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Una familia no tan grande

  • 'La familia Cebolleta' (1951), del historietista madrileño Manuel Vázquez, se burla del concepto tradicional pregonado por el régimen franquista en la España de la posguerra

Los integrantes de la familia Cebolleta. Los integrantes de la familia Cebolleta.

Los integrantes de la familia Cebolleta.

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La película española La gran familia (Fernando Palacios, 1962) interpretada en sus principales papeles por Alberto Closas, Pepe Isbert y José Luis López Vázquez, entre otros, obtuvo un gran éxito de taquilla e incluso fue reconocida en el Festival de Cannes, a pesar de ser de los principales exponentes de la ideología franquista.

Solamente nueve años antes, en 1951, y con ideología totalmente opuesta a La gran familia, Manuel Vázquez publica su primera historieta de La familia Cebolleta en la revista semanal de humor El DDT contra las penas, de Editorial Bruguera. Se trataba de una publicación para adultos, aunque con el tiempo se infantilizó.

La serie era una burla al concepto tradicional de la familia, en un hogar que distaba mucho del que el franquismo pregonaba como ideal de la España de la posguerra.

El ingenio de Manuel Vázquez navega entre el costumbrismo (que en este caso implica crítica social) y el absurdo (mucho más demoledor, si cabe, a causa del anarquismo del autor). La familia Cebolleta es una de las cumbres del humor del siglo XX.

Este núcleo familiar está formado por Rosendo, el cabeza de familia, calvo, con bigote y pajarita; Leonor, madre y ama de casa; el hijo Diógenes, que cambió de sabiondo con gafas a un gamberro a lo Zipi y Zape; la hija Pocholita; el loro Jeremías; y Argimiro de la Fosa (en referencia a las fosas comunes), más conocido como el abuelo Cebolleta.

El protagonista es Rosendo, un desgraciado que siempre tiene problemas con su jefe en la oficina, donde trabaja de administrativo. También destaca el abuelo Cebolleta, el padre de Leonor, con barba, bufanda, bastón y un pie vendado, cuyo único afán es relatar hasta el infinito sus supuestas batallas en diversas guerras.

Uno de los mecanismos humorísticos de esta serie es el intento de salir de golpe de los agobios económicos. Vázquez se centra en la figura de Rosendo, el cabeza de familia, que se mata a trabajar y hacerle la pelota al jefe.

En 1951, cuando la serie salió a la calle, en España no había ninguna legislación sobre lo que se podía publicar o no en los tebeos. A partir de 1955, La familia Cebolleta debía pasar por las oficinas de la Dirección General de Prensa. Desde entonces, puesta en solfa de una de las sacrosantas instituciones del franquismo (familia, municipio, sindicato) llegaba hasta donde la censura permitía, pero lo que Vázquez perdió en crítica mordaz lo ganó en ritmo, maestría y dominio del gag. A pesar de todo, los guiones hilaban tan fino que la censura no captaba todos los detalles...

Fue también la censura la que acabó con su hija Pocholita y sus continuas alusiones a sus novios. La guapa joven desapareció a causa de sus voluptuosas curvas y por ser demasiado casquivana para cumplir con la figura de la mujer impuesta por el franquismo.

En estas circunstancias, el loro Jeremías, de plumas verdes y un espíritu muy socarrón, resultó ser un recurso muy interesante, porque tenía pensamiento propio y podía decir las cosas que la censura le tenía vetadas a los humanos. Era la voz crítica de la familia.

La familia Cebolleta fue también víctima de la indisciplina del propio autor, ya que Manuel Vázquez era muy irregular en las fechas de entrega de sus trabajos. Por eso, muchas de las historietas de esta serie publicadas entre 1962 y 1965 en El DDT fueron escritas y dibujadas por autores que no firmaban, desapareciendo finalmente La familia Cebolleta de la cabecera en 1965. Vázquez realizó nuevas entregas, publicadas en Pulgarcito, pero la serie no reapareció totalmente hasta el año 1967, con el nacimiento de la tercera etapa de DDT (ahora ya sin el artículo). La familia Cebolleta continuó publicándose en los años setenta en Tío Vivo, y se convirtió en una presencia habitual en casi todas las cabeceras, pero la mayoría de las páginas eran reediciones.

La impronta de La familia Cebolleta ha permanecido hasta nuestros días en el lenguaje popular: cuando alguien habla mucho, se dice que cuenta más batallitas que el abuelo Cebolleta. Esto mismo ha ocurrido con muchos personajes de Editorial Bruguera: una finca destartalada es un 13, rúe del Percebe, una señora vieja y agria es doña Urraca, unos chavales revoltosos son unos Zipi y Zape...

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