Diez planetas | Crítica La llegada de lo extraño

  • Conjunto de relatos de ciencia-ficción, hay en estos 'Diez planetas' de Yuri Herrera una variada expresión del adanismo, mediante numerosas fórmulas que indican, a un tiempo, su necesidad y su naturaleza quimérica

Imagen del escritor mexicano Yuri Herrera. Imagen del escritor mexicano Yuri Herrera.

Imagen del escritor mexicano Yuri Herrera.

Tres tradiciones convergen en estos Diez planetas de Yuri Herrera, relatos de naturaleza fantástica que se adscriben sin dificultad al género de la ciencia-ficción. A su vez, tales tradiciones podrían resumirse en tres nombres: Lovecraft, Orwel, Borges. Pero también en Machen, Bacon y Mutis. O podrían extraerse de una reiterada exploración del Génesis. Por la primera, asistimos a una inmersión en la Naturaleza, donde el el personaje se reintegra, quizá monstruosamente, a la totalidad, como un Adán devuelto al limo primigenio. Por la segunda, es la amenaza de la distopía quien acucia a unos seres, humanos o no, pero cuya existencia se ve limitada por unas leyes amenazadoras y extrañas. Por la tercera, el terror resulta de una lectura de los viejos mitos del hombre, de los viajes de la Antigüedad y de los mapas que dieron cuenta de ellos, configurando un mundo plano y una oscuridad abisal, más allá de las columnas que lo sustentaron.

Tratándose de un escritor solvente, es obvio que tales aspectos se entrecruzan, rindiendo a una mitología previa, ya señalada. En todos estos relatos, de un modo u otro, no es sólo la percepción del mundo aquello que se ofrece al lector, llevado de la extrañeza. Es también, y acaso principalmente, un adanismo desesperado que participa de la soledad, el tedio y la barbarie. Se trata, en todos ellos, de una forma de regreso, adulterada irremisiblemente, pero que busca, que implora, que alumbra, alguna forma extinta de pureza. Quizá el mejor de todos estos relatos de Herrera sea el que lleva por título Los conspiradores. También El arte de los monstruos, Plano, Anverso y algún otro, algo menos logrado, pero de extraña inspiración, como El cosmonauta. En todos ellos, sobre el homenaje explícito o implícito (Casa tomada es otro buen relato), se ha instalado cierta idea de lo humano como residuo, como parte insustancial de un fabuloso bestiario. En todos ellos, repito, es la humanidad aquello que se vaporiza, como en un crepúsculo cegado por la nieve.

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