Luz Gabás. Escritora “Hay que borrar los estigmas con que se marca al mundo rural”

  • Luz Gabás ubica en un pueblo abandonado 'El latido de la tierra', un libro que apuesta por la esperanza.

  • "Con internet, hoy puedes vivir en el campo", dice

Luz Gabás (Monzón, Huesca, 1968). Luz Gabás (Monzón, Huesca, 1968).

Luz Gabás (Monzón, Huesca, 1968). / Juan Carlos Vázquez

"Nadie hablaba de las piedras en Aquilare. La piedra era vida. La piedra era inmortal. Se morían las personas, los animales y las plantas. Las piedras no. Ni siquiera envejecían". Luz Gabás, una de las escritoras más apreciadas por el público desde su debut con Palmeras en la nieve (2012), se acerca ahora a la España vaciada en El latido de la tierra (Planeta), la historia de Alira, una mujer que permanece en la mansión que ha heredado pese a que su entorno ya es sólo un territorio habitado por fantasmas.

–Usted aborda la despoblación del mundo rural, pero frente a quienes se quedan en el lamento usted prefiere ser optimista, ver ese panorama como una oportunidad.

–De acuerdo, se puede hacer antes una elegía, un lamento por lo que se ha perdido. Pero ¿y ahora qué? Ese mundo rural no volverá, nunca será igual, debemos asumirlo. Lo que nosotros conocimos eran los últimos coletazos de unas tradiciones de siglos. Pero yo soy optimista, porque gracias a las nuevas tecnologías hoy puedes estar conectado en el campo. Yo no podría residir donde resido [en Benasque] si no fuera por internet. Hoy hay carreteras y hay autopistas de la información. Nadie desearía volver a las labores del campo tal como eran antes, pero hoy los avances han hecho ese trabajo menos duro. Yo tengo esperanza.

–La novela plantea una pregunta: si las raíces son una suerte o una condena.

–Es la reflexión de la novela, lo que le pasa a la protagonista. Muchas veces son una carga. De hecho, muchas personas dejaron de tomar decisiones en su vida por seguir con esa herencia que habían recibido, que de un modo u otro se les imponía. Pero también ese legado puede ser, es, un orgullo. Mi personaje, Alira, se debate entre esos dos polos, no sabe cómo gestionar esa dualidad. Lo que viene a decir el libro es que o rompes con todo o intentas hacer uso de una gran habilidad emocional para adaptarte a la situación.

"Si hoy quieres vivir en contacto con la naturaleza, el sistema no te lo permite. Hoy ‘Walden’ sería imposible”

–Usted cuenta la llegada al pueblo de Aquilare de una asociación de repobladores. ¿Están surgiendo muchos grupos así para dar vida a esa España vaciada de la que tanto se habla últimamente?

–Hay pocos. El punto más romántico de la novela está aquí, no en la historia de amor: en la pelea del individuo contra el sistema. Los repobladores llegan con mucha ilusión, creen que no están haciendo nada negativo, que están dando vida a un sitio muerto, que no ocupan las casas de nadie sino que van a un pueblo vacío que pertenece al Estado. Pero hoy por hoy, si uno quiere vivir en contacto con la naturaleza, el sistema no te lo permite. Hoy es imposible Walden, el libro de Thoreau: estás atado a tu DNI, a pagar una contribución. A mí lo que plantea este grupo de repobladores me parece hermoso, aunque sea difícil de entender desde un punto de vista legal.

–En El latido de la tierra un grupo de antiguos amigos se reúne y se produce un asesinato. Podría decirse que es como un Los amigos de Peter con cadáver.

–Aquí hay un cadáver y muchos fantasmas. Lo dice la inspectora, Esther: "La cosa va de fantasmas. Pero de los peores, me imagino: los que se llevan dentro". La novela enfrenta constantemente el presente y el pasado. Habla de cómo miramos lo que hemos vivido y lo idealizamos. Yo quiero ir cumpliendo años con la nostalgia justa. Quiero tener el espíritu joven y el alma abierta, para seguir comprendiendo todos los cambios que me van a tocar hasta que me muera. Esta es la filosofía de la novela, por eso creo que es un libro optimista, esperanzador. Parte de un lugar decrépito, pero se produce una transformación.

Luz Gabás. Luz Gabás.

Luz Gabás. / Juan Carlos Vázquez

–Usted vive en Benasque, localidad de la que fue alcaldesa. ¿Cómo ve su entorno?

–El turismo ha salvado muchos valles de la desaparición. Lo más importante es el cambio de discurso. Hay que quitar ese estigma asociado al mundo rural que lo perpetúa como algo negativo, hay que suprimir esa imagen de los habitantes como garrulos, como gente que no se expresa bien. Hace poco hice un reportaje para la televisión aragonesa en la que recorría mis pueblos, y me acompañaba gente que era de allí, de siempre o que se habían instalado. Salía un ganadero joven que había nacido en Benasque, que había ido a la ciudad y había regresado porque quería dedicarse a las vacas. Yo los escuchaba a todos y pensaba en la imagen tan buena dábamos del mundo rural, que es la normal. Tendemos a proyectar en las películas y en los libros unos estereotipos que hacen daño. María Sánchez dice en Tierra de mujeres que en el mundo que se mueve hay mucha gente haciendo cosas. Que igual somos pocos, pero no inferiores.

El latido de la tierra se puede ver como una especie de playlist. Titula cada capítulo con el nombre de una canción de artistas y grupos tan diversos como los Rolling Stones, Elvis Presley, Adele, Metallica o Lady Gaga. Esa música ¿es la banda sonora de su vida?

–No, no exactamente. Esas canciones tenían que cumplir varios requisitos. Que me gustaran mucho, pero también que tuvieran que ver con la acción del capítulo y con las personas que en él aparecen. Y que coincidieran con el tono de ese fragmento: que hay tensión en las páginas, debe haberla en el tema; si esa parte es muy quinqui, porque lo que sucede es tremendo, pega algo como Nina Hagen. Y el libro se abre con una cita estupenda de Nach. Es curioso, ¿no? Una novela que trata sobre el mundo rural, que todo el mundo asocia al pasado, empezando con las frases de un rapero.

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