Kárate
  • El malagueño perdió la final de kata ante el japonés Ryo Kiyuna, pero ganó una plata inolvidable en la cuna del deporte en el que compite desde los siete años tras tres décadas de esfuerzo

Damián Quintero, subcampeón olímpico

Damián Quintero, con su medalla de plata. Damián Quintero, con su medalla de plata.

Damián Quintero, con su medalla de plata.

Efe

El kárate, un deporte de 100 millones de practicantes federados a lo largo de casi 200 países en el mundo y que nació en la isla de Okinawa en el siglo XIV, da gloria al deporte malagueño en forma de medalla olímpica, en su primera y, hasta el momento, última aparición en el programa, no estará en París'24. Damián Hugo Quintero Capdevila (Buenos Aires, 1984, afincado desde niño en Torremolinos) entra en el olimpo, el selecto club de deportistas que sabe lo que es subir al podio de unos Juegos, el particular Finisterre del deporte, no hay nada más allá. Perdió en la final contra el gran dominador de la especialidad, el imbatible Ryo Kiyuna, en plenitud a sus 31 años. "Es imposible imitar la naturalidad de quien entrena desde los tres años", suele decir Quintero cuando se le pregunta por la dificultad de derrotar a un japonés. Apenas un punto (28.72 y 27.66) separó al malagueño del oro. Pero puede decir orgulloso que es subcampeón olímpico.

El kata, un combate de tres minutos contra cuatro contrincantes imaginarios, es la especialidad en la que Damián Quintero ha hecho fortuna. La inclusión en el programa olímpico multiplicó su dimensión y para ello se preparó el malagueño concienzudamente. Surgido después de la prohibición del uso de armas a los samuráis, desde Okinawa el kárate se extendió siglos más tarde al resto de Japón. Bloqueos, puñetazos, patadas y lanzamientos que se realizan con las manos y los pies. Y de ahí, al resto de mundo, también a un pequeño gimnasio de Torremolinos, el Club Goju-Ryu, actualmente uno de los clubes más laureados de España. Allí llegó el pequeño Damián con sólo siete años, en 1991, después de que la familia se instalara procedente de Argentina. Quintero había ganado una decena de Europeos individuales y por equipos, fue campeón del mundo de 2014, número uno del mundo varias temporadas, ganador de múltiples pruebas de la Premier League y con más de un centenar de medalla internacionales. Pero nada comparable a una medalla olímpica en trascendencia.

La especialidad de la kata consta en una serie de movimientos ofensivos y defensivos dirigidos a un oponente virtual. Hay un centenar distintos reconocidos por la Federación Mundial, cada uno con un grado de dificultad. Y se ejecutan con máxima precisión, los karatekas intentan reproducir los movimientos exactos del catón. Siete jueces valoran la ejecución (se desechan las dos peores y las dos mejores notas), con 70% es para la parte técnica y un 30% para la física. Para hacerse una idea, es una valoración subjetiva como se hace en la gimnasia rítmica o artística o en la natación sincronizada. Puede parecer chocante para el espectador advenedizo, pero hay un proceso de preparación física y mental extremadamente duro. Potencia, flexibilidad y técnica. También una parte de actuación o perfomance, transmitir concentración, gritar adecuadamente, transmitir tensión y credibilidad en ese combate ficticio al que hay que dotar de realidad. La preparación de la prueba incluye detalles tan minuciosos como que los competidores preparan el karategui, su traje, untándole líquidos para que esté terso y el sonido de los movimientos parezca más violento.

Damián Quintero, al acabar una de sus actuaciones. Damián Quintero, al acabar una de sus actuaciones.

