La buhardilla | Crítica Vida de bohemia

  • Siguiendo con la recuperación de su obra, Acantilado publica la primera novela de Danilo Kis, una brillante y extraña narración fragmentaria donde se revela todo su potencial narrativo

Danilo Kis (Subótica, Serbia, 1935-París, 1989). Danilo Kis (Subótica, Serbia, 1935-París, 1989).

Danilo Kis (Subótica, Serbia, 1935-París, 1989).

De Danilo Kis, el escritor serbio de origen judío y húngaro por parte de padre –su madre era montenegrina– y nacionalidad yugoslava hasta que eligió la francesa, al que debemos obras maestras como Una tumba para Boris Davidovich o Enciclopedia de los muertos, admiramos no menos que su gran literatura la contundencia de su impugnación de la intelligentsia que durante décadas calló las atrocidades del socialismo de rostro inhumano, silenció o difamó a los disidentes e incluso se permitió despreciar a los exiliados que como él mismo desde 1979, procedente de una república que no por no alineada era menos arbitraria y despótica que las naciones sometidas a la dominación de la URSS, huyeron de aquellas siniestras dictaduras del centro y el este de Europa, bendecidas por un manto de comprensión entre los gauchistes exquisitos. El hecho increíble de que estos últimos no hayan desaparecido, manteniendo la fea costumbre de cubrir de elogios a los tiranos de otras latitudes, obliga a volver a testimonios como el suyo –véanse los recogidos en Homo poeticus o Lección de anatomía, también disponibles en el catálogo de Acantilado– que han conservado su vigencia como verdaderas cargas de profundidad contra la impostura de los lacayos de salón y su lamentable tibieza frente a las ideologías totalitarias o los regímenes que persiguen y encarcelan a los desafectos.

Otro retrato de Kis, que murió en plena madurez creativa. Otro retrato de Kis, que murió en plena madurez creativa.

Otro retrato de Kis, que murió en plena madurez creativa.

Kis desmonta los tópicos de la bohemia a la vez que le rinde un delicioso homenaje

Doblemente victimizado por el nazismo y el comunismo, Kis expresó en términos muy lúcidos su distancia de todos esos escritores supuestamente comprometidos –miembros de la "desgraciada hermandad literaria" a la que se refiere en una de las conversaciones recogidas en Homo poeticus, donde les imputa "un fraude moral y literario o, en el mejor de los casos, ignorancia"– que hablaban con grandilocuencia de la "necesidad histórica" y el "futuro radiante", desentendiéndose del sufrimiento que provocaban los ideólogos o los funcionarios y ejecutores del terror mientras ellos dictaminaban desde sus confortables tribunas occidentales. Pero el serbio, al contrario que otros autores menos talentosos o más primarios, no hizo contraliteratura política, es decir social-realismo de signo inverso, sino que cultivó una alta forma de denuncia en la que la exigencia formal iba de la mano de una inteligentísima relectura de la tradición desde los relatos bíblicos al experimentalismo de las vanguardias. Narrador heterodoxo y antidogmático, diestro fabulista y obstinado perseguidor de la verdad y la belleza, Kis ha alcanzado con toda justicia la categoría de clásico contemporáneo.

La poética del narrador avanza la potencia y el componente ético de su escritura

Publicada en 1962, La buhardilla fue la primera novela de Kis junto con Salmo 44, aparecida en el mismo año, una obra brillante y extraña donde se prefiguran algunas de las claves de su complejo mundo narrativo. Atribuida por el autor a su personaje el joven Orfeo, que comparte una ruinosa mansarda con su compañero y antagonista Macho Cabrío Sabio (o Embustero) mientras evoca el rastro de su particular Eurídice, la narración avanza por acumulación de fragmentos y manifiesta expresamente su intención paródica o desmitificadora, de hecho lleva el subtítulo original de "Poema satírico", pero parte de su encanto reside en que desmonta los tópicos de la vie de bohème a la vez que le rinde un delicioso homenaje. Que este sea también amargo, un aprendizaje de la decepción que refleja la de Kis como provinciano en la asfixiante ciudad de Titogrado, tiene que ver con el contraste entre las aspiraciones del protagonista –un mundo de exaltación literaria, escarceos galantes, inquietudes cósmicas o ensoñaciones ideales– y su miserable realidad cotidiana, abordada en forma de relato dentro del relato para el que Orfeo se sirve de sus vivencias y de materiales dispersos como un repertorio de cuestiones filosóficas, cartas de amor, sentencias latinas o una carta de vinos. El universo cerrado de la buhardilla es refugio y paraíso artificial, pero afuera está la vida que desmiente o contamina su magia o revela su inanidad o aplasta su candorosa expectativa. Menos preciso y contenido que en las ficciones posteriores de Kis, el trasfondo alegórico y surrealizante avanza una poética en la que, todavía en un sentido más lúdico que dramático, ya se vislumbra la potencia, la profundidad y el componente ético de su escritura.

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