Árbitro de fútbol

Un silbato de pitido didáctico

Un silbato de pitido didáctico Un silbato de pitido didáctico

Un silbato de pitido didáctico

Pocas veces se leen noticias agradables del colectivo arbitral. Normalmente, suelen abrir las secciones deportivas cuando tienen unos fallos garrafales o si por desgracia, sufren alguna agresión. Sin embargo, la savia nueva que ha entrado entre los que saltan al césped con el silbato llega con ganas de enseñar. Son algo más que jueces, quieren también ser profesores para los más pequeños.

"Mi objetivo, al ser categorías de base, es ayudarles a saber las reglas de juego, corrigiéndoles en las infracciones que cometan. Es algo prioritario cada vez que voy a pitar un partido. Al ser niños, su integridad física es lo más importante. Además, deben de saber los valores del fútbol, como son el compañerismo, el respeto, el fair play, y, sobre todo, disfrutar con el fútbol, que no deja de ser un deporte", explica Alejandro Hernández, un joven de La Mojonera que ingresó en el Colegio de Árbitros en la temporada 2010-11 y que esta temporada va a debutar en Provincial.

Hace unas semanas, en un Vícar-Poli Almería, Alejando fue aplaudido al salir del campo y recibió múltiples piropos en las redes sociales por los padres de ambos equipos. Su arbitraje coge más valor todavía, puesto que los familiares siempre se toman más a pecho los partidos de su hijo. "Es bonito ver que los aficionados hablen bien de los árbitros, ya que sólo nos mencionan cuando ocurren acciones desafortunadas. Yo intento hacer siempre bien las cosas como enseñan en el colegio, es ya de cada uno coger las directrices para arbitrar un encuentro".

Pese a haber conocido la parte más bonita del arbitraje y tratar de llevarla a cabo cada domingo en el partido que le toque pitar, Alejandro reconoce que es un mundo complicado el que le toca vivir cada fin de semana. "No es fácil ser árbitro, además de no estar reconocido como se debería, por la labor que realizamos y ante las situaciones que nos encontramos. Pero también tiene su parte positiva, que es aún más grande. Es muy bonito poder ver el juego y el esfuerzo que hacen los chavales en cada encuentro. Yo los veo crecer como futbolistas y es bonito es que te reconozcan como persona en lugares fuera del terreno de juego", apunta el colegiado, al que se le nota que le encanta el fútbol base: "A todos nos gustan los séniors, pero en las bases te encuentras con situaciones positivas. La inocencia y receptividad de los chavales al jugar no te lo da el sénior, por ejemplo", finaliza.

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