Cómics

Un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la Humanidad

  • 'Objetivo: La Luna' (1950), de Hergé, decimosexto álbum de 'Las aventuras de Tintín y Milú', no es ciencia ficción, sino una anticipación tan precisa como le fue posible al autor

Una imagen de la emblemática obra. Una imagen de la emblemática obra.

Una imagen de la emblemática obra.

"Una leyenio". La atribución de la cita a Groucho se publicó por primera vez en el Legal Times en 1983, algunos años después de su fallecimiento. En cualquier caso, con esta fórmula se describe al político que acomoda su discurso, para decir lo que el público quiere oír.

Desde el siglo XVII, viajar a la Luna había sido un sueño científico. En 1865, Julio Verne escribió De la Tierra a la Luna, dando, por primera vez, un cierto rigor, pero fue tras la II Guerra Mundial cuando el viaje a nuestro satélite pasó de ser fantasía a posible realidad.

A finales de los años cuarenta, Hergé quiso mandar a Tintín a la Luna, pero de forma realista, un reto difícil, puesto que el hombre no llegaría al satélite hasta 1969. Para ello, contactó con el científico belga Bernard Heuvelmans, autor del libro El hombre entre las estrellas, que en 1948 presenta un guion a Hergé, que se quedó solamente con algunas ideas relacionadas con la gravedad. En marzo de 1950, 19 años antes de que Neil Armstrong dijera su frase ("Un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la Humanidad"), Tintín se adelantó incluso al lanzamiento del Sputnik de la URSS. No es ciencia ficción, sino una anticipación tan precisa como le fue posible a Hergé.

Al comienzo del álbum, Tintín y Haddock reciben un telegrama del profesor Tornasol desde Syldavia, a donde los invita a ir. Los estados ficticios de Syldavia y Borduria están cada uno a un lado del telón de acero, frontera ideológica que dividió Europa tras la II Guerra Mundial. Syldavia es el país occidental; Borduria pertenece al Este, aunque Hergé le da pinceladas comunistas y nazis.En el aeropuerto de la capital de Syldavia, les recoge el servicio secreto, que los conduce a un centro de investigación, donde Tornasol les cuenta que está desarrollando un cohete para viajar a la Luna. Tintín y Haddock son reclutados junto a Tornasol y otro científico, Frank Wolff.

Durante la construcción del cohete, una serie de sabotajes apuntan que hay un traidor. Por fin, llega el lanzamiento. Los astronautas suben a bordo mientras Baxter, director del proyecto, dirige la operación desde el centro de control. El cohete despega, pero conforme sale de la atmósfera, nadie responde a las llamadas desesperadas del centro de control…

Al término de esta aventura, el semanario Tintín inició inmediatamente la serialización del álbum Aterrizaje en la Luna, en el que un traidor y un polizón ponen en peligro a los astronautas.Hergé consultó libros de pioneros como Wernher Von Braun y Hermann Oberth. Vio Con destino a la Luna (Irving Pichel, 1950), que inició la era moderna del cine de ciencia ficción, y La mujer en la Luna (Fritz Lang, 1929), para la que había sido asesor Hermann Oberth.

En 1950, nacieron los Estudios Hergé, un grupo de profesionales que aligeraban trabajo al autor. Destacó entre ellos Bob de Moor, que dibujó las torres de lanzamiento, el asteroide Adonis, los paisajes lunares… y el propio proyectil, convertido en icono de la cultura popular.

El estudio construyó una maqueta del cohete para que De Moor la dibujara y Hergé la presentó para su aprobación a Alexander Ananoff, autor del libro La astronáutica. Como era desmontable, permitía a Bob de Moor saber dónde se encontraban los personajes. El diseño se inspiró en las bombas que los alemanes arrojaron en Inglaterra en la II Guerra Mundial.

La ingravidez la representa Hergé así: cuando el cohete se detiene, deja de tener efecto. La interpretación es incorrecta, aunque con enfoque científico. Hergé da un tono humorístico a los discursos científicos que podrían aburrir al lector: cuando Wolf y Tornasol explican conceptos muy complicados, allí está el capitán Haddock para hacernos sonreír.

La representación de la superficie lunar, la dificultad de movimientos, y la ausencia de sonido están bien representadas, dado que nadie había estado en la Luna. El agua que Tintín descubre en una caverna lunar, fue en su momento motivo de controversia entre los científicos.

Los auténticos cascos llevan un filtro que frena las radiaciones solares, pero Hergé decidió que fuesen transparentes para poder mostrar los rostros y expresiones de los personajes.

Sacar a los protagonistas de la Tierra fue muy atrevido por parte de Hergé, pero también un callejón sin salida. Para mantener su línea, no podrían aparecer alienígenas. En los álbumes que restarían hasta su muerte, Hergé daría a la serie un tono más realista.

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