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Continuar | Estreno en Filmin Un western edípico

Kacey Mottet Klein y Virginie Efira en una imagen de 'Continuar', del belga Joachim Lafosse. Kacey Mottet Klein y Virginie Efira en una imagen de 'Continuar', del belga Joachim Lafosse.

Kacey Mottet Klein y Virginie Efira en una imagen de 'Continuar', del belga Joachim Lafosse.

Bajo la apariencia de un western despojado y minimalista con dos personajes, dos caballos y un hermoso paisaje horizontal y árido, Continuar no deja de ser un nuevo drama marca de la casa del belga Joachim Lafosse, si acaso una transfiguración de género para seguir ahondando, aquí a partir de una novela de Laurent Mauvignier, en las heridas íntimas y familiares, en los roces y conflictos edípicos siempre en el límite de la tragedia como gran marco de referencia.

El director de las estimables y desgarradoras Folie privée, Propiedad privada, Perder la razón o Después de nosotros se adentra ahora en las llanuras de un Kirguistán recreado en Marruecos para poner al trote y sin preámbulos a una madre (Virginie Efira) y un conflictivo hijo veinteañero (Kacey Mottet Klein) en una suerte de viaje expiatorio por tierra extraña en un intento de anudar vínculos rotos y revelar interrogantes, heridas y traumas de una relación marcada por la distancia, el abandono y el carácter rebelde de un vástago en plena búsqueda de identidad.

Lafosse marca la distancia precisa sobre el paisaje, depura y maneja con naturalidad los elementos esenciales del género (el desplazamiento y la aventura, la conversación, la hoguera, los obstáculos y amenazas en un entorno a veces hostil), introduce algún diálogo musical inesperado (Bach, Piazzola) y va dejando que las contadas palabras, gestos y miradas revelen a sus personajes en constante pulso y necesitados de respuestas y afectos.

Es posible que la operación peque de cierto esquematismo esencial, de cierta obviedad expositiva en su gran tema de fondo, lo que no resta empero para que Continuar no deje de ser una nueva e interesante variación sobre las turbiedades del alma y la complejidad de las relaciones de parentesco que el cineasta belga viene declinando persistentemente desde hace ya década y media.