Damián Quintero, al acabar una de sus actuaciones. / Miguel Gutiérrez / Efe

En el Nippon Budōkan, el emblemático escenario que ya fue escenario del judo en los Juegos de Tokio'64, Quintero, de 37 años, se plantó en el combate definitivo tras ejecutar tres katas las dos rondas disputadas en la madrugada española. El sorteo fue benévolo con el de Torremolinos gracias a su primer puesto en el ranking olímpico. Quedó encuadrado en el Grupo A, con otros cuatro competidores: Ilja Smorguner (Alemania), Ariel Torres (EEUU), Sayed Mohammed Almosawi(Kuwait) y Heejun Park (Corea del Sur). Y evitó al gran Kiyuna, en el Grupo B junto al turco Ali Sofouglu, verdugo de Quintero en el último Europeo de Croacia, el venezolano Antonio Díaz, que también había derrotado en alguna ocasión a Quintero, y el italiano Mattia Busato como principales contendientes (del segundo al quinto del ranking), además de Wael Shueb, del equipo olímpico de refugiados, y Yi-Ta Wang (Taipei). Un privilegio que se ganó con su constancia el malagueño durante todo este ciclo olímpico. Los ganadores de cada grupo peleaban por el oro mientras que segundo y tercero se cruzaban para dos bronces.

Tras la primera de las rondas, después de la ejecución de dos katas, Damián Quintero lideraba con autoridad con una media de 27.37 (27.34 y 27.40), seguido del estadounidense Torres (26.19) y el surcoreano Park (25.62). Quedaban eliminados el alemán Smorguner (24.56) y el kuwaití Almosawi (24.28). Con firmeza y convicción, el malagueño cumplía lo que, para su jerarquía, era un trámite. En el Grupo B avanzaban Kiyuna (28.33), Sofuoglu (27.14) y Díaz (26.07).

En la fase intermedia, ranking round, cada karateka completaba un kata limpiando puntuaciones anteriores. Y ahí se hacía el corte definitivo para las distintas peleas por las medallas. Quintero volvió a ser primero de su grupo después de ejecutar el Anan Dai y se aseguraba la medalla de plata después de firmar 27.28 (19.18 en parte técnica y 8.10 en física). Por detrás, 26.46 para Torres y 25.98 Park. Al salir el último, Quintero estallaba de júbilo al conocer la nota y saber que pelearía por el oro. Allí le esperaba Ryo Kiyuna, que ganaba su grupo con una gran nota de 28.72, lo que le da evidentemente un favoritismo claro para la final, aunque se parte de cero en la disputa definitiva. Sofuoglu, segundo de ese grupo, mejoraba la nota de Quintero ligeramente (27.32), quedando Díaz tercero (26.28).

La final, ya pasado el mediodía en España, llegó con más de media hora de retraso sobre lo previsto por la dilación en los combates de kumite previos y tras los duelos por las dos medallas de bronce, que ganaron Torres y Sofuoglu. Escogió el kata suparinpei el malagueño, con cinturón rojo, que durante tres minutos ejecutó con convicción en el silencio sepulcral del Nippon Budokan, en la actuación de su vida, la más seguida y la más importancia. Y, a tener de la opinión de las jueces, fue la mejor actuación de Quintero en los cuatro katas de la jornada. 27.66 fue la puntuación que obtuvo. Había que esperar a que Kiyuna, el gran favorito, desplegara sus alas. 28 victorias en 29 competiciones, sólo había perdido una vez ante Quintero en 2018. Y el japonés no falló. También obtuvo un su máxima puntuación, un excelente 28.72. Un punto más que el malagueño. 

Los dos karatekas se fundieron en un abrazo al acabar. Quintero es subcampeón olímpico y el gran Kiyuna le mostró su reverencia. Compitió en unas tablas sagradas para este deporte y estuvo a la altura, aflorando las rutinas de trabajo en la Residencia Blume y las largas estancias en Sierra Nevada más todos años de sacrifico. Y aquellas lecciones en Torremolinos, y las de Miguel Ángel López, su maestro desde 2002. "Estilo de lo duro y lo suave", significa Goju-Ryu, el nombre clásico de su primer gimnasio malagueño. Así actuó Damián Quintero en Tokio, la cuna del kárate, para conquistar una inolvidable medalla olímpica.

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