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La Batalla de Fuentenueva

  • La estampa de los 'cruzados' en Granada evoca otro tiempo, otro deporte

La Batalla de Fuentenueva La Batalla de Fuentenueva

La Batalla de Fuentenueva

La imagen entró en el correo electrónico bien avanzada la tarde del domingo. Al abrir el archivo la estampa evocaba épica, sacrificio y entrega honesta por encima de la adversidad, te retrotraía nostálgicamente a la infancia, a esa época que algunos tuvimos la suerte de vivir en la calle y en la que el deporte lo era todo.

Tres decenas de jugadores embarrados desde las cejas hasta las canillas, luchando todos por eludir el descenso a regional. Cómo no, estamos hablando de rugby, esa disciplina que tiene un prometedor recorrido por delante porque por suerte aún no ha sucumbido a las garras del marketing desbocado.

Rugby en el lodazal, sin excusas ni aditivos, deporte puro en su esencia original

En el cenagal del campo universitario de Fuentenueva, granadinos y almerienses se batían el cobre a brazo partido, con la generosidad de jugar por el orgullo propio. Y lo hacían porque ningún delegado federativo había puesto trabas ni objeciones a que el bote del oval no fuese todo lo limpio que debiera, ni tampoco a que el dorsal de los jugadores se diluyera en el lodazal o a que los aficionados siguieran el espectáculo incomodados por el temporal en las gradas.

Nada de excusas. Deporte puro en su esencia original, sin aditivos. Músculo, táctica, adrenalina y caballerosidad a raudales. El mismo día que los leones perdían en tierras flamencas una ocasión de oro para colarse en el mundial de Japón 20 años después, con escándalo arbitral incluido y dudoso comportamiento hacia el colegiado que había perpetrado la ignominia, los cruzados del URA eludían el descenso directo de forma matemática bajo la tempestad con un corajudo empate.

Al abrir el archivo me asaltaron inevitablemente recuerdos de ese niño de los 80 que lucía un chándal Arkapen dotado de doble pantalón, ambos repletos de zurcidos y remiendos. Ese niño que con la despreocupación lógica de la infancia llegaba a casa enterrado en barro de chapotear en los charcos, al punto de que no había lavadora capaz de arrancar aquellas manchas. Ese niño que tenía a su madre con el corazón en un puño porque cada día llegaba con una cicatriz distinta.

El archivo enviado desde 150 kilómetros de distancia traía consigo una imagen del siglo XIX en pleno siglo XXI que encerraba la respuesta a muchos interrogantes acerca de esta, nuestra profesión. ¿Por qué elegimos el periodismo deportivo?

La cuestión se hace recurrente después de tres lustros sin faltar un fin de semana a la redacción. La respuesta es sencilla, el mismo impulso que mueve a un jugador bajo el barro le hace a otros apasionarse por relatar esas gestas y hazañas. Desde tiempos de Homero ha sido así.

El partido terminó. Granada descendió y Almería se salvó. Los cruzados lo celebraron como la ocasión merecía. En el tercer tiempo todos se estrecharon la mano y unos desearon a otros que el viaje de vuelta fuese cómodo. Los vestuarios quedaron como testigos mudos de la 'Batalla de Fuentenueva'.

Domingo por la tarde. "Gregorio, mira qué fotos", me avisa el compañero Laynez. Hay que escribirse algo, pienso. Algo de otro tiempo, de otro deporte...

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