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El banco de pruebas

  • 'Juan Pistola' (1952), de René Goscinny y Albert Uderzo, es un joven empleado en una taberna, lector de novelas de piratas, que se hace corsario para emular a sus héroes novelescos

La tripulación del buque 'El Bravo'. La tripulación del buque 'El Bravo'.

La tripulación del buque 'El Bravo'.

Presentar a René Goscinny y Albert Uderzo, a estas alturas, es innecesario. Su criatura más famosa, Astérix el Galo, ha consagrado a este tándem en el Olimpo de la Historieta, medio que han traspasado, incluyendo exitosas entregas cinematográficas en animación y en imagen real.

Pero Astérix el Galo no fue la primera colaboración entre Goscinny y Uderzo. Ese honor corresponde a Juan Pistola, corsario cuyas aventuras comienzan en 1952 en el suplemento juvenil La Libre Junior del diario La Libre Belgique, y continúan hasta mediados de los 60. El joven protagonista, empleado en una taberna, lector de novelas de piratas, decide emular a sus héroes novelescos. Juan Pistola compra un buque que se cae a pedazos, El Bravo, y recluta como tripulación a sus amigos Gil, Beltrán, Hugo, y Renatito (personaje con el que Uderzo caricaturiza a Goscinny). Es un precedente de los piratas de Astérix el Galo. Goscinny y Uderzo se adentran en la piratería para ensayar las claves que luego les llevarían al éxito mundial. Se trata de una serie que sirve de banco de pruebas para Umpa-pá el Piel Roja y Astérix el Galo. Encontramos elementos como la oposición entre dos culturas, y una aldea perdida en un rincón del mundo que se resiste al progreso.

Los autores presentan a los personajes y establecen las reglas: la cobardía de la tripulación, las bromas del loro Jazmín, los caprichos del monarca, etc. Goscinny aún no domina el tempo narrativo, y hay demasiados personajes, sin que ninguno (salvo el protagonista) resalte. Tras una serie de peripecias, atrapa a un peligroso bucanero y el rey le nombra corsario.La cosa mejora en el segundo álbum: Juan Pistola, corsario del rey. Si el anterior episodio parece ensamblado sobre la marcha, aquí se aprecia una historia preconcebida con una estructura determinada. También hay amagos que apuntan a consolidar los piratas con nombre de color, la broma recurrente con la mala puntería de quien maneja el cañón, etc.

La dinámica progresa, aunque sin la posterior originalidad y sentido del ritmo del dúo, que se lograrán en los dos siguientes álbumes. Juan Pistola y el espía, y Juan Pistola en América son grandes muestras de estos maestros de la Historieta: tramas ágiles, chistes sofisticados, etc.

Goscinny era maestro en desinflar la seriedad de alguien o de algo. Esto requiere, entre otras cosas, no convertir al tipo serio en un bufón. Su humor es una mezcla de respeto y falta de él. Pero Juan Pistola no empieza así. En su lugar, opta por el slapstick.

La perfección alcanza su punto álgido en Juan Pistola en América, tan redondo que muchos de sus hallazgos fueron reutilizados en Umpa-pá el Piel Roja. Goscinny quiso probar otro tipo de humor que no fuese slapstick. Entonces, llegó la genialidad.Vemos avanzar el estilo de escritura de Goscinny, con sus juegos de palabras y su sentido del ritmo que lo convertirían en uno de los mejores guionistas de la historia del cómic, creador también de Astérix el GaloUmpa-pá el Piel RojaIznogud y Lucky Luke.En cuanto al dibujo, Juan Pistola tiene una peculiaridad: el aspecto del protagonista cambia en cada álbum. Uderzo es consciente de este vaivén de su propio estilo que, curiosamente, no sufre el resto del elenco.

Cuando un historietista empieza a trabajar, suele tener en su cabeza una imagen idealizada, reflejo del estilo que más le ha influido. Esto es evidente cuando va cambiando el diseño de Juan Pistola. Al principio, Uderzo se basa en los tebeos de aventuras de la época, de dibujo pseudorrealista, pero a partir del tercer álbum, los personajes le brotan naturalmente del lápiz.

Juan Pistola y el sabio loco, que estaba inédita en formato álbum, tiende hacia la aventura sin importancia, como una anécdota que hubiera necesitado menos páginas para llevarse a cabo, o más para desarrollarse. Hasta el dibujo parece falto de fuerzas, se diría que el ilustrador se ha venido a menos. Sin ser una mala historia, parece un final en falso, tal vez porque los autores nunca se imaginaron que este fuera, efectivamente, el final de la serie.

Hay que decir que la mayoría de los originales de estos cómics se han extraviado, por lo que es imprescindible destacar la estupenda labor de restauración.

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