Loco por ella | Estreno en Netflix Un romance bipolar

Susana Abaitúa y Álvaro Cervantes en una imagen de 'Loco por ella'. Susana Abaitúa y Álvaro Cervantes en una imagen de 'Loco por ella'.

Susana Abaitúa y Álvaro Cervantes en una imagen de 'Loco por ella'.

Producto prefabricado al dictado del algoritmo, Loco por ella prolonga la trayectoria de Dani de la Orden como el director (El pregón, El mejor verano de mi vida, Litus, Hasta que la boda nos separe) que mejor ha entendido que en el disfraz de camuflaje impersonal y el look vistoso reside hoy la garantía de continuidad en la profesión sin llamar la atención sobre uno mismo ni dejar huella en cada intento.

Los protagonistas de esta comedia romántica con el tema de la enfermedad mental como trasfondo vienen diseñados de fábrica según los arquetipos del joven profesional urbano tan moderno como precario, ámbito que vuelve a facilitar decorados y situaciones de sitcom costeada, ambientes agradables y tipos cómicos o entrañables distribuidos entre la redacción de una revista de tendencias (donde al menos Alberto San Juan se luce en una buena autoparodia generacional) y la clínica psiquiátrica donde se fragua ese zigzagueante amor improbable entre un periodista (Pablo Cervantes) y la joven con trastorno bipolar (Susana Abaitúa) bajo la atenta mirada de loquitos de salón, chistes y tics siempre a punto.

Pasado el esperanzador prólogo del primer encuentro salvaje y nocturno entre ambos, Loco por ella se escora irremediablemente hacia la blandenguería y las buenas intenciones didácticas sobre la enfermedad, para lo que acude a la caricatura amable y el sentimentalismo como muletas que revelan el tono algo pueril del conjunto. Porque, por mucho que se diga y se repita, nadie quiere aquí hablar en serio de estos problemas.

Envuelta en celofán post-digital y canciones pop de programa de Bertín, Loco por ella aspira a sensibilizar con risas y a entretener con guiños al drama real de la locura. Puede que dé el pego, pero no consigue ni una cosa ni la otra.