo y extranjería que atenazó a aquellos que quedaron detenidos en un infame no-lugar de soledad, privación y miseria cuando huían precisamente de lo mismo.

La película se centra en el personaje real de Josep Bartolí (con la voz de Sergi López), dibujante, escenógrafo y escritor catalán que luego haría carrera artística entre México y Estados Unidos, y su amistad en el campo con un gendarme francés, personaje que narra la historia a su nieto desde el futuro en una estrategia tan trillada como efectiva en su afán didáctico.

No disimula Aurel la deuda de su animación con el lenguaje gráfico o la propia obra de Bartolí, aunque bien es cierto que la película despega poco a poco de sus propias autolimitaciones para acercarse a lo onírico y lo simbólico, a las transiciones y fundidos significativos y, ya en su tramo final, a una apertura al color que, Frida Kahlo mediante o ya en el presente, actualiza de nuevo la memoria y el legado artístico y moral de aquellos que sufrieron las heridas del exilio, la humillación de sus propios vecinos (la Francia de 1939 no sale precisamente bien parada) y el olvido de la Historia.