Ignacio Osborne Cólogan. Presidente de Osborne y ex presidente del Instituto de Empresa Familiar

"Todos los problemas económicos de España en Andalucía son más agudos"

  • Tras presidir dos años el IEF, insiste en la necesidad de que se valore más el rol social de los empresarios

  • Responsabiliza a la sociedad civil andaluza de que haya poco tejido empresarial

Ignacio Osborne posa en Sevilla, el pasado lunes. Ignacio Osborne posa en Sevilla, el pasado lunes.

Ignacio Osborne posa en Sevilla, el pasado lunes.

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Acaba de ceder el testigo de la dirección del Instituto de la Empresa Familiar (IEF), una entidad que agrupa a las cien empresas de este tipo más grandes de España. En esta entrevista, Ignacio Osborne Cólogan (Tenerife, 1953) analiza cómo ha vivido su mandato y la realidad empresarial de España y Andalucía.

-¿Qué balance hace de sus dos años presidiendo el IEF?

-El resumen de estos dos años es que, desde el punto de vista económico, las empresas del Instituto y de todas las asociaciones territoriales, en general, hemos visto reflejado el mismo escenario macroeconómico, que es un gran crecimiento de las exportaciones. La crisis hizo que estas compañías hiciéramos un replanteamiento de nuestra estrategia y que básicamente se resume en tres cosas: primero, que el desempleo se contuvo muchísimo más en las empresas familiares que en el resto; segundo, que las empresas familiares se concentraron en lo que sabían hacer, y una de las cosas que hicieron fue bajar el endeudamiento, y lo tercero, como resultado de las dos primeras, un crecimiento grandísimo de las exportaciones. Desde el punto de vista político, no han sido los dos años más tranquilos entre los últimos [sonríe] y desde el Instituto hemos mantenido contacto con todos los partidos con representación parlamentaria, pero no cabe duda de que el mensaje que el Instituto ha dado es lo mala que es la incertidumbre y la inestabilidad para la economía.

-Precisamente, en el congreso de Toledo se vivió un momento crucial porque coincidió con el referéndum ilegal en Cataluña y el IEF dio un paso al frente y llamó a la defensa de los valores democráticos. ¿Fue difícil?

-Sí lo fue. Nosotros ponemos las fechas de los congresos con mucha antelación. El de Toledo se inauguraba el domingo 1 de octubre y después se convocó el referéndum ilegal ese mismo día. Todos los asistentes llegaron ese día y, por razones obvias, ni Su Majestad el Rey ni el presidente del Gobierno, ni el jefe de la oposición, Pedro Sánchez, que tenían previsto participar, pudieron asistir. La situación no fue agradable. Porque el centro de la atención mediática e incluso de los participantes en el congreso estaba puesto en Cataluña. En ese momento el Instituto tomó partido por los empresarios y sus familiares. Siempre nos hemos mantenido al margen de los temas puramente políticos. Todas las empresas del IEF tienen sede, clientes, empleados o comercialización en Cataluña, y teníamos que mandar un mensaje de apoyo. Muchas empresas del Instituto son centenarias y han vivido vicisitudes iguales o peores que aquélla.

"Las empresas familiares conservaron más empleo durante la gran recesión que el resto de compañías"

-¿Qué respuesta tuvieron del empresariado catalán?

-Los que estaban en Toledo lo agradecieron mucho. Un porcentaje muy alto de la población, independientemente de que voten una cosa u otra, tiene muy separada estabilidad económica de política. Cuando hay un mensaje de normalidad socioeconómica pues eso se agradece.

-En la asamblea del relevo su sucesor recordó que muchas grandes empresas del IEF fueron un día incipientes, startups, pero muchos emprendedores lanzan un proyecto con la idea de venderlo pronto, cuando el modelo familiar es que perdure.

-El que haya emprendedores y se creen nuevas empresas siempre es bueno. Se crea empleo. Y es la clave del crecimiento y la prosperidad económica. Luego, que el emprendedor que la funda quiera que perdure la compañía, y continúe en su familia, o que prefiera hacer un buen negocio y buscar una concentración en su sector y la compren ha ocurrido siempre. Nuestro modelo es que perduren. Pero en cualquiera de los dos casos se genera empleo. Conozco a varios emprendedores que lo han hecho varias veces y han seguido creando empresas y empleo con los beneficios de esas ventas de empresas.

-Desde el Instituto siempre se han esforzado por defender el papel social que juega el empresario. Y ahora han vuelto a incidir en eso. ¿Les preocupa?

-Una de las tres bases del IEF en sus orígenes era la buena reputación del empresario. Estamos preocupados porque hemos hecho bastante investigación al respecto y vemos que gran parte de la sociedad asocia empresa familiar a una compañía muy muy pequeña y no con algunas que son de gran tamaño, cotizadas y hasta multinacionales. Y esas grandes empresas tiene mala imagen entre la sociedad. Hay una labor grandísima por hacer para que la buena imagen que tiene una empresa cuando nace se mantenga cuando crece y logra su objetivo.

-Hay recurrencia en pedir más empresas y, sobre todo, que las que hay ganen tamaño. ¿Por qué hay tanta micropyme?

