Rubens y Monteverdi en Mantua | Crítica El triunfo de la música

  • Acantilado publica un ensayo de Hans Ost que profundiza en las relaciones que tuvieron en Mantua dos grandes artistas del XVII, Monteverdi y Rubens

'El consejo de los dioses', lienzo de Rubens que se conserva en el castillo de Praga 'El consejo de los dioses', lienzo de Rubens que se conserva en el castillo de Praga

'El consejo de los dioses', lienzo de Rubens que se conserva en el castillo de Praga / D. S.

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Rubens y Monteverdi coincidieron en la corte mantuana de Vicente I Gonzaga entre 1600 y 1608. En este breve y luminoso ensayo, Hans Ost considera que el joven pintor flamenco asimiló con extrema rapidez los rasgos de la vanguardia artística que se practicaba en Mantua, y que en ello tuvo que ver tanto el encuentro con los monumentales frescos de Giulio Romano como el impacto de la vida teatral cortesana, marcada por el carácter audaz, frívolo, generoso y extravagante del duque.

Rubens y Monteverdi en Mantua Rubens y Monteverdi en Mantua

Rubens y Monteverdi en Mantua

El universo estético de la segunda práctica de Monteverdi, que ponía el énfasis en la representación más vívida posible de las pasiones, estaría detrás del cambio estilístico del pintor, del pudoroso y apolíneo académico formado en Amberes al ardoroso y expresivo artista de sus creaciones italianas. En los bosquejos dejados por Rubens en aquellos años (los de Medea y sus hijos o los de la Santa Cena), Ost encuentra un tratamiento exacerbado y crudo de las pasiones que se corresponde a la perfección con el mismo horizonte mental que estaría detrás de la creación de los Madrigales guerreros y amorosos. Y en esta relación, el camino se trazó desde la música y el teatro a la pintura, pues lo determinante fue, según Ost, "la impresión sensorial que le causó al pintor la música moderna de Monteverdi y la práctica teatral mantuana, lo cual plasmó luego a su manera con los medios del arte pictórico".

Ost está convencido de que la relación entre el pintor y el músico fue tan estrecha que llegaron a colaborar en las producciones teatrales con música que se ofrecieron aquellos años en Mantua, muy especialmente en las dos grandes óperas de 1607 y 1608 (L’Orfeo, Arianna) y en el Ballo delle ingrate, un ballet escrito (como la Arianna) para las ostentosas celebraciones por las bodas entre el príncipe heredero Francisco Gonzaga y Margarita de Saboya, acontecimiento político de primer orden. Pero este profesor de la Universidad de Colonia va aún más allá al aseverar que El consejo de los dioses, lienzo de Rubens datado en 1602 y conservado en el castillo de Praga, adonde llegaría en el mismo siglo XVII, forma parte de la tradición de los telones teatrales pintados, de los cuales sería su muestra más antigua conservada (la única de todo el siglo XVII).

Rubens - Esbozos para la Santa Cena Rubens - Esbozos para la Santa Cena

Rubens - Esbozos para la Santa Cena / D. S.

De forma concisa y lúcida, Ost va descartando todas las antiguas teorías historiográficas sobre el origen y el destino del cuadro, para concluir que tanto los datos conservados como el contexto, la temática, la iconografía representada y la propia composición de la obra apuntan a la tradición de la pintura para teatro, en concreto a la del aulaeum, telón frontal que caía en un foso al iniciarse la representación y se elevaba al final, de lo cual hay suficientes descripciones durante todo el siglo XVI. Ost relaciona también esta práctica con los altares que disponían de mecanismos para rotar la presentación de diversos lienzos, una tradición que cultivaron especialmente los jesuitas y de la que participaría también Rubens tras su vuelta a Amberes.

Tanto la temática olímpica (vinculada a los Gonzaga) de El consejo de los dioses del castillo de Praga como su conocida alegoría musical (Apolo junto a Marsias) y el episodio central de su representación –la eterna disputa entre Juno, la esposa de Júpiter, celosa guardiana de los pactos matrimoniales, y Venus, la lasciva diosa del amor– eran compatibles con el uso del telón para cualquiera de las obras mencionadas (y muchas otras). Lo que sorprende de la obra de Rubens es la calidad técnica y artística de la ejecución para un género en esencia funcional y efímero. Impactado por la excelencia de la música de Monteverdi y el vigor artístico de las representaciones mantuanas, pareciera que el aún joven pintor sólo se sintió satisfecho contribuyendo a la grandeza visual de esas obras con lo mejor de sí mismo.

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