El Acta de Vivancos

De la esperanza al sonrojo

  • De la Hoz y Lazo no aportaron nada e hicieron una clara invitación a un Mirandés cohibido hasta ese momento

  • Costas cometió una torpeza injustificable porque su marca ni siquiera iba a rematar de forma franca

Los jugadores se marchan con protestas a Vicandi Garrido Los jugadores se marchan con protestas a Vicandi Garrido

Los jugadores se marchan con protestas a Vicandi Garrido / LFP (Miranda de Ebro)

Todo es posible. Así finalizaba mi anterior misiva tras el choque ante el Alcorcón. Eran momentos de pesimismo y nadie daba un duro por la UDA en ese instante. Seguía creyendo en el ascenso directo, pues los rivales directos no se comen a nadie y el calendario invitaba a confiar en la reacción. Con la destitución de Guti se acrecentó la esperanza de volver a ver a la UDA en lo más alto.

Más de un jugador celebró la marcha del técnico madrileño y en buena lógica habría que pensar en la reconciliación de un vestuario que debía de volver a remar en la misma dirección. Todo ello se confirmó durante los primeros minutos en Anduva, con una disposición táctica interesante, plagada de centrocampistas con la intención de hacer valer una de las virtudes de esta UDA, las transiciones ofensivas.

La consigna era robo y fútbol vertical, con Petrovic cubriendo las espaldas de la defensa y Aguza conectando con los delanteros, en una acertada apuesta por parte del flamante técnico rojiblanco Mario Silva. En Anduva se vio actitud, pero se careció de la aptitud necesaria para aspirar a lo máximo. O sea, todo lo contrario de lo que ocurrió después de la rajada de Guti en Soria, cuando el equipo bajó los brazos de forma descarada.

Me refiero a la falta de aptitud, no porque no se jugara bien ante el Mirandés, sino por la falta de acierto de cara al gol y sobre todo por esos minutos finales que fueron realmente vergonzantes. Antes del desaguisado más bochornoso que recuerdo con un jugador más, el cataclismo se fue fraguando con la salida del terreno de juego de, precisamente, los dos jugadores que proporcionaban el equilibrio necesario para desarbolar a un Mirandés que se vio sorprendido por un adversario inédito.

A partir de ahí se fue desinflando la UDA, que perdió el tempo del partido. De la Hoz y Lazo, los sustitutos de Petrovic y Aguza, no solo no aportaron nada, sino que le hicieron una clara invitación a un Mirandés cohibido hasta ese momento. Como comentó tras el partido Mario Silva, él fue partícipe de los errores que su equipo cometió (no cayó en el error de las críticas de Guti a los suyos), aunque también fue el causante de la buena dinámica inicial.

Capítulo aparte merece el tamo final, porque si la UDA ya era un barco a la deriva sin Petrovic ni Aguza, nadie podría suponer que su rival, al quedarse con un jugador menos, iba a provocar el despropósito de todos los despropósitos. En vez de combinar y contemporizar, los de Mario Silva encaraban el área rival en busca de un tercer gol innecesario para la altura de partido en la que se estaba, con lo que se finalizaba jugada y se le daba una nueva opción de ataque a un Mirandés que se iba creciendo ante la inoperancia de su oponente.

Se concedieron innumerables faltas y córners donde la inferioridad numérica se iguala, y en la última jugada Costas, que parecía otro con respecto al jugador que llegó en invierno, cometió una torpeza injustificable, porque ni siquiera se intuía que su marca fuera a rematar de forma franca. Dos puntos regalados a los rivales directos, a la espera de que numérica y moralmente no afecten en el futuro los más que sonrojantes últimos minutos.

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