-Depende de los sectores. España ha creado grandes multinacionales en infraestructuras, moda o telecomunicaciones. En los sectores que más nos cuesta tener empresas grandes es en los tradicionales, en concreto, en el que está mi compañía, el agroalimentario. Las cifras de exportación del sector son muy buenas pero no hay grandes multinacionales agroalimentarias. Tenemos un ejemplo estupendo con origen andaluz, que es Ebro, y las demás somos a nivel internacional bastante pequeñas. El tamaño es necesario para conseguir estructura y poder competir en otro países.

"Nuestro modelo es que el proyecto perdure, pero también se genera empleo y riqueza si se vende a otro más grande"

-¿Ese problema se agrava en Andalucía?

-Sí. Todos los problemas nacionales, desempleo, renta per cápita, en Andalucía son más agudos. Pero también hay muchas oportunidades. Innovar no es sólo tecnología. En Turismo se está trabajando bien para crear oferta interior, que es la que puede atraer al turista asiático, y se puede crecer mucho en combinación con el agroalimentario. En enoturismo, por ejemplo.

-¿Qué nos falta?

-Yo soy muy crítico con la sociedad civil y no le echo la culpa de esto a las instituciones públicas. Es la sociedad civil y las empresas las que tienen que tirar del carro y que las administraciones nos acompañen. La época de las subvenciones ya ha acabado. No hay por ahí ni patronales pidiéndolas. En el congreso de Coruña preguntamos qué necesitaban las empresas, y salieron tres necesidades agrupadas de dos en dos: formación y personal cualificado, una administración más simple y que dé seguridad jurídica, y una fiscalidad y financiación adecuadas.

-¿Qué le ha aportado presidir el IEF para su tarea de gestor en una empresa centenaria como Osborne?

-Me ha permitido conocer la variedad de empresas familiares que existen, más allá de contactos que ya tenía previamente. En distintos sectores, con distintas culturas familiares y de desarrollo del gobierno corporativo. Este aprendizaje ha sido fundamental.

-¿Cómo afronta Osborne esta incipiente guerra comercial iniciada por EEUU?

-Nosotros lo hemos vivido con Cinco Jotas, por ejemplo, con la entrada de productos a Rusia cuando se implantó el boicot. Ahora entiendo también lo que está sucediendo con la aceituna y el aceite. Es complicado cuando las relaciones políticas entre países repercuten en los negocios. No creo en el proteccionismo. Proteger la economía de un país a base de poner aranceles a la competencia, a la larga, estropea la competitividad interior, porque las compañías nacionales se acostumbran a vivir en un mercado que no es real. Cuando te toca sufrir un arancel fuera pues hay que agudizar el ingenio por necesidad. Nos pasa en Brasil, que es un país en el que es muy difícil importar. Las empresas centenarias hemos vivido situaciones complicadas muchas veces y tenemos que convivir con ello. Otra cosa es que transmitamos a los encargados de esas negociaciones el efecto que medidas así tienen en la economía del país.

-Su compañía tiene la exportación en el ADN...

-Los inicios eran cien por cien hacia afuera, sí [sonríe].

Ignacio Osborne , durante la entrevista. Ignacio Osborne , durante la entrevista.

Ignacio Osborne , durante la entrevista. / Fotos: Juan Carlos Vázquez

-¿Cómo ve que en esta última gran recesión muchas empresas andaluzas se decidieran a salir al exterior?

-Ésa ha sido una consecuencia buenísima de la complicada situación que hemos vivido en España, con una recesión desconocida en la historia moderna. Lo bueno es que la salida al exterior ha llegado para quedarse. Ahora que se está recuperando la economía española las empresas mantienen la apuesta por exportar. Eso es buenísimo. Porque con la recuperación del mercado interior, si mantenemos la tónica de crecimiento exterior, será extraordinario. Vender fuera te hace ver tus marcas y tu facturación de una forma distinta. Lo hemos experimentado en Cinco Jotas, donde exportábamos poco y ahora lo hacemos en la cuarta parte de la producción. Nos ha hecho ver la marca de una forma muy distinta.

-Tuvieron la visión de crecer hacia Asia, y el mercado chino en particular. ¿Qué balance hace de la experiencia de Osborne en China?

-Tuvimos acuerdo societario con Fosun, que duró dos años, que tenía por objeto hacer inversiones inorgánicas de crecimiento que no se concretaron y llegamos al acuerdo de su salida del capital. Pero seguimos con nuestro equipo en China, que está en las oficinas de Fosun, con la que tenemos una muy buena relación. Y aunque no sirvió para la ampliación de capital, sí nos ha servido para entender la cultura asiática y china, que es muy distinta a la española o la europea. El equipo que tenemos allí, salvo en una, son todo personas orientales. Nos ha servido para entender mucho mejor esos mercados y, sobre todo, la mentalidad digital que tiene para crecer en la venta on line, que nos hemos traído al know how de nuestra organización. Ellos nos llevan bastante ventaja en eso.

-¿Y está surtiendo efecto?

-Sí, estamos creciendo mucho. Para Cinco Jotas, China ya es el mercado número uno. Tenemos un acuerdo muy interesante en Filipinas para el brandy y las bebidas espirituosas. El mundo oriental es muy importante para nosotros.

-Muchas empresas familiares andaluzas se han desvinculado de la asociación territorial andaluza. ¿Qué hay que hacer para que se aglutine más la empresa familiar andaluza?

-En Andalucía se exagera todo un poco. El asociacionismo en general ha adolecido de falta de concentración. El tema de la infraestructura tiene bastante que ver. Viajar de Huelva a Almería es más complicado que viajar de Jerez a Fráncfort. Eso ha influido mucho.

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