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Fractura letal afición-presidente

  • Donde había análisis hay improvisación, donde había profesionalidad hay compadreo, donde había esfuerzo hay desidia y donde había ambición hay agotamiento

  • Quien no lo vea, está ciego

Alfonso García y Francisco, en la presentación de éste como entrenador del Almería en 2013, rodeado de niños del campus rojiblanco. Eran otros tiempos. Alfonso García y Francisco, en la presentación de éste como entrenador del Almería en 2013, rodeado de niños del campus rojiblanco. Eran otros tiempos.

Alfonso García y Francisco, en la presentación de éste como entrenador del Almería en 2013, rodeado de niños del campus rojiblanco. Eran otros tiempos. / JAVIER ALONSO

Nunca pensé que este lindo periplo iba a acabar así. Desde que Alfonso García se hizo con las riendas de la Unión Deportiva, el mandatario ha recibido numerosos parabienes por parte de la sufrida afición de Almería, que tanto padeció en los años de plomo deportivo, y que vio en el empresario murciano una figura estable, como nunca hubo por estos lares. El respeto y la admiración que se le ha profesado a Alfonso, sobre todo por su empeño de no endeudar al club, fue calando entre abonados y accionistas. Hasta hace pocas fechas, una hipotética encuesta habría ratificado por mayoría su mandato, pese a los devaneos que se atisbaban, pero de un tiempo a esta parte todo ha cambiado. Tanto, que lo que era blanco ahora es negro, y esa mayoría que no quería experimentos con gaseosa, ya no confía en un presidente al que se le ha visto el plumero deportivo. Donde había análisis hay improvisación, donde había esfuerzo hay desidia, donde había profesionalidad hay compadreo y donde había ambición hay agotamiento. Esa fractura entre esa masa fiel que tanto costó fidelizar y la presidencia, ya no tiene vuelta atrás. Lo que debería de haber sido un adiós por todo lo alto, va a convertirse en un suspiro de alivio el día que se anuncie la venta del club. No es un sentir personal, aunque también lo es, sino una realidad a pie de calle. Quien no lo vea es que está ciego o es un pelota de tres al cuarto, que de esos hay alguno que otro. Que me perdone el bueno de Fran Fernández, al que admiro por su templanza a la hora de afrontar una situación tan delicada con el primer equipo y por dejar casi hecho el trabajo que llevó al filial al ascenso a toda una Segunda B, pero me da que su tardía renovación tuvo que ver con el tsunami de seguidores decepcionados que se estaba forjando con inusitada rapidez. Si no, ¿por qué se esperó tanto para llegar a un acuerdo con el técnico almeriense? Como muestra de las numerosas discrepancias, las enfurecidas respuestas de aficionados en el propio Twitter oficial del club a la foto de trabajo del presidente y sus colaboradores, más propia de un documental NODO que de una reunión al uso. Mientras redacto, siento tristeza por un mandatario que lo ha sido todo en la historia del fútbol almeriense, pero llegó el momento de su adiós, porque si no el daño puede ser irreparable. La imagen que se está dando en los últimos días, rayana en lo más grotesco y chabacano, no hace sino ratificar el descontento, campaña, video promocional de abonos y descuento del 2%, incluidos. Deja entrever el presidente que en un futuro desea ver a la UDA en manos de dirigentes serios y con garantía, pero me da que dicha garantía tiene más que ver con la seguridad para sus bolsillos que otra cosa. No dudo de que Almería y la entidad calaron en su corazón, pese a no haberse integrado en la cuidad, pero que no piense que el club es patrimonio suyo, sino que lo es de los almerienses. Alfonso se irá y otros vendrán, pero la entidad seguirá enclava a orillas del Mediterráneo. Alfonso, no lo hagas más doloroso, que hemos vivido hermosos años. Gracias y hasta siempre.